
Al referirse a la logística del consumo masivo y los desafíos del sector, Roberto comenta que “todo cambió: ahora los pedidos son más chicos, pero mucho más frecuentes”. En un escenario donde los hábitos de compra se transforman y la reposición constante reemplaza al stock tradicional, analiza cómo la planificación, la eficiencia y la tecnología se volvieron esenciales para sostener el ritmo del mercado.
¿Cuál es la actualidad de la logística en el sector del consumo masivo?
Hoy estamos viviendo un cambio de paradigma. El consumidor ya no compra para estoquearse, como antes, sino para reponer lo que usa en el día a día. Eso cambia todo el esquema: los comercios de cercanía tampoco necesitan guardar grandes volúmenes, solo reponen lo que venden semana a semana.
Antes abastecías un local una vez cada diez días. Hoy te piden pedidos más chicos, pero más frecuentes, incluso dos veces por semana. Eso obliga a modificar la planificación y también la estructura del transporte: antes se trabajaba con semis o balancines; ahora con camiones mucho más chicos, de tres o cuatro pallets.
¿Cómo se adaptaron las empresas a este nuevo esquema?
Cambió toda la estructura. Antes necesitabas depósitos grandes para almacenar mercadería y distribuirla de a poco. Hoy los niveles de stock bajaron mucho. Los almacenes que antes estaban llenos ahora tienen ocupaciones del 40% o 50%.
Ya no tiene sentido guardar tanto producto si la reposición es constante. Todo el sistema de almacenamiento se está ajustando a esa nueva dinámica: espacios más chicos, menos stock y mayor rotación.
¿Podríamos decir que el modelo se acerca al “just in time”?
No sé si tanto como un “just in time”, pero sí hacia entregas mucho más frecuentes. El consumo masivo todavía no está tan ajustado como una línea industrial, pero va en ese camino. Ya no abastecés una vez por semana: tenés que entregar más seguido, en volúmenes menores y con una respuesta más rápida.
¿Qué papel cumple la tecnología en este proceso?
Un papel clave. Hoy un almacén que no tiene WMS ni sistemas eficientes está en desventaja. Necesitás herramientas que te permitan preparar y despachar pedidos rápido, asegurar la trazabilidad y evitar errores.
La inteligencia artificial va a potenciar eso. Por ejemplo, te permite identificar combinaciones de productos que suelen pedirse juntos y reorganizar el almacén para optimizar recorridos y tiempos.
También creo que el rol del vendedor va a cambiar. Ya no alcanza con tomar pedidos: el cliente espera asesoramiento, que le aportes valor. El servicio va a estar centrado en entender al cliente y usar los datos para ofrecerle lo que realmente necesita.
¿Cómo impactan estos cambios en los costos logísticos?
El costo logístico tiene que estar directamente relacionado con el nivel de servicio que el cliente espera y está dispuesto a pagar.
Hay consumidores que prefieren pagar más para recibir el producto en la puerta, con un repartidor identificado y una entrega segura. A veces queremos bajar costos al máximo, pero no siempre es lo que el cliente busca.
La clave está en equilibrar eficiencia y servicio: ser competitivos sin perder calidad ni confianza en la entrega.

¿Cómo afecta la competencia de las aplicaciones y los nuevos canales digitales?
Las aplicaciones cambiaron todo. El consumidor ya no busca la experiencia de caminar por un supermercado, sino resolver rápido.
Antes iba a una gran superficie y salía con productos que no tenía previstos; hoy entra a una app, marca lo que necesita y listo.
Eso obliga a las empresas a tener un canal digital propio. Si no lo ocupás vos, lo ocupa otro. Las grandes cadenas ya lo entendieron y tienen secciones de supermercado en sus plataformas. Las distribuidoras y mayoristas también tienen que adaptarse a esa realidad.
¿Qué mensaje les darías a los jóvenes que quieren trabajar en logística?
Que estudien. Yo soy licenciado en logística y creo que eso hace la diferencia. Antes se aprendía desde abajo, empezando en un depósito y creciendo con la experiencia. Hoy necesitás conocimiento técnico, entender por qué se hacen las cosas, no solo cómo.
La logística está en todos lados: desde el proveedor del insumo hasta el consumidor final. Tenés que entender el porqué de cada decisión, desde cómo se carga un camión hasta cómo se arma un pallet o se etiqueta un producto. Es una profesión con muchísimo futuro.
¿Una reflexión final sobre la logística?
La logística es fascinante. Te permite medir, mejorar y ver resultados. Cada rubro tiene su particularidad y eso la hace apasionante.
Además, exige conocimiento, coordinación y eficiencia. Creo que la logística vino para quedarse, y cada vez va a ser más protagonista en la vida de las personas y en la economía.
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