
Liderar operaciones industriales implica coordinar múltiples variables: tiempos, recursos, proveedores y personas. Emmanuel conoce de cerca esa dinámica y, en esta entrevista, comparte sus reflexiones sobre cómo equilibrar la gestión logística y la planificación del abastecimiento para garantizar la continuidad productiva.
¿Cómo describirías la importancia que tiene la logística dentro de las operaciones industriales?
Actualmente estoy a cargo de operaciones en el sector metalúrgico enfocado en la producción de equipos viales. En el área tenemos todo lo que es abastecimiento y producción, incluyendo compras, logística y depósito para alimentar la línea productiva con los materiales necesarios. Además, gestionamos la flota de maquinaria que se utiliza tanto en obras propias como en alquiler. La logística es clave porque nos permite planificar los tiempos de entrega, coordinar recursos y mantener la continuidad productiva.
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¿Cómo se vincula el desempeño logístico con la eficiencia general de las operaciones?
Es fundamental. La logística industrial define los plazos y la capacidad de respuesta. Podés tener todos los materiales, pero si la cadena de suministro no está ordenada, perdés semanas de trabajo. En nuestro caso tratamos de sincronizar producción y abastecimiento para que nada se frene. A veces implica planificar entregas con proveedores locales cada pocos días, en lugar de acumular stock. La clave está en la coordinación y la previsibilidad.
¿Qué tipo de mejoras considerás necesarias para fortalecer esa coordinación?
Más que tecnología —que también ayuda—, lo que necesitamos es mayor previsibilidad. Cuando sabés que los insumos van a estar disponibles y los precios estables, podés planificar rutas, entregas y costos con seguridad. Eso impacta directamente en la productividad. Hoy la variación de precios y la incertidumbre generan un trabajo logístico más artesanal, de día a día.
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¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta el sector desde el punto de vista operativo?
Por un lado, la volatilidad de los costos, tanto en dólares como en pesos. Eso afecta la compra de materiales y la planificación de la producción. Y por otro, la falta de mano de obra especializada, algo que atraviesa a muchas industrias. Logística, soldadura, mantenimiento: todos requieren técnicos formados, y no siempre se consiguen fácilmente.

En relación al abastecimiento, ¿cómo se combinan los insumos nacionales con los importados dentro del proceso productivo?
En lo que respecta a importaciones, hoy el panorama se ha destrabado un poco. Durante un tiempo tuvimos que adaptarnos a lo que se podía conseguir en el país, rediseñando algunos equipos según la disponibilidad local de componentes. Eso nos permitió seguir produciendo sin depender tanto del exterior. También analizamos la posibilidad de importar en volumen, pero la demanda, muy ligada a la obra pública, es fluctuante. No siempre conviene inmovilizar capital o mantener stock, sobre todo cuando los precios en dólares bajan: lo que hoy comprás puede terminar saliéndote más barato después.
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Entonces, ¿el mayor uso de insumos nacionales fue una necesidad coyuntural o una estrategia a largo plazo?
Diría que ambas. Fabricamos la maquinaria completamente dentro del país, desde la parte metalmecánica —corte, plegado y soldadura— hasta el ensamblaje final. Por eso buscamos usar componentes nacionales, no solo para evitar demoras, sino también para garantizar disponibilidad de repuestos. Si fabricás con piezas importadas difíciles de conseguir, después se complica brindar soporte al cliente. La industria metalúrgica argentina tiene capacidad para producir buena parte de los componentes que necesitamos, con buena calidad.
¿Cómo influyen las decisiones gubernamentales en el funcionamiento del sector vial y en la planificación logística?
Nuestro trabajo está muy atado al nivel de inversión en infraestructura. Cuando hay movimiento, se activa todo el circuito: producción, servicios, transporte. Pero cuando el Estado frena la inversión, el efecto es inmediato. Las obras se detienen, la demanda baja y la logística se reconfigura. En esos casos hay que ajustar la escala de producción, priorizar contratos vigentes y optimizar recursos. La gestión logística se vuelve más estratégica, porque tenés que garantizar eficiencia con menos volumen.
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¿Qué aprendizajes deja atravesar escenarios tan cambiantes?
Que la adaptación es fundamental. No podés quedarte con un solo modelo de trabajo. Si cambia la política, los costos o el mercado, tenés que reestructurar rápido. Y eso no solo es operativo, también cultural. Implica que todos los equipos —producción, compras, logística— entiendan que el contexto cambia y que hay que moverse juntos.
Si tuvieras que definir la prioridad actual del área de operaciones, ¿cuál sería?
Mantener la continuidad productiva con eficiencia. Que nada se frene, aunque el entorno cambie. Y eso se logra con una logística bien aceitada, comunicación fluida y planificación constante.
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