
Detrás de cada ascensor instalado hay una cadena de importaciones, certificaciones y decisiones logísticas que el usuario nunca ve. Javier describe esa operación desde adentro: qué se trae de afuera, cómo se certifica y qué pasa cuando algo falla. Todo orientado a un único objetivo: que la obra no se detenga. Como él mismo dice, “atrasar la entrega del ascensor atrasa toda la obra y lo que va detrás de ella”.
¿Cuál es el rol del comercio exterior en la industria de los ascensores?
El comex es central, sobre todo para la importación de insumos. Una parte muy importante son los costos que vienen de China, y también la innovación constante que llega tanto de Asia como de Estados Unidos. Hay muchas máquinas, motores, partes de tableros y todo lo que tiene que ver con los displays que conviene traer de afuera, tanto por precio como, últimamente, también por calidad.
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Además, hay mucha innovación afuera que uno toma para poder aplicarla al mercado local. En algunas cosas, acá estamos bastante atrasados respecto a lo que se usa en otros países. A veces pedimos productos en mercados externos que allá ya no se usan. Y hay una diferencia de escala enorme: el mercado de ascensores en Argentina era de unos 2.000 o 3.000 equipos anuales contra 2 millones en China. Eso también explica por qué el desarrollo es distinto.
¿Qué pasa con las certificaciones cuando se importan componentes de seguridad?
Las certificaciones son bastante importantes en esta industria. La seguridad eléctrica no nos compete totalmente porque el ascensor está exento por superar ciertos KVA. Si bien los elementos importados para venta al público requieren seguridad eléctrica, en nuestro caso hay una excepción porque se trata de un bien mayor que está exceptuado.
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Después están los certificados de seguridad propios del ascensor: el paragolpes, el freno, los cables. Todos esos requieren certificación. Si vienen de afuera, hay que hacer ese proceso con el INTI. Ahora se está permitiendo un poco más si el producto tiene certificados internacionales, pero igual se hace la certificación. Se trae el producto de la fábrica, se hace un análisis, se piden los estándares de calidad y, si el fabricante cumple, se otorga un certificado para importar ese producto de esa fábrica específica.
¿Cómo se maneja el mundo de los repuestos, sobre todo cuando hay productos en circulación que ya no se fabrican en el exterior?
Siempre se trata de ir modernizando. Muchas de las obras son, justamente, modernizaciones. Entonces a veces el repuesto es una sustitución del componente viejo para poner el equipo acorde. Eso pasa con frecuencia.
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Sin embargo, en China se puede conseguir casi todo lo que se importó, salvo modelos demasiado viejos. Siempre tienen algún modelo nuevo que aporta algo extra pero que sigue siendo compatible con las versiones anteriores. Eso facilita bastante la operación.

¿Se da también una importación de servicios en el sector?
En mantenimiento no tanto, pero en obras sí. Cuando se trae algo nuevo, a veces viene gente de la fábrica a capacitar a los técnicos locales sobre cómo usar ese componente, cómo programarlo. Cuando se instala un ascensor hay que programar los pisos, los tiempos, lo que dice el anunciador vocal en caso de que se use. Todo eso es configurable.
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Entonces, cuando se innova y se incorpora algo nuevo, se trae a la gente de la fábrica para que capacite al equipo técnico. Así, cuando hay algún problema, el personal de servicio puede ir y resolverlo sin depender del exterior.
¿Qué elementos son clave para garantizar una buena cadena de abastecimiento en este rubro?
Lo más importante es el tiempo. Cuando se vende un ascensor ya hay un plazo comprometido: la obra tiene una fecha de entrega y hay que cumplirla. Atrasar la entrega del ascensor atrasa toda la obra y lo que va detrás de ella.
Entonces, en cuanto se define el modelo, hay que poder cumplir con esos plazos. Lo que se va a comprar ya está más o menos definido desde que se ofrece el equipo, aunque a veces algo cambia porque se modificaron los espacios o se quiere agregar algún elemento. Pero en líneas generales, además de los costos, lo más crítico es el tiempo. Que no haya atrasos en la entrega para que la obra no se detenga.
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