
La Argentina exportadora vuelve a tomar impulso. En el primer semestre de 2025, los embarques agroindustriales totalizaron 48,4 millones de toneladas, lo que implicó un aumento interanual del 5% y un crecimiento del 18% frente al promedio de los últimos tres años.
Este repunte, impulsado por una cosecha generosa y condiciones comerciales favorables, redefine el mapa logístico del país y plantea nuevos desafíos en la planificación, infraestructura y eficiencia de la cadena de suministro.
El corazón de la operación: el Gran Rosario como hub logístico
El complejo portuario del Gran Rosario consolidó su rol como eje central de la logística agroexportadora argentina. Entre enero y junio, el 64% de los granos partieron desde los puertos del Up-River (departamentos San Lorenzo y Rosario), mientras que en el caso de los subproductos y aceites, esta concentración alcanzó el 97% y el 93%, respectivamente.
La alta participación del Gran Rosario no solo refleja su capacidad instalada para embarques a gran escala, sino también su infraestructura de crushing, almacenamiento y conexión con los principales polos productivos del país. El crecimiento de los envíos en esta primera mitad del año volvió a poner en tensión la necesidad de inversiones sostenidas en vías de acceso, conectividad ferroviaria, dragado y mantenimiento de rutas, esenciales para sostener la competitividad del sistema.
Del campo al mundo: un mapa global en movimiento
Durante este período, los productos argentinos llegaron a 93 países, con una marcada concentración en Asia (48%), seguida por América (20%), África (18%) y Europa (13%). Esta diversificación de destinos exige una planificación logística compleja, tanto en términos de rutas marítimas y tiempos de tránsito, como de regulaciones específicas, certificaciones sanitarias y acuerdos bilaterales.
En el desglose por países, Vietnam lideró como principal receptor de granos y subproductos, mientras que India absorbió más de la mitad del aceite vegetal argentino. En contraste, China redujo un 40% sus importaciones respecto al año anterior, alterando la planificación tradicional de flujos logísticos y forzando una reconfiguración del uso de buques y destinos.

Cambios en la composición exportadora y sus implicancias
El crecimiento de las exportaciones no fue homogéneo. Mientras que trigo, girasol y cebada mostraron subas significativas, productos como la soja y el sorgo registraron caídas. Sin embargo, este descenso fue parcialmente compensado por el incremento en el despacho de subproductos, como pellets y aceites vegetales, lo que refleja una mayor industrialización en origen.
Esta transformación en la matriz exportadora tiene consecuencias logísticas concretas: se requieren infraestructuras distintas para productos a granel que para líquidos, y el traslado de subproductos muchas veces implica condiciones específicas de almacenamiento, inocuidad y control de calidad.
Más volumen, más presión: los desafíos del crecimiento
El aumento de los embarques no solo representa una buena noticia para el comercio exterior argentino, sino que también expone los cuellos de botella de un sistema que requiere mayor previsibilidad y resiliencia. Entre los principales desafíos que enfrenta el sector logístico se destacan:
- Capacidad portuaria y operativa: el crecimiento constante de volúmenes exige maximizar la eficiencia de las terminales y reducir los tiempos de espera.
- Transporte interno desconcentrado: gran parte de los productos se movilizan por camión, con altos costos logísticos y una huella ambiental creciente. Fomentar el ferrocarril y mejorar las rutas secundarias es clave.
- Infraestructura resiliente: el impacto climático, como la bajante del río Paraná en años recientes, obliga a repensar la hidrovía y la infraestructura complementaria.
- Logística internacional inteligente: adaptarse a la dinámica cambiante de la demanda mundial implica mejorar la planificación intermodal, las tecnologías de trazabilidad y la capacidad de respuesta aduanera.
Un sistema en expansión que necesita visión estratégica
El repunte agroexportador argentino es un síntoma de recuperación y, al mismo tiempo, una señal de alerta. Para sostener este crecimiento en el tiempo, será fundamental fortalecer una logística integrada, moderna y competitiva, que articule sector público y privado en torno a objetivos comunes: eficiencia, sostenibilidad y proyección internacional.
La próxima campaña volverá a poner a prueba la capacidad del sistema. La logística ya no puede pensarse como un engranaje invisible detrás del comercio: es un actor central en la capacidad del país para insertarse en el mundo.
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