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Día Mundial de los Faros: por qué siguen siendo importantes para la navegación en la era del GPS

Aunque la navegación moderna depende de satélites y sistemas digitales, estas señales visuales todavía marcan peligros, accesos y puntos de referencia en costas de todo el mundo

Día Mundial de los Faros
Los faros pueden estar atendidos por personal o funcionar automáticamente, aunque la presencia permanente es cada vez menos común (Imagen: Movant Connection)
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En plena era del GPS, las cartas electrónicas y los sistemas digitales, los faros siguen cumpliendo una función concreta en la seguridad marítima. Ya no son la única referencia de una embarcación que se acerca a tierra, pero continúan señalando recaladas, obstáculos, entradas a canales y puntos conocidos para comprobar una posición. La Asociación Internacional de Ayudas a la Navegación Marítima (IALA) mantiene esas funciones entre sus usos actuales.

El 7 de agosto vuelve a poner a estas estructuras en primer plano. La fecha suele difundirse en distintos países como Día Mundial de los Faros, aunque su origen institucional documentado está en Estados Unidos: ese día de 1789 se aprobó una ley federal para sostener faros, balizas, boyas y muelles públicos. Dos siglos después, el Congreso estadounidense designó el 7 de agosto de 1989 como “National Lighthouse Day” y la conmemoración ganó difusión internacional.

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Del fuego a los LED: cómo cambiaron los faros

La historia de los faros acompaña la expansión del comercio marítimo. Durante la Antigüedad, las señales costeras podían consistir en fuegos encendidos en puntos elevados. La Torre de Hércules, en La Coruña, muestra la continuidad de esa función: construida por los romanos hacia fines del siglo I, es el único faro romano completamente conservado que todavía se utiliza para señalización marítima, según la UNESCO.

Durante siglos, el desafío fue lograr que una fuente de luz pudiera verse desde cada vez más lejos. Primero se utilizaron distintos combustibles y reflectores; el gran salto llegó en la década de 1820 con la lente de Fresnel, compuesta por secciones de vidrio capaces de concentrar la luz en un haz mucho más potente. En 1823, el desarrollo fue probado en el faro francés de Cordouan.

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La evolución continuó con la electricidad, los mecanismos de rotación y, más tarde, la automatización. Hoy numerosos faros utilizan tecnologías como LED, energía solar y monitoreo remoto. La IALA señala que pueden estar atendidos por personal o funcionar automáticamente, aunque la presencia permanente es cada vez menos común. En Escocia, por ejemplo, el proceso de automatización se completó en 1998, cuando Fair Isle South dejó de estar tripulado.

Eso no volvió inútiles a las torres. Un faro sigue siendo una referencia física visible de noche y, por su estructura, también de día. Su luz puede presentar una secuencia característica que permite identificarla. En la navegación actual convive con boyas, balizas, radar, cartas y posicionamiento satelital, como una pieza más de una red de seguridad mucho más amplia.

Faro Año Nuevo
Entre los casos más llamativos en Argentina está el Faro Año Nuevo, en la isla Observatorio, Tierra del Fuego. Su luz se encendió por primera vez en 1902 y reemplazó al Faro de San Juan de Salvamento, conocido como el Faro del Fin del Mundo (Foto: Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos)

Cómo es vivir y trabajar lejos de la costa

La imagen del farero aislado tiene una base real. Históricamente, quienes trabajaban en estas estaciones debían vigilar de noche que la luz y las señales de niebla funcionaran correctamente; durante el día limpiaban ópticas, pintaban y reparaban instalaciones. En los faros levantados sobre rocas o islas, las dotaciones podían depender de relevos y abastecimientos realizados por mar.

La automatización redujo mucho ese tipo de trabajo, pero no lo eliminó. Cordouan, situado en el Atlántico a unos siete kilómetros de la costa francesa, continúa siendo el último faro con guardianes de Francia. Está en servicio desde hace más de cuatro siglos, integra el Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2021 y mantiene personal dedicado a su cuidado.

El aislamiento también transforma el mantenimiento en un desafío logístico. En Cordouan, por ejemplo, trabajos de conservación requirieron trasladar materiales y operarios por barco y helicóptero, mientras que las condiciones meteorológicas llegaron a impedir algunos relevos. En un faro remoto hay que prever herramientas, repuestos, energía, alimentos y ventanas climáticas para intervenir.

Los faros argentinos y una función que sigue vigente

En Argentina, el Servicio de Hidrografía Naval mantiene sistemas de ayudas que incluyen cartas náuticas, radioayudas, avisos a los navegantes, balizamiento y una Lista de Faros y Señales Marítimas. Desde 2025, además, las publicaciones náuticas oficiales avanzan hacia formatos digitales, una muestra de cómo las señales físicas conviven con herramientas tecnológicas.

Entre los casos más llamativos está el Faro Año Nuevo, en la isla Observatorio, Tierra del Fuego. Su luz se encendió por primera vez en 1902 y reemplazó al Faro de San Juan de Salvamento, conocido como el Faro del Fin del Mundo. La instalación quedó vinculada a la navegación del Atlántico Sur y al apoyo de expediciones antárticas, en un entorno insular donde la distancia condiciona cualquier operación.

También está el Faro Río Negro, en la desembocadura del río homónimo, cuya luz funciona desde 1887. La información oficial señala que conserva una casa habitación y presencia de torreros, además de una óptica con un alcance nominal de 32 millas náuticas. Es una infraestructura que combina patrimonio histórico y servicio para la navegación.

Los faros ya no son la tecnología dominante del puente de mando, pero tampoco quedaron reducidos a postales. Su valor actual está en ofrecer una referencia física, reconocible y estable dentro de un sistema mucho más amplio de seguridad. En un transporte marítimo cada vez más digitalizado, sus luces continúan marcando costas, peligros y rutas navegables.

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