
“Se pensó al ferrocarril como enemigo del camión, cuando en realidad deberían ser aliados”, plantea Gustavo. Sostiene que esa mirada fragmentada es el motivo de muchas de las ineficiencias del sistema logístico actual, y plantea la necesidad de una integración que permita potenciar el comercio exterior del país.
¿Cómo se trabaja desde la consultoría para acompañar a las empresas en sus relaciones comerciales con el mundo?
Desde hace décadas trabajamos con el modelo de tercerización del comercio exterior. Entendimos que las compañías, ante tantos cambios normativos, no podían tener un staff interno lo suficientemente flexible. Por eso desarrollamos modelos de outsourcing, donde armamos departamentos de comercio exterior gestionados por personal externo.
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Eso permite que las empresas se concentren en su actividad principal, mientras el operador asume la responsabilidad por la continuidad del servicio. De esta forma se convierten en alianzas estratégicas.
¿Cuál es tu mirada sobre el estado actual del comercio exterior argentino?
El comercio exterior en Argentina está en un gran problema, especialmente si nos focalizamos en los negocios de exportación, ya que por costos y distorsiones logísticas, muchas operaciones son inviables. Aun dejando de lado el tipo de cambio, los números están muy apretados.
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Argentina supo tener un sistema logístico ferroviario muy desarrollado, con trenes que conectaban el país con Bolivia, Paraguay y Brasil, y una red que llegaba hasta el centro de la ciudad. Sin embargo, eso hoy está degradado, con vías bloqueadas por asentamientos y tierras de altísimo valor logístico subutilizadas.
En su momento, el puerto de Buenos Aires fue el mejor de Sudamérica, con exclusas, vías férreas y depósitos integrados. Hoy esa infraestructura está casi desmantelada. Uno de los problemas fue que se pensó al ferrocarril como enemigo del camión, cuando en realidad deberían ser aliados. En Europa o Estados Unidos, los camiones montan sus trailers en trenes, logrando eficiencia en costos y tiempos. Esa integración es fundamental si se quiere duplicar o triplicar el volumen de comercio exterior.
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¿Cuáles son las barreras logísticas que impiden exportar más?
Es central revitalizar el ferrocarril. Hay líneas abandonadas, se ven como montículos de tierra en el campo bajo los cuales están las vías ferroviarias. Se cerraron redes como el Ferrocarril Provincial que conectaban todo el conurbano. Eso distorsiona completamente la logística. Además, Argentina está alejada de los grandes mercados del hemisferio norte, con lo cual el flete internacional ya parte de un costo alto. Si a eso se suma un costo logístico interno también elevado, es difícil competir.
No hay rutas suficientes para sostener un crecimiento del comercio exterior, pero las vías férreas existen, hay que volverlas operativas. El camión debería hacer tramos cortos hasta puntos logísticos donde se cargue al tren, como ocurre en países desarrollados. Eso reduce horas de trabajo para el chofer, mejora la eficiencia y genera un sistema sustentable.
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¿Cómo impactan las innovaciones tecnológicas y las nuevas generaciones en esta profesión?
Hoy hay una nueva dinámica. Muchos jóvenes no quieren estar en oficinas, prefieren modelos virtuales o híbridos. Las formas de comunicación cambiaron, ya nadie usa las líneas fijas. Se trabaja por WhatsApp, desde cualquier lugar del mundo. Nosotros tenemos ex empleados que trabajan desde Roma o Estados Unidos.
Esa velocidad y esa adaptabilidad son parte del nuevo perfil profesional. Hay rotación constante, búsqueda de superación y un entorno que cambia todo el tiempo. El desafío es acompañar ese ritmo sin perder profundidad.
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¿Sobre qué ejes creés que se podría avanzar para lograr un sistema logístico más eficiente en Argentina?
La clave está en pensar la logística como una red integrada. Es urgente revitalizar el ferrocarril, recuperar las líneas abandonadas y conectar nodos productivos con puertos a través de una articulación inteligente entre trenes y camiones.
Argentina necesita un sistema que potencie su perfil exportador y que reduzca el peso logístico en los costos de producción. Pero más allá de la infraestructura, el futuro se juega también en lo humano: en profesionales capaces de leer el cambio, consumidores conscientes del impacto de sus decisiones, y empresas que entiendan que la colaboración es más poderosa que la competencia. De esa manera, la logística puede transformarse en un importante motor de desarrollo para el país.
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