
La falta de sueño “tiene impacto directo en la productividad, los accidentes laborales y el ausentismo”, advierte Diego. Desde su experiencia como investigador, remarca la necesidad de conocer y gestionar correctamente nuestros ritmos biológicos. Dormir no es solo cuestión de salud, también afecta a la productividad y la economía.
¿Cuál es el vínculo entre la ciencia y el comercio exterior?
La actividad científica está completamente globalizada. Ya no existe ese científico o científica que trabaja en solitario con una idea genial, un cuaderno y un pizarrón. La ciencia contemporánea requiere de una logística muy compleja que a veces damos por sentada. Detrás de cada experimento, cada publicación y cada proyecto hay una estructura logística sin la cual todo eso no podría sostenerse.
En los laboratorios, por ejemplo, se necesitan kits, reactivos, aparatos y materiales de uso diario que en su mayoría provienen del exterior. La ciencia depende directamente del comercio internacional. Y al mismo tiempo, muchas veces nos encontramos con trabas burocráticas y financieras que obstaculizan esa importación. Desde el sistema científico se aboga por un tratamiento preferencial en esos procesos, justamente porque no tienen fines de lucro, sino que buscan generar conocimiento. La ciencia también es parte de ese sistema logístico y comercial globalizado.
¿Por qué decís que la logística es el esqueleto de la ciencia?
Porque la logística, el transporte, la seguridad y la organización de los recursos conforman una estructura muchas veces invisibilizada, pero absolutamente esencial. Cuando falla, recién ahí nos damos cuenta de su importancia. Nos encontramos con que no podemos avanzar en un experimento, o no llega un insumo, o se frena una publicación por una traba administrativa. Esa falla nos obliga a ver todo lo que tuvo que ocurrir para que ese proceso se diera normalmente.
Es como la salud: no valoramos su presencia hasta que la perdemos. La logística es el andamiaje silencioso que sostiene cualquier sistema complejo. Y la ciencia es uno de esos sistemas. Si esa estructura no está bien organizada, cualquier falla puede generar un efecto dominó. Por eso es tan importante pensar la ciencia también desde su costado logístico.
¿Cómo impactan los ritmos biológicos en el sector logístico?
Yo me dedico a la cronobiología, que es la ciencia que estudia los relojes biológicos. Todos tenemos un pedacito de cerebro que mide el tiempo y le dice al cuerpo qué hora es. Como organismos diurnos, deberíamos estar activos durante el día y descansar durante la noche. Pero la sociedad contemporánea, que funciona las 24 horas, va en contra de ese mandato biológico. Eso tiene consecuencias.
El trabajo nocturno, los turnos rotativos, los viajes extensos y las jornadas prolongadas afectan la salud, la productividad y la calidad de vida. No se trata de eliminar esas modalidades, porque son necesarias, sino de mitigarlas. Desde la ciencia podemos ofrecer recomendaciones, diseños de turnos, consejos sobre iluminación, alimentación y descanso, siempre orientados a mejorar el bienestar de quienes trabajan en condiciones que desafían su reloj interno.
¿Por qué decís que el sueño también es un tema económico?
Porque dormir bien no es solo una cuestión de salud, también tiene impacto directo en la productividad, los accidentes laborales y el ausentismo. En un estudio reciente, calculamos que los trastornos del sueño le cuestan a la Argentina alrededor del 1,3% del PBI. Eso es muchísimo.
Un buen ciclo de sueño y vigilia permite que las personas trabajen mejor, cometan menos errores y tengan mejor estado de ánimo. Por eso hablamos de incorporar la cronobiología en la planificación logística, sobre todo en sectores con jornadas nocturnas o rotativas. Saber qué hacer con la luz, cómo diseñar los turnos o cómo organizar los tiempos de descanso puede marcar una gran diferencia, incluso en términos económicos.
¿Qué se puede hacer para cuidar a quienes transportan y trabajan de noche?
Trabajamos mucho con el sector transportista. Los camioneros, por ejemplo, tienen jornadas muy largas y monótonas, lo que favorece la fatiga. Y la fatiga al volante es un riesgo muy grave. A diferencia del alcohol, no hay un test claro y accesible que permita detectar el cansancio de un conductor. Debería existir algo similar a la alcoholemia, pero para medir la fatiga. Eso podría salvar muchas vidas.
También se puede trabajar sobre el diseño de las cabinas, la iluminación, los tiempos de descanso y la concientización. No se trata de recurrir a fármacos para dormir o para mantenerse despierto, sino de entender el sueño como una necesidad fisiológica. Hay que educar sobre la importancia del descanso, y diseñar condiciones laborales más humanas y sostenibles.

¿La aviación enfrenta los mismos problemas?
Incluso peores. Los pilotos no solo enfrentan jornadas extensas, sino que además atraviesan husos horarios. Cuando llegan a destino, su reloj biológico está completamente desfasado y no tienen el tiempo necesario para adaptarse. Este desgaste crónico tiene consecuencias en la salud.
De hecho, el trabajo en turnos rotativos fue considerado por la OMS como un posible factor de riesgo para el cáncer. La alteración constante de los ritmos biológicos afecta el sueño, la alimentación y la exposición a la luz, sumando factores que pueden derivar en enfermedades graves. Por eso es fundamental que estas profesiones reciban acompañamiento científico para minimizar riesgos y mejorar la calidad de vida.
¿Cómo podemos prepararnos para los cambios que trae la innovación?
Todavía no entendemos del todo cómo funciona la mente. Sabemos que el cerebro es una máquina compleja y adaptativa. Para mantenerlo activo y flexible, lo mejor que podemos hacer es movernos. El ejercicio físico moderado es lo único que ha demostrado enlentecer el deterioro cognitivo.
La creatividad, la innovación y la capacidad de adaptación requieren pasión y también disrupción. Hay que obsesionarse con algo, trabajar intensamente y, en algún momento, soltarse. Hacer otra cosa. Esa combinación permite que surjan ideas nuevas. Frente a los avances de la inteligencia artificial, lo importante es seguir siendo los protagonistas, no dejar que las máquinas decidan por nosotros.
¿Qué lugar debería ocupar la ciencia del sueño en el mundo logístico?
Un lugar central. El sector logístico no se detiene, opera las 24 horas. Esto implica una tensión permanente con los ritmos biológicos. Por eso es fundamental que incorporemos los hallazgos de la cronobiología en toda la cadena logística. Hay que acompañar a quienes trabajan de noche, pero también a quienes lo hacen de día y pueden venir con sueño acumulado.
Tenemos que dejar de pensar que el sueño es un lujo. Es una necesidad. Y su cuidado puede tener un impacto directo en la seguridad, la productividad y la salud de miles de personas que sostienen con su trabajo el funcionamiento del sistema logístico.
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