
“La transformación no es opcional: si no te subís a esta ola, te pasa por encima”, afirma Facundo. Y para subirse a esa ola no es necesario contar con estructuras científicas propias: toda empresa puede explorar este universo de posibilidades que trae consigo el desarrollo del poder computacional cuántico.
¿Qué es la computación cuántica y en qué se diferencia de la tradicional?
La computación cuántica es un nuevo paradigma computacional que, a diferencia de la computación clásica que trabaja con bits, utiliza qubits. Estos qubits funcionan con partículas subatómicas que tienen propiedades particulares como la superposición y el entrelazamiento cuántico. Lo más fascinante es que estas partículas pueden estar en múltiples estados al mismo tiempo, lo que permite explorar múltiples soluciones simultáneamente.
Esto le otorga a la computación cuántica una ventaja significativa frente al enfoque clásico, que debe analizar cada posibilidad una por una. Por ejemplo, ante un laberinto, la computación tradicional probaría cada camino hasta dar con la salida; en cambio, la cuántica los evalúa todos a la vez y selecciona el más prometedor. Esto la vuelve especialmente potente para simular escenarios complejos y resolver problemas con grandes volúmenes de datos.
¿Qué impacto puede tener en industrias concretas y en las cadenas de suministro?
El potencial es inmenso. Ya se están viendo aplicaciones en sectores como la medicina, con la posibilidad de modelar nuevas drogas y avanzar hacia una medicina personalizada y predictiva. En el ámbito financiero, permite optimizar portafolios y modelos de riesgo. En la industria de materiales y la exploración espacial, ofrece herramientas para simular estructuras complejas y planificar rutas dinámicas.
Ahora bien, en el ámbito logístico y del comercio exterior, la computación cuántica podría revolucionar las cadenas de suministro. No solo por su capacidad de analizar variables tradicionales –como tiempos, distancias o consumo energético–, sino por su potencial para integrar factores adicionales como el clima o los precios internacionales. Todo esto bajo un modelo probabilístico que permite proyectar distintos escenarios futuros y optimizar decisiones con una precisión inédita.
¿Cómo se está desarrollando esta tecnología a nivel global?
Estamos frente a una carrera geopolítica. Gobiernos de todo el mundo están invirtiendo fuertemente en computación cuántica, conscientes de su impacto potencial en inteligencia, defensa y economía. Ya se habla de supremacía cuántica, que se alcanzaría con computadoras de un millón de qubits. Hoy, los desarrollos más avanzados están entre los 100 y 300 qubits, y no hay un estándar definido.
Más allá de ese umbral, ya existe lo que se conoce como “ventaja cuántica”, que implica aprovechar esta tecnología aún antes de que alcance su máxima madurez. Incluso en América Latina, hay empresas que están comenzando a explorar su potencial con resultados muy prometedores, capaces de transformar negocios e industrias completas.
¿Qué se necesita para acceder a la computación cuántica?
Hoy, una computadora cuántica sigue siendo una estructura compleja, con tubos y sistemas de refrigeración extremos para estabilizar las partículas. Pero lo interesante es que no hace falta tener una de estas máquinas para utilizarla. Ya existen plataformas en la nube que permiten acceder a su capacidad computacional desde una computadora tradicional. Incluso se puede programar en lenguajes conocidos y correr los algoritmos de forma remota.
Esto democratiza el acceso y permite que más personas e industrias empiecen a experimentar con soluciones concretas, sin necesidad de una infraestructura científica propia.

¿Está Argentina preparada para esta revolución tecnológica?
Desde el punto de vista social y mental, no estamos del todo preparados. Y eso incluye a quienes trabajamos en tecnología todos los días. El cambio que se avecina es tan profundo –curar enfermedades, generar nuevas formas de energía, expandir la vida– que cuesta dimensionarlo. Sin embargo, al haber una inmadurez a nivel global existe una ventana de oportunidad.
Argentina tiene talento. Contamos con desarrolladores reconocidos internacionalmente y una comunidad científica sólida. Lo que falta es unir ambos mundos: ciencia y negocio, algo que históricamente se ha desarrollado por caminos paralelos. Hoy, esa colaboración es indispensable, porque la computación cuántica exige tanto conocimiento científico como visión emprendedora. Es una oportunidad única para posicionarnos desde el inicio.
¿Qué rol puede jugar la región en esta carrera tecnológica?
Tenemos una ventaja estratégica. América Latina, y Argentina en particular, es una región sin conflictos bélicos, con diversidad climática y capital humano de calidad. Si sumamos nuestras capacidades científicas, la creatividad emprendedora y un enfoque colaborativo, podríamos no solo participar, sino liderar el desarrollo de esta nueva era.
De hecho, estamos impulsando la creación de un ecosistema regional con acceso a computadoras cuánticas de más de 100 qubits, para que programadores, científicos y empresas puedan empezar a generar soluciones locales sin esperar que las importen desde el exterior. Es un llamado a la acción: si nos organizamos, podemos ser protagonistas.
¿Qué recomendarías a aquellos agentes de logística o comercio exterior que empiezan a introducirse en estos temas?
Lo primero es perderle el miedo. No hay que ser un genio para empezar a experimentar. Se puede comenzar en pequeño, con pruebas de concepto, y aprender en el camino. Pero lo más importante es entender que la transformación no es opcional: si no te subís a esta ola, te pasa por encima.
El riesgo de no hacer nada es mayor que el de equivocarse probando. Y en una tecnología inmadura como esta, los pioneros tienen una ventaja enorme. Especialmente en sectores como la logística, donde el potencial de optimización es tan alto, animarse a explorar ahora puede marcar la diferencia entre liderar el futuro o quedarse atrás.
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