Cuando el contexto global corta el suministro: logística e importación en la industria del gas

Marcelo Galvagno, analista de comercio exterior en una empresa fabricante de válvulas esféricas para la industria del gas, explica cómo la geopolítica reescribe las reglas del abastecimiento industrial

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Marcelo Calvagno
Marcelo Galvagno es analista de comercio exterior en una empresa fabricante de válvulas esféricas para la industria del gas (Foto: Movant Connection)

“Todo tiene que estar pensado y diagramado de antemano”. Con esa premisa, Marcelo recorre los efectos que los conflictos geopolíticos globales generan sobre la logística de importación de insumos críticos para la industria del gas y cómo las empresas del sector rediseñan su estrategia de abastecimiento para no parar la producción.

¿Cuál es la situación del sector en este momento?

El sector no está ajeno a lo que sucede en el resto del mundo. Hasta hace poco, los proveedores estaban asignados, los precios de flete estaban definidos para cada destino y la producción podía planificarse con insumos asegurados en cantidad ilimitada.

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Con el estallido del conflicto entre Irán y Estados Unidos, algunos fletes se encarecieron y ciertos materiales clave directamente dejaron de estar disponibles. Insumos y aleaciones que antes se conseguían de China, por ejemplo, quedaron retenidos. China, como único proveedor de esa aleación, optó por no venderla en lugar de cobrar cinco, seis o siete veces más.

Eso cambia toda la cadena de aprovisionamiento. El departamento de abastecimiento tiene que salir a reemplazar, en calidad y cantidad, un elemento escaso a nivel mundial: el material que se usa para recubrir las esferas de las válvulas.

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¿Qué hace tan crítico ese insumo?

Las esferas, en general, son de acero inoxidable y llevan recubrimientos de níquel o tungsteno, que evitan que el fluido erosione u oxide el interior de la válvula. Es un bien escaso: muy pocos países lo pueden proveer.

Dos de los principales proveedores están en guerra: Rusia, gran productor de ese tipo de aleaciones, tiene sus propias necesidades. Y el mercado europeo también lo está retirando del comercio, porque lo necesitan para armamentos. Entonces, el que lo necesita para fabricar válvulas queda involucrado en el problema sin quererlo.

Por suerte, en este caso se consiguió un sustituto. No al precio de mercado que debería ser, pero al menos está disponible. Eso genera todo un recambio logístico, de valores y de costos que después impacta en el precio final del producto.

¿Cómo se diseña la estrategia logística de importación en este contexto?

La logística cumple un papel fundamental, porque depende de la estrategia que elija cada empresa. Se puede traer una parte específica para una orden de compra exclusiva, o se puede decidir traer más y cubrirse. Ahí la logística cambia completamente: no es lo mismo traer 500 kilos que gestionar un contenedor completo.

Una pequeña cantidad se puede traer por vía aérea para cumplir con un pedido urgente. Pero cuando se elige una estrategia de cobertura mayor, aparece la opción de la zona franca: en lugar de pagar la nacionalización de todo de entrada, se retira solo lo que se necesita en cada momento y se pagan los derechos en ese instante.

Hoy la logística permite traer materiales por Buenos Aires o, alternativamente, por el Pacífico hasta Chile y desde ahí a las zonas francas de Neuquén. Para quienes tienen clientes en Vaca Muerta, esa doble vía ayuda a descomprimir el flete terrestre y a diversificar el riesgo.

Zona Franca
Marcelo explica la ventaja de las zonas francas: "en lugar de pagar la nacionalización de todo de entrada, se retira solo lo que se necesita en cada momento y se pagan los derechos en ese instante" (Foto: Shutterstock)

¿Qué variables hay que contemplar para que esa estrategia funcione?

Son muchas, y algunas son ajenas al control de las empresas. El año lunar chino, por ejemplo: las cargas que vienen en octubre y noviembre quedan varadas en el puerto de Santos, en Brasil, hasta 15 días. Lo que uno pensaba tener en Buenos Aires en noviembre o diciembre se altera. Eso solo la experiencia te lo enseña.

El clima en el sur es otra variable. El cruce cordillerano puede complicarse en invierno, los costos suben, la estadía de los camiones impacta, y la línea de producción se altera. Lo que se pensaba facturar ese mes ya no está disponible porque el material no llega para fabricar.

Todo tiene que estar pensado, diagramado y estudiado de antemano. Y no todas las empresas pueden hacerlo: hay quienes tienen el capital pero no el espacio para almacenar. Ahí es donde el juego de las zonas francas cobra otro sentido.

¿Cómo ves el potencial de crecimiento del sector en Argentina?

El incremento en los últimos dos años fue notorio, con obras puntuales que se fueron realizando. Pero Argentina todavía no hizo ni el 5% de todo lo que le queda por delante. Es vista como una potencia futura: no hay muchos lugares en el mundo con las reservas que tiene Vaca Muerta.

Con medidas adecuadas y un foco bien direccionado, esto puede generar puestos de trabajo en toda la cadena logística y una fuente de ingresos enorme para la balanza comercial. Hoy apenas alcanza para abastecer el mercado interno, y el mundo lo está pidiendo.

Hay proyectos concretos: revertir el gasoducto por el que Bolivia nos enviaba gas para mandarlo ahora al norte, abastecer a Bolivia y, cruzando Iguazú, llegar a Brasil. El potencial de lo que hay para exportar es enorme. El desafío es acelerarlo.

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