Cuando era niño y mis padres me alertaban sobre una situación, claramente les hacia caso, porque sabía que el peligro estaba cerca. Mas allá de ser una creencia histórica, fue sobre los pilares que crecí en mi niñez. La autoridad que eran nuestros padres, nos cuidaban a veces hasta de más.

En estos últimos días, todos observamos cómo nuestra sociedad comenzaba a colapsar, no solamente por el miedo al virus, sino a los impulsos automáticos de desobedecer a la ley y de trasgredir.

Unos tomamos el camino del resguardo social y otros se atrevieron a más y salieron a manifestarse, a mostrar que nadie puede bajarles línea. ¿Qué nos sucede a los argentinos?

Creo que a todos nos gusta festejar, salir, bailar o juntarnos con amigos y familiares. Tenemos que pensar, qué pasa por el corazón de estos compatriotas. Y digo corazón y no cabeza, porque creo que es una cuestión más emocional que racional.

Esta parte de la sociedad algo reclama, necesita imperiosamente ser reconocida en algo ¿necesita tal vez que se les preste más atención? Puede ser y seguramente lo podría analizar cualquier psicoanalista.

Pero lo cierto es que a veces hay que dejar de lado estos egos personales, para volver a ser un humano social, una persona que no solamente piensa en sí mismo, sino en los demás, en su prójimo como dicen las escrituras.

Toda la población está en alerta y con miedo seguramente, pero lo que en estos tiempos necesitamos es estar conectados en el inconsciente colectivo, no llenándolo de terror, sino pensando y ayudando para que nuestros profesionales de la salud, como los médicos, enfermeros, técnicos, personal de limpieza, camilleros, administrativos y farmacéuticos de toda la Républica Argentina puedan logran el mejor de los éxitos, porque si ellos fracasan imagínense que nos pasaría a todos nosotros. Hoy es más importante un enfermero/a que un futbolista.

Controlemos las emociones y pensemos que juntos podemos salir de este escenario donde todos somos actores importantes.

* Director Diario Cronica