Un hombre con barbijo compra en un supermercado mientras los habitantes comienzan a acopiar alimentos tras el brote de coronavirus, en Buenos Aires, Argentina, el 15 de marzo de 2020. REUTERS/Agustin Marcarian
Un hombre con barbijo compra en un supermercado mientras los habitantes comienzan a acopiar alimentos tras el brote de coronavirus, en Buenos Aires, Argentina, el 15 de marzo de 2020. REUTERS/Agustin Marcarian

Nuestra realidad nos pone a prueba, el mundo tiene que enfrentar una situación novedosa que nos atraviesa como sociedad. Estamos consternados, preocupados, ocupados, modificando rutinas, buscando alternativas, pensando soluciones, etc. Y todo esto no nos sucede en lo individual, sino en lo colectivo. En nuestros pequeños grupos y en la comunidad toda. Lo que sabemos sobre los comportamientos sociales, nos anticipa que estamos frente a la posibilidad de poner en funcionamiento dos modalidades. El funcionamiento cooperativo o el funcionamiento competitivo.

Todo grupo tiene un objetivo que es compartido por todos sus integrantes y que precisamente lo define como grupo. Digamos que como especie tenemos dos objetivos fundamentales, sobrevivir y reproducirnos. Como seres sociales, sobrevivir implica además de la supervivencia física, el sostenimiento de todos nuestros roles, redes y funciones que hemos construido y le dan sentido a la matriz social.

Como ya sabemos toda situación de crisis representa un peligro pero también una oportunidad. No solo corremos el peligro de enfermarnos, de morir, de sufrir pérdidas económicas, sino que también estamos ante el peligro de perder la conciencia de nuestro objetivo compartido. De que para permanecer sanos como individuos debemos procurar que otros permanezcan sanos, que para cuidarme tengo que cuidar.

Entonces podemos ver en esta situación la oportunidad de reforzar nuestro sentido de pertenencia a nuestros pequeños grupos y nuestra comunidad. La oportunidad de valorar nuestro compromiso con los otros, porque los necesito, no se trata de algo abstracto, es bien concreto, necesito de los otros para mantener sana a nuestra comunidad.

Como el chiste que vi en alguna red social, “A los que compran 30 jabones y dejan los estantes vacíos…, sabían que para protegerse del Coronavirus necesitas que las demás personas también se laven las manos”.

Ver al otro como necesario para mi objetivo, es absolutamente concreto. Aprovechar este momento como oportunidad de fortalecer nuestra matriz social, de atravesar nuestros prejuicios, de mirar nuestra humanidad frágil, limitada y vulnerable, que trasciende clases sociales, color de piel, lugar de vivienda, idiomas y religiones.

Que tal vez nos permita salir de esto fortalecidos, afianzados en valores que nos hagan una sociedad más sana, más comprometida y más cooperativa. Que nos permita justamente como los eslabones de una cadena, que son más fuertes unidos a otros que por separado, superar nuestras vulnerabilidades, aprender y salir enriquecidos. Enriquecidos con la única riqueza indestructible, la única riqueza que supera pandemias, epidemias y bolsas que colapsen, aquello que los seres humanos somos capaces de hacer motivados por el amor y la cooperación.

Licenciada en psicología

Especialista en terapia cognitiva conductual

MN 25907