(Shutterstock)
(Shutterstock)

Estuvimos hablando de los errores que cometemos las personas cuando armamos nuestros pensamientos. Errores que nos traen dolor, sufrimiento, ansiedad, enojo, y que tantas veces perjudican o entorpecen nuestras relaciones. Aprendemos a pensar a través de nuestras experiencias y del modelado que ejercen nuestras figuras de cuidado y referencia a lo largo de nuestra vida.

Una de las dificultades con las que nos encontramos es que una vez que incorporamos un aprendizaje, por nuestra experiencia, solemos dejarlo congelado en nuestra memoria y no lo sometemos a su comprobación o su refutación. De forma tal que nos vamos alejando del contacto con lo que realmente está pasando en nuestro mundo tanto interno como externo, perdemos el contacto con los cambios, vaivenes y matices que nos trae la realidad con su cambio permanente. Por eso una vez que adoptamos un estilo de pensamiento, aunque este constituya un error en su organización o contenido, aunque la realidad nos muestre otra cosa … nos aferramos a nosotros mismos a pesar del dolor que pueda significarnos.

Una de las distorsiones que cometemos a la hora de armar nuestros pensamiento es lo que los psicólogos cognitivos llamamos abstracción selectiva, este error hace que frente a una situación de la vida, llena de datos nosotros hagamos un recorte sin ser conscientes de esto y elijamos solo algunos datos del todo que observamos, vivimos o sentimos. Solo nos quedamos con una pequeña porción de la historia y descartamos e ignoramos todos los otros datos que completan el cuadro de situación total. Es decir que le damos sentido a lo que vivimos a partir de un detalle e ignoramos otras características mas destacadas.

Esto lo hacemos de forma inconsciente pero siguiendo ciertos patrones de selección de datos. Por ej. podemos tener la tendencia a seleccionar aquellos datos que confirmen que no somos valiosos o que no somos queridos o que aquello que hacemos no es suficiente. Tal vez estamos en el trabajo dando una presentación y nuestro jefe nos dice que fue muy fluida y clara pero que sería bueno reducir el tiempo. Si al tratar de entender el sentido de esta charla con nuestro jefe usamos la abstracción selectiva probablemente lleguemos a la conclusión de que no hemos hecho las cosas bien y que como el tiempo empleado fue más largo de lo deseable no satisficimos las expectativas de nuestro superior. Si esta forma de pensar la sostenemos en el tiempo vamos reforzando nuestras creencias negativas sobre nosotros mismos, sin darnos cuenta del error que estamos cometiendo.

Como podemos modificar esta forma de pensar que tanto dolor nos puede causar. Uno de los primeros recursos que podemos utilizar es observar cual es la tendencia de nuestras conclusiones, si solemos inclinar la balanza hacia un sentido de forma frecuente. Hay ciertas preguntas que pueden ayudarnos en esta tarea:

-¿Qué datos existen a favor de este pensamiento?

-¿Qué datos existen en contra de este pensamiento?

¿Otra persona podría interpretar esto de una forma diferente? ¿Qué datos tomaría para ello?

-¿Cuántas veces suelo pensar de esta manera?

-¿Qué tan probable es que diferentes personas en diferentes contextos y diferentes situaciones me lleven a sacar la misma conclusión?

-Si tuviera que imaginar que saco una foto de la situación que detalles debería incluir en ella para que estuviera lo más completa posible?


Por Rosana Speranza, M.N 25907

contacto Licrsperanza @gmail.com