Hubris, la enfermedad del poder: el síndrome que transforma a los líderes en tiranos

La ciencia detrás de los líderes que pierden el piso al llegar al poder

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Ilustración vintage en dos paneles. El primero muestra un hombre con corona de engranajes sobre pedestal. El segundo muestra su caída de un pedestal roto y un espejo roto.
El síndrome de hubris describe cómo el poder prolongado puede transformar a líderes en figuras autoritarias y desconectadas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El ejercicio prolongado del poder puede desencadenar una transformación profunda en la personalidad de quienes lo ostentan, al grado de convertir a líderes en figuras autoritarias y desconectadas de la realidad.

Este fenómeno, conocido como síndrome de hubris, se estudia desde la psiquiatría y la psicología del liderazgo, aunque no figura como diagnóstico oficial en el DSM-5 ni en la CIE-11.

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El síndrome de hubris ha sido descrito principalmente a partir de análisis retrospectivos de presidentes y primeros ministros en Estados Unidos y Reino Unido.

El neurólogo británico y exministro de Relaciones Exteriores David Owen, y el psiquiatra estadounidense Jonathan Davidson, propusieron en 2009 que el poder actúa como un detonante que puede generar un cambio de personalidad adquirido, diferente del narcisismo o la psicopatía, y que surge solo después de alcanzar puestos de gran autoridad.

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El estudio identificó un conjunto de catorce síntomas recurrentes entre líderes examinados en un periodo de cien años, entre los que destacan la excesiva confianza en el propio juicio, el desprecio por el consejo y una identificación mesiánica con la institución.

El poder como desencadenante de una transformación clínica

El síndrome de hubris, de acuerdo con un estudio publicado en la revista científica Brain, no aparece de manera espontánea ni en cualquier persona, sino que surge tras el ejercicio prolongado y sin contrapesos del poder.

Owen y Davidson sostuvieron, en este estudio, que el elemento patológico es adquirido: “El poder mismo es el patógeno”, indicaron en su revisión sobre el comportamiento de líderes políticos.

La aparición de síntomas como la omnipotencia, la impulsividad y la percepción de que el propio interés es idéntico al de la nación o la organización distingue al hubris de otros trastornos.

Entre los síntomas sobresalen la tendencia a rodearse de aduladores, la intolerancia a la crítica y la toma de decisiones temerarias.

El líder con hubris puede llegar a perder contacto con la realidad y mostrar una confianza inquebrantable en su propio juicio, incluso ante evidencia contraria.

Gerald Russell, en The Psychiatrist, subrayó que estas características favorecen la erosión de la autocrítica y la capacidad de tomar decisiones racionales.

Rasgos distintivos: más allá del narcisismo

Owen y Davidson subrayaron que el síndrome de hubris no es un trastorno de la personalidad presente desde la juventud, sino un cambio que se desarrolla en adultos tras alcanzar posiciones de poder.

Entre los catorce síntomas propuestos, al menos tres deben estar presentes para considerar el diagnóstico, y uno debe pertenecer a los rasgos considerados exclusivos del síndrome. Owen y Davidson detallaron en Brain la siguiente lista:

  1. Tendencia narcisista a ver el propio mundo principalmente como un escenario para ejercer poder y buscar gloria.
  2. Predisposición a tomar decisiones que favorecen la propia imagen.
  3. Preocupación desproporcionada por la imagen y la presentación personal.
  4. Forma mesiánica de hablar sobre las actividades actuales y tendencia a la exaltación.
  5. Identificación con la nación o la organización hasta considerar que sus intereses son idénticos a los propios.
  6. Tendencia a hablar en tercera persona o a usar el “nosotros real”.
  7. Confianza excesiva en el propio juicio y desprecio por el consejo o la crítica de los demás.
  8. Creencia exagerada en la propia capacidad, cercana a la omnipotencia, sobre lo que se puede lograr.
  9. Creencia de que la rendición de cuentas no es ante colegas o la opinión pública, sino ante la historia o Dios.
  10. Convicción inquebrantable de que en ese tribunal superior siempre será vindicado.
  11. Pérdida de contacto con la realidad, asociada a un aislamiento progresivo.
  12. Inquietud, imprudencia e impulsividad en la toma de decisiones.
  13. Tendencia a dejar de lado la practicidad, el costo o los resultados, creyendo que la rectitud moral de la causa justifica cualquier medio.
  14. Incompetencia hubrística, es decir, los errores surgen porque la confianza excesiva lleva a descuidar los detalles fundamentales de la gestión o política.

Owen y Davidson analizaron casos históricos como los de Margaret Thatcher,Tony Blair,George W. Bush y Richard Nixon, a quienes atribuyeron la manifestación de varios síntomas del síndrome de hubris durante sus mandatos.

Estos líderes mostraron, en distintos momentos, rasgos como exceso de confianza, desprecio por el consejo y decisiones impulsivas, según el análisis retrospectivo publicado en la revista Brain.

Ilustración de dos hombres, Owen y Davidson, con lupas y cuadernos, estudiando caricaturas de Margaret Thatcher, Tony Blair, George W. Bush y Richard Nixon exhibidas en vitrinas.
Owen y Davidson, en su estudio publicado en la revista Brain en 2009, identificaron que algunos líderes presentaron un número suficiente de síntomas compatibles con el síndrome de hubris durante su ejercicio del poder. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las publicaciones de Cambridge University Press han ampliado el análisis hacia la base neurobiológica del fenómeno.

Investigaciones recientes destacan el papel del cortex prefrontal en la toma de decisiones y la autorregulación emocional, sugiriendo que el aislamiento del poder puede modificar los circuitos cerebrales implicados en la autocrítica y el control de impulsos.

Consecuencias

Owen y Davidson documentaron que la toma de decisiones impulsivas, la falta de autocrítica y la tendencia a ignorar los límites legales o éticos pueden derivar en crisis políticas y deterioro de la confianza pública.

Por su parte, Russell señaló que estos líderes suelen rechazar cualquier mecanismo de supervisión y pueden poner en riesgo la estabilidad de sus organizaciones o gobiernos.

El fenómeno ha sido observado también en directivos empresariales y fundadores de empresas emergentes, según el Journal of Management Studies, donde la acumulación de poder y éxito sin contrapesos fomenta comportamientos similares.

Estas manifestaciones no solo afectan a los líderes, sino que pueden provocar daños estructurales a las instituciones y sociedades en las que operan.

El debate sobre su reconocimiento clínico

Aunque la descripción del síndrome de hubris ha ganado terreno en la literatura científica, las asociaciones psiquiátricas y la Organización Mundial de la Salud no lo reconocen como entidad clínica formal.

El DSM-5 y la CIE-11 no incluyen este diagnóstico, en parte por la dificultad de establecer criterios objetivos y la dependencia de análisis retrospectivos y biográficos.

Infografía detallada sobre el síndrome de hubris, con ilustraciones de un hombre con corona, cerebros, una lista de síntomas y figuras alegóricas del poder.
Este gráfico detalla el síndrome de hubris, una condición que afecta a adultos en posiciones de poder, mostrando sus rasgos distintivos, criterios diagnósticos y el impacto neurobiológico del aislamiento. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio de Owen y Davidson, junto con las publicaciones de Cambridge University Press, sugiere que la prevención y la detección temprana pueden ser más efectivas que cualquier intervención clínica posterior.

El síndrome de hubris sigue en debate en la comunidad científica. El consenso, hasta ahora, es que el poder sin límites puede transformar a cualquier persona, con consecuencias que trascienden el ámbito individual y afectan la vida pública.

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