Así es como la alimentación puede influir en tu salud mental tanto como tus pensamientos

Evidencia científica llega a una conclusión asombrosa: lo que comemos no solo impacta en nuestro peso

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Izquierda: mesa con verduras, frutas, salmón, frutos secos. Derecha: Mujer pensativa. Un haz luminoso conecta la comida con su cerebro, del que emanan iconos de bienestar
Lo que comemos no solo influye en nuestra salud física, también en la emocional. (Imagen ilustrativa IA Infobae)

“Eres lo que comes” es más que una frase gastada por gurús del bienestar personal. La relación entre lo que comes y cómo te sientes ha dejado de ser una idea alternativa.

Hoy, la ciencia respalda que la alimentación puede influir en la salud mental de forma tan relevante como los pensamientos.

El impacto de la alimentación en la salud mental

Esta idea fue profundizada por la psiquiatra y consultora Carmen Amezcua durante una conversación en el canal de YouTube de Silvia Olmedo.

“El ochenta al noventa por ciento de los neurotransmisores que requiere tu cuerpo, principalmente tu cerebro, para darte paz, para darte motivación, para darte calma, buen sueño, se producen en los enterocitos, que son las células que están en el intestino y se producen en la microbiota”, afirmó.

La especialista detalló que este ecosistema intestinal —hoy conocido como microbioma— juega un papel central en la producción de serotonina, dopamina y otros compuestos clave.

Una mujer sentada a una mesa de madera comiendo una ensalada con pollo y vegetales. Un cerebro iluminado aparece sobre su cabeza. Hay un vaso de agua con limón y un cuaderno abierto.
Hay alimentos que mejoran la concentración y el bienestar cognitivo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El intestino, clave en el equilibrio emocional

La evidencia científica respalda parte de estas afirmaciones. Diversos estudios han demostrado que entre el 90% y 95% de la serotonina del cuerpo se produce en el intestino. Aunque esta no llega directamente al cerebro, sí influye a través del eje intestino-cerebro, un sistema de comunicación que involucra al nervio vago y a diversos procesos metabólicos.

En ese sentido, Amezcua subrayó la importancia de cuidar la alimentación como una vía para mejorar el estado emocional. “¿Por qué es importante entrar por la nutrición y revisar que este sistema, hoy llamado microbioma, esté sano para poder dar como resultado, pues un paciente que pueda tener mejores niveles de serotonina, mejores niveles de dopamina, puede estar más calmo, puede estar mucho más aquí y ahora, pues a través de la comida, a través de la nutrición”.

No existe una dieta universal

Uno de los puntos clave es la personalización. La especialista rechazó la idea de una dieta única que funcione para todos. “Obviamente, depende de la microbiota que tengas. Eso es muy interesante. Hay personas a las que les va muy bien los vegetales, las frutas. Hay personas a las que les va mejor las leguminosas, las proteínas animales”.

A partir de esta variabilidad, insistió en que cada organismo responde distinto. “Somos individuos y estamos muy acostumbrados a pedir la receta del pastel para lo mismo. Y las recetas del pastel aquí, en esto que yo hago, no son para el público en general, siempre son recetas individuales”.

La ciencia coincide con este enfoque. Investigaciones recientes en nutrición de precisión han demostrado que incluso personas con genética similar pueden reaccionar de forma distinta a los mismos alimentos, debido a su microbiota.

Psiquiatría nutricional: una tendencia en crecimiento

Ante la pregunta sobre cómo identificar la dieta adecuada, Amezcua explicó que existen herramientas avanzadas para analizar la microbiota. “Hay hoy día, y es lo, de lo más moderno que hay en este tipo de herramientas integrativas, ciertos estudios donde se estudia la microbiota que tiene el paciente y la comida o los alimentos o, de hecho, nutrientes que le van mejor”.

También destacó el papel de especialistas enfocados en esta área. “Tenemos hoy día especialistas que se llaman nutriólogos psiquiatras y seguramente no muchos han oído de ellos, pero en México tenemos de los mejores”.

Este campo, conocido como psiquiatría nutricional, cuenta con respaldo creciente. Estudios han encontrado relación entre deficiencias de vitamina D, magnesio, zinc y ácidos grasos omega-3 con trastornos del estado de ánimo.

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Carmen Amezcua explica que este ecosistema intestinal —hoy conocido como microbioma— juega un papel central en la producción de serotonina, dopamina y otros compuestos clave. . (Jenifer Nava/Infobae México)

La conclusión es clara: la salud mental no depende solo de factores psicológicos. La alimentación influye de forma directa en procesos biológicos que afectan el estado de ánimo.

La combinación entre dieta, microbiota y cerebro abre una nueva forma de entender el bienestar emocional. No se trata solo de cambiar pensamientos, sino también de revisar lo que hay en el plato.