
Las emociones que despierta el futbol en millones de personas a nivel mundial se reflejan en reacciones que pueden ir desde la euforia hasta la tristeza más profunda.
Durante un partido, el espectador experimenta miles de emociones que dependen de cada jugada, resultado o decisión arbitral. Para muchos, este deporte se convierte en un escenario donde la razón deja paso a los sentimientos más fundamentales, activando respuestas químicas y psicológicas en el cerebro que pueden desbordarse.
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Lo que sucede en el cerebro durante un partido de futbol
El profesor Víctor Manuel Rodríguez Molina, del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UNAM, explicó cómo las emociones colectivas encuentran en el futbol un cauce natural.
“Los humanos tenemos un circuito de recompensa y éste se va a alimentar por cosas que son placenteras o que nos hacen sentir bien o que queremos seguir experimentando. En el caso del fútbol, este circuito se nutre cuando nuestro equipo gana. Sin embargo, cuando nos marcan un penal, una expulsión o perdemos, éste decae. Tenemos diversas emociones mezcladas en el juego y a la vez secretamos sustancias químicas que nos producen placer como las endorfinas”, manifestó.
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Durante los 90 minutos de juego, la mente transita entre la esperanza y la frustración. La victoria dispara una sensación de placer que está mediada por la liberación de endorfinas, mientras que la derrota produce una caída en ese circuito de recompensa. Esta alternancia explica por qué el triunfo es breve, pero la derrota puede dejar una huella más duradera, según el especialista.

Cuando el equipo favorito no logra el resultado esperado, surge una sensación de pérdida. El aficionado suele revisar cada detalle para encontrar explicaciones, enfrentándose a la decepción y a sentimientos de impotencia o ira. Esta reacción se relaciona con la expectativa depositada en el equipo y la identificación personal con su destino.
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Futbol y emociones extremas: cuando la pasión rebasa los límites
“Nuestro cerebro tiene un ámbito racional, pero al ver deportes (especialmente futbol) afloran nuestras emociones sin censura”, comentó Rodríguez Molina.
Este fenómeno habilita un espacio donde el grito, el llanto o la indignación se vuelven socialmente aceptables, incluso entre quienes habitualmente no se sienten atraídos por el juego.
Asimismo, existen situaciones como derrotas dolorosas o decisiones arbitrales polémicas, la activación del llamado “cerebro primitivo” puede llevar a conductas impulsivas. El académico advirtió que aunque las emociones negativas no siempre derivan en violencia, sí pueden ser una situación para que se pierda el control racional.
Ejemplos recientes muestran que la frustración ha provocado agresiones tanto en estadios como en el hogar, cuando los aficionados descargan su enojo contra objetos o personas cercanas.
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Más allá de ser solo un juego, representa para muchos un canal de expresión emocional que puede unir, pero también dividir, dependiendo de cómo gestionen los sentimientos cada persona.
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