Los Murciélagos tienen quién los escriba: épica y superación en el libro sobre la Selección argentina de fútbol para ciegos

Detrás de un equipo que se volvió líder en el mundo hay historias difíciles e inspiradoras. El periodista Alejandro Ansaldi las recorre en “Fútbol ciego”.

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Fútbol ciego
Un entrenamiento de "Los Murciélagos", el Seleccionado argentino de fútbol para ciegos.

Eduardo Sacheri, nada menos, hace el prólogo. En su texto, el gran autor de La pregunta de sus ojos anticipa al “querido lector” que en Fútbol ciego (el arte de volar como Los Murciélagos) va a encontrar “la historia de un grupo de personas que aman el fútbol y que, enfrentados al obstáculo de no poder ver, le buscaron el modo para, de todos modos, jugar al fútbol. Jugarlo de verdad. Jugar en serio. Llevar la camiseta argentina bien arriba”.

Y de eso exactamente se trata el libro que escribió el periodista Alejandro Ansaldi y que acaba de publicar el sello Ediciones Al arco. El texto, que también está disponible en versión digital y gratuita para personas con discapacidad visual en Biblioteca Tifiolibros (www.tiflolibros.tiflonexos.org), recrea la historia de Los Murciélagos, el Seleccionado argentino de personas no videntes que reúne a cracks al estilo Messi, gana campeonatos del mundo y es fuente de orgullo.

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La historia del libro, cuenta su autor en diálogo, café por medio, con Infobae Leamos, empezó por amor, o tal vez, gracias al amor a su mujer —Natalia —a quien va dedicado, además de a sus dos hijos. Ella es profesora de personas con discapacidad visual y fue quien lo incentivó a conocer más sobre el mundo de Los Murciélagos.

“Yo como futbolero y periodista (Ansaldi trabaja como tal desde hace treinta años, pasó por diferentes redacciones y actualmente es subeditor de Deportes en el diario La Prensa) conocía quiénes eran. Pasó que Natalia se anotó en la Copa América 2009 como voluntaria y me invitó a ver uno de los partidos. Fue todo sorprendente. Yo no sabía, por ejemplo, que la pelota tiene un cascabel, que la cancha es vallada o que los arqueros pueden ver. Tampoco que se juega con los ojos tapados para evitar ventajas. Se llama fútbol sala para ciegos y es la vedette de los Juegos Paralímpicos. Argentina es potencia y ganó los mundiales de 2002 y 2006 y si no es nuestro equipo, es Brasil que, de hecho, fue el último campeón. Quedé impactado”.

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—¿Qué te impactó?

—Cuando los vi jugar, observé que eran felices. Siempre pensé qué pasaría con la gente que siente la misma pasión que yo en jugar al fúbol —a mí me encanta y lo práctico con veteranos todas las semanas—, y que por algún motivo no puede seguir haciéndolo. Yo vi ahí que los tipos eran ciegos, pero que podían hacer lo que más me gustaba a mí. Pensé que si me pasaba algo así, yo me habría quedado sentado en mi casa llorando. Ahí estuvo el embrión del libro.

Fútbol ciego
Alejandro Ansaldi es periodista desde hace más de treinta años. Se acercó a Los Murciélagos a través de su esposa, que es docente para ciegos.

Las historias

“Los Murciélagos son sinónimo de éxito y superación. En un país que no sabe para dónde va, existe un enorme grupo que, sin poder disfrutar del sentido de la vista, sí puede distinguir hacia dónde se dirige desde hace 20 años”, dice Ansaldi en uno de los capítulos.

Y la idea es, precisamente, a lo largo de las muy ágiles 173 páginas relatar la historia de ese grupo de hombres. Historias no fáciles, claro, plagadas de desafíos. “Yo quería contar cómo era el fútbol ciego en Argentina —explica—. Descubrí que nace a partir de Los Murciélagos y que antes no había”. En el texto, el autor cuenta que fue Enrique Nardone, profesor de Educación Física, quien a fines de los años 90 trabajaba en un internado para ciegos y descubrió allí un equipo de jugadores de fútbol no videntes: “Fue muy importante tener su testimonio. Nardone es el padre de la criatura. Todo era muy caótico, casi no había reglas. Las chapitas que usaban para orientarse con el sonido los lastimaban. Él se entera de que en España y Brasil se estaba jugando; entonces se junta con los entrenadores de esos países y ahí van organizando todo y empieza una historia de gloria”.

Otro mojón importante en esa historia es Martín Demonte, entrenador del equipo hasta el año pasado, quien también participa del texto con su testimonio. “Cuando lo entrevisto, me muestra el tatuaje de un murciélago que tiene en el hombro y me dice: estos son mis héroes. En verdad, para todos con los que hablé, la vida es un antes y un después de haber estado con Los Murciélagos. Para mí, como periodista o escritor, también. Te marca de por vida conocerlos profundamente”.

¿Qué impacta más al relacionarse con estos jugadores? “Las historias, sobre todo las historias ­—señala y se queda pensando—. Muchos estaban muy deprimidos. Sucede que la mayoría de las personas, cuando quedan ciegas, caen en un pozo depresivo. A mí me conmovieron los relatos personales de superación. Terminaron siendo ejemplos de vida y héroes. Pero aclaro que por ahí nosotros nos ponemos mal al escucharlos, pero ellos todo te lo cuentan con una naturalidad impresionante”.

Fútbol ciego
"Fútbol ciego" fue editado por el sello Al arco.

Y Ansaldi también relata con naturalidad, tal vez contagiado, situaciones ciertamente desestructurantes para cualquiera. Recuerda a Ignacio Oviedo, “Nachito”, como el protagonista del primer relato que le llegó. “A los 5 años le descubren un cáncer en un ojo, le dicen que tienen que sacárselo, se lo sacan, y a los 6 meses tienen que sacarle el otro. Queda ciego y se deprime. La pasa mal, pero el pibe tiene una fortaleza increíble, y sigue jugando a la pelota, anda en bicicleta. Con los años, a través de la hermana lo invitan a jugar al fútbol. A los 12 debuta en la primera de Estudiantes. Y luego, llega la Selección. Hoy tendrá 20 años y es la promesa del futuro”.

En el texto también aparece, “obviamente”, dirá Ansaldi, Silvio Velo. “Es el Maradona o Messi del fútbol ciego. El mejor futbolista no vidente de todos los tiempos. Velo nació en San Pedro con 10 hermanos. Vivían en un rancho de barro, al lado del río, y los padres no sabían que era ciego. Él tampoco; creía que la vida era así. Se dan cuenta a los 5 años, lo traen a Buenos Aires y aprende a jugar a la pelota. Con el tiempo, se transformó en el enorme crack que es hoy.”

Y de Velo pasa a la fuerte hitoria de David Peralta, quien vivía en Piedrabuena, un pueblo del sur argentino, y que en la época posterior a Malvinas experimentó una tragedia: “Había unos campos minados. Él tenía 5 años, va con el hermano, de 12, y otro amiguito de 7 a jugar por ahí. Agarran un pedazo de granada, lo llevan a la casa del amiguito; el hermano empieza a desarmarla y explota. Al hermano lo mata y a él le pega en un ojo y lo pierde. A los padres se les muere un hijo y el otro les queda casi ciego. Tienen que empezar a venir a Buenos Aires como un peregrinaje. Me cuenta que tuvo 15 operaciones. A los 12 o 13 años, le dicen que va a quedarse sin vista completamente. Y él me relata que se puso contento. Quiero ser ciego de una vez, dijo”.

—Sintió una liberación...

—Tal cual. Fue a un instituto y le enseñaron a moverse en la calle; con el tiempo, descubre a Los Murciélagos. Tenía mucha facilidad para el deporte y comienza a destacarse en el equipo. Su vida cambió, pero también tuvo un gran apoyo familiar. Es muy importante destacar que a todos los pibes que progresaron, sus familias los dejaron ser, los alentaron a que siguieran la vida, nunca los victimizaron. Así fue con David, quien ahora con 40 años, ya salió campeón del mundo, viajó por todos lados, se casó dos veces, tuvo seis hijos y es concejal de su pueblo. Es muy querido...

Fútbol ciego
En el fútbol para ciegos los jugadores usan antifaz para que nadie tenga ventajas.

Jugar sin ver

Como parte del proceso de escritura de Fútbol ciego, Ansaldi jugó con Los Murciélagos en una de sus prácticas. Lo relata en el último capítulo de su libro. “Me encantó escribir eso -dice ahora-. Fue una experiencia inolvidable. Siempre se abrieron y me contaron todo, pero jugar con ellos fue inigualable. Le pedí permiso a Demonte; era como pedirle a Scaloni ir a Ezeiza. Me fui a una concentración en el Cenard después de los Juegos de Tokio. Desde Libertador hasta la entrada, caminé con los ojos vendados y bastón para ir acostumbrándome. ¡El miedo que tuve! Pensé que me chocaba con los árboles”.

Al relatar ese día inolvidable, Ansaldi se entusiasma, brinda datos, no quiere olvidarse de nada: “Demonte me dijo: vas a jugar con los ojos vendados y no vas a tocar una pelota. Y mirá que yo juego, lo vivo, me gusta, me defiendo, pero no pude tocar ni una. Incluso, después, jugué con lo ojos destapados, pero nunca pude patear al arco. Me daban la pelota, y cuando me sacaba uno de encima, venían tres. Finalmente, nunca pude patear al arco. Ellos tienen movimientos sincronizados, y me cerraban los caminos, se escuchan, hasta sabían que iba a patear. Hice mi mayor esfuerzo, pero no podía. Fue hermoso. A la tarde ya no quise jugar de nuevo”.

Feliz por la repercusión del libro, que se presentará el próximo 5 de septiembre a las 14.30 en el Café Tortoni, Ansaldi se muestra agradecido. “Tener a Sacheri fue la frutilla del postre, él es un referente para mí. Y escribirlo fue hermoso, aprendí mucho de ellos. Nunca se quejan y van a buscar más. Cuando juegan, lo hacen en serio, se ayudan, y siempre están contentos. Han vivido situaciones límite y las superaron. El fútbol, y eso tiene que ver con que el libro le sirva a alguien, a personas ciegas o a familias con ciegos, transforma la vida”.

Así escribe Eduardo Sacheri en el prólogo de “Fútbol ciego”

Eduardo Sacheri
Eduardo Sacheri escribió el prólogo del libro. (Federico Paul)

Entre todos esos mundos que conviven en el fútbol, hay un mundo en el que no se ve. Se juega, pero no se ve. Se gambetean rivales, se circula la pelota, se defiende un resultado, se transpira una camiseta, se le pega al segundo palo, se hace todo lo que hay que hacer en una cancha de fútbol, pero no se ve. Porque los que juegan son ciegos. Cada mundo de los que habitan el mundo del fútbol tiene su historia. Y el mundo del fútbol de ciegos no es la excepción. El fútbol de ciegos encuentra una solución para cada obstáculo. ¿No vemos? Perfecto. Entonces escucharemos. El oído nos dirá dónde está la pelota, dónde nuestros compañeros, dónde nuestros rivales, dónde el arco.

(...)

La selección argentina de fútbol para ciegos no tiene un nombre cualquiera. Se llama Los murciélagos. Y creo que no hay mejor nombre para esos jugadores que se ponen la celeste y blanca. Te pueden dejar diez años pensando un nombre para esa selección… y no vas a encontrar un nombre mejor. Se dice que los grandes jugadores de fútbol tienen un radar en la cabeza. Un radar que les indica dónde está cada quien, a su alrededor, mientras juegan. Pues bien: los jugadores de fútbol para ciegos tienen únicamente ese radar. Un radar exquisito, delicado, primoroso… como el de los murciélagos

Quién es Alejandro Ansaldi

♦ Es periodista desde hace más de treinta años. Actualmente se desempeña como subeditor de la sección Deportes del diario La Prensa.

♦ Es autor de Fútbol ciego (el arte de volar como Los Murciélagos).

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