
360 años atrás, en la madrugada del domingo 2 de septiembre, un gran incendio arrasó con gran parte de Londres. El núcleo medieval y comercial de la capital inglesa ardió en llamas luego de que el fuego iniciara en una panadería ubicada en una calle próxima al río Támesis. Aquel local pertenecía a Thomas Farriner, quien se desempeñaba como panadero del rey Carlos III.
Según los relatos de la época, la tragedia comenzó en la planta baja del edificio, donde funcionaba el horno de la panadería. La causa exacta nunca quedó establecida de forma definitiva, aunque la explicación más aceptada atribuye el inicio a brasas o chispas procedentes del horno, que alcanzaron materiales inflamables. La estrechez de las calles y la cercanía entre las construcciones de madera crearon las condiciones para que aquel foco inicial se convirtiera rápidamente en una emergencia de gran escala.
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Cómo fue el Gran Incendio de Londres, la catástrofe que cambió todo
El foco comenzó durante la madrugada en la panadería dentro de Londres. Aquel sector era el corazón comercial de la capital inglesa de 1966: una zona de calles angostas, viviendas y talleres muy próximos entre sí, con edificios construidos en gran medida con madera y yeso.

Las primeras horas no anticiparon la magnitud del desastre. El alcalde de Londres, Thomas Bloodworth, desestimó inicialmente la posibilidad de demoler casas para abrir cortafuegos. Según los testimonios recogidos sobre su respuesta, consideró que el fuego era tan limitado que “una mujer podría orinarlo”. La demora resultó decisiva: el viento del este avivó las llamas y transportó brasas a otros puntos de la ciudad.
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La expansión se explicó por las condiciones materiales de Londres en el siglo XVII. Un verano seco había dejado la madera expuesta; las casas se levantaban unas junto a otras y numerosos almacenes guardaban brea, cuerda, aceite, harina, lana y otras mercancías inflamables. La población intentó combatir el fuego con cubos de agua, mangueras rudimentarias y ganchos para derribar construcciones. Pero esas medidas no bastaron frente a un incendio que avanzaba por barrios enteros.
La BBC señala que, durante la noche del lunes y la madrugada del martes, muchos habitantes abandonaron los esfuerzos de contención para escapar con sus bienes. El fuego alcanzó edificios centrales, entre ellos la catedral de San Pablo. John Evelyn, escritor y testigo de la tragedia, describió que “las piedras de la catedral de San Pablo volaban como granadas”, mientras el plomo derretido caía por las calles.
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Buena parte de lo que se conoce sobre el incendio procede de los diarios de Samuel Pepys y del propio Evelyn, dos observadores contemporáneos que dejaron descripciones de la propagación de las llamas, la evacuación de los habitantes y el estado de la ciudad. También existen documentos oficiales, órdenes de Carlos II y registros preservados por los Archivos Nacionales Británicos, que permiten reconstruir el desarrollo de la emergencia.

Ante el fracaso de las primeras medidas, Carlos II ordenó derribar viviendas y comercios situados en el trayecto de las llamas para crear cortafuegos. El miércoles 5 de septiembre, las autoridades utilizaron pólvora para demoler filas enteras de casas y abrir espacios más amplios. Esa intervención, sumada a la disminución del viento, permitió frenar el avance del fuego. Los últimos focos fueron extinguidos el 6 de septiembre, aunque el suelo y los escombros permanecieron calientes durante varios días.
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Qué cambió en Londres a partir del gran incendio
El incendio obligó a reconstruir buena parte de Londres y llevó a introducir medidas para reducir el riesgo de una catástrofe similar. Carlos II dispuso pocos días después del desastre que las nuevas construcciones debían levantarse con ladrillo o piedra, en lugar de madera. También propuso calles más anchas y una reorganización del trazado urbano, aunque los proyectos más ambiciosos no llegaron a concretarse.
Christopher Wren, Robert Hooke y John Evelyn presentaron planes para transformar la ciudad mediante avenidas amplias, plazas y un diseño más ordenado. Sin embargo, la reconstrucción mantuvo en gran medida la red de calles medievales. La razón principal fue económica: una modificación total del plano habría requerido expropiaciones e indemnizaciones para propietarios que ni la Corona ni el gobierno de la ciudad podían afrontar.
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Según la Universidad de Oxford, la primera Ley de Reconstrucción recibió la aprobación real el 8 de febrero de 1667. La norma fijó requisitos de edificación y reforzó el uso de materiales menos combustibles. Las leyes posteriores consolidaron esas reglas y aceleraron la renovación de viviendas, comercios e instituciones públicas.
La reconstrucción también exigió resolver miles de conflictos entre propietarios e inquilinos. Para ese fin, el Parlamento creó el Tribunal de Incendios, una instancia especial que definía cómo repartir el costo de las obras. El economista William Petty lo describió como un “poder legislativo para desatar todos los nudos”, por la rapidez con que resolvía disputas que, por la vía judicial ordinaria, podían demorarse durante años.
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El proceso fue lento al comienzo. Hubo que ampliar la producción de ladrillos, incorporar trabajadores de la construcción y reorganizar el abastecimiento de materiales. Oxford estima que solo la sustitución de las casas destruidas requirió cerca de 400 millones de ladrillos. La actividad tomó impulso desde 1668: ese año se levantaron 1.450 viviendas y, hacia fines de 1670, unas 6.000 ya estaban terminadas.
La ciudad recuperó además sus principales edificios públicos y religiosos. Wren dirigió la reconstrucción de la catedral de San Pablo, que quedó terminada en 1711, y participó en el diseño de decenas de iglesias. También se levantó el Monumento al Gran Incendio cerca de Pudding Lane, como recordatorio del desastre.
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El fuego tuvo consecuencias en la prevención. La BBC señala que, después de la catástrofe, surgieron compañías que ofrecían seguros contra incendios. Esas empresas contrataron equipos para proteger las propiedades aseguradas, una experiencia que contribuyó al desarrollo posterior de servicios organizados de extinción.
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