La historia detrás del “hombre del tanque”: el vecino común que desafió al poder chino y el misterio sobre su identidad

El 5 de junio de 1989, la plaza de Tiananmén sufría una violenta represión. Al salir los tanques, un joven desarmado desafió los blindados y desapareció. Los fotógrafos que arriesgaron sus vidas por capturar esa imagen

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Un hombre con camisa blanca y pantalones oscuros se para en una calle vacía frente a tres tanques militares de color verde y marrón. Se ven marcas viales en el asfalto
La icónica imagen que reportero gráfico de AP que lo llevó a la final de los premios Pulitzer de 1989 (AP Photo/Jeff Widener)

Capturada en secreto desde los balcones del Hotel Beijing, una fotografía inmortalizó el choque entre la fuerza brutal del Estado y la dignidad de un hombre. Uno solo. En el encuadre, una columna de tanques blindados avanza por la avenida Changan con sus cañones apuntando al frente, pero la maquinaria de guerra se detiene ante una aparición casi fantasmal: un joven, vestido con camisa blanca y pantalones oscuros, plantado firme en medio de la calle con una bolsa de compras en cada mano. Su figura, aparentemente frágil, se convirtió en la contracara de los monstruos de acero que tenía a pocos centímetros.

Durante más de dos minutos, el “hombre del tanque” bloqueó el avance militar, moviéndose lateralmente cada vez que el primer vehículo intentaba esquivarlo. Pero no fue todo: hasta trepó sobre el tanque. Toda esa escena quedó registrada por reporteros gráficos y camarógrafos extranjeros que arriesgaron sus vidas para captarlo y para preservar las imágenes de las manos de la policía secreta del régimen: los rollos fotográficos tuvieron que ser escondidos en lugares insólitos, como la cisterna de un inodoro. La imagen sobrevivió y se transformó en el símbolo universal de la resistencia pacífica frente a la opresión.

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Aquella icónica postal ocurrió el 5 de junio de 1989, en un Pekín sumido en el terror. Apenas horas antes, el gobierno chino había ordenado una violenta represión militar en la Plaza de Tiananmen para aplastar semanas de protestas estudiantiles que exigían libertad de expresión y reformas democráticas. La brutal opresión del ejército había dejado un saldo incontable de muertos. En ese escenario de censura extrema y miedo, la solitaria acción de este joven se transformó en el grito silencioso de un pueblo oprimido que desafiaba a un régimen que hasta hoy intenta borrar ese episodio de la historia.

Nunca se supo quién era el hombre que se enfrentó a catorce tanques en China en 1989

El estallido de la primavera de Pekín y la noche de la masacre

Lo que a mediados de abril de 1989 comenzó como un homenaje al líder reformista Hu Yaobang se convirtió enseguida en un movimiento político sin precedentes. Decenas de miles de estudiantes universitarios marcharon hacia la Plaza de Tiananmén exigiendo libertad de expresión, prensa libre y el fin de la corrupción oficial. Hacia finales de mayo, el corazón de Pekín se había transformado en un campamento de esperanza donde los jóvenes erigieron la “Diosa de la Democracia”, una escultura de yeso y poliestireno inspirada en la Estatua de la Libertad. Sin embargo, el ala más dura del Partido Comunista Chino, liderada por Deng Xiaoping, vio en la movilización una amenaza existencial al régimen y declaró la ley marcial el 20 de mayo.

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El crecimiento del campamento estudiantil atrajo el apoyo masivo de la clase obrera y de los demás ciudadanos, que formaron cordones de protección para evitar que las primeras avanzadas militares ingresaran a la ciudad. Durante mayo, la plaza operó como una pequeña sociedad autogestionada, con sus propios sistemas de distribución de agua, enfermerías improvisadas y boletines de prensa independientes.

Este desafío abierto paralizó el aparato estatal justo cuando el líder soviético Mijaíl Gorbachov visitaba Pekín, lo que expuso la pérdida de control del gobierno ante la prensa internacional y selló la decisión del Politburó de responder con una demostración de fuerza letal.

masacre de la plaza Tiananmen en China en 1989
Asustados, un grupo traslada a dos de los tantos heridos al hospital (AP /Jeff Widener)

Entre la noche del 3 de junio y la madrugada del 4 de junio, la paciencia del Gobierno se agotó y lo demostró de forma sangrienta. Unidades del Ejército Popular de Liberación, equipadas con tanques Tipo 59 y fusiles de asalto, avanzaron hacia el centro de Pekín con la orden de “limpiar” la plaza a cualquier costo. Los manifestantes intentaron levantar barricadas humanas y prender fuego a los blindados, pero fueron amedrentados con fuego real.

Las crónicas de los servicios diplomáticos internacionales y de la Cruz Roja estimaron que la represión causó cientos, e incluso miles de muertes civiles. Aquella masacre quebró el espíritu de la ciudad, dejando las avenidas principales teñidas de sangre e imponiendo silencio bajo el control absoluto de las fuerzas armadas.

Los hospitales cercanos colapsaron en pocas horas, con médicos trabajando a oscuras y bajo la amenaza de ser arrestados por atender a los manifestantes heridos. En los callejones cercanos a la avenida Changan, las ráfagas de ametralladora continuaron hasta el amanecer, persiguiendo incluso a civiles que intentaban recuperar los cuerpos de las víctimas. Para la mañana del 4 de junio, la histórica plaza estaba completamente desierta de estudiantes, ocupada únicamente por carpas aplastadas, restos de barricadas humeantes y los tanques del ejército estacionados en fila para intimidar a la población.

hombre del tanque: tomas
La toma de Arthur Tsang para Reuters

Los reporteros gráficos que lograron la fotografía del siglo

A la mañana siguiente, el 5 de junio, Pekín amaneció bajo un control militar absoluto. Los periodistas extranjeros tenían prohibido salir a las calles bajo amenaza de arresto. Su único refugio seguro era el Hotel Beijing, ubicado estratégicamente a unos 200 metros de la avenida Changan. En los pisos más altos de ese complejo, cinco reporteros gráficos se ocultaban de los servicios de inteligencia del Estado chino para documentar el horror que pasaba delante de sus ojos.

Uno de ellos era Jeff Widener, de la agencia Associated Press. Había sido herido al recibir una pedrada en la cabeza el día anterior y tenía síntomas de gripe severa. “Tras estar al borde de la muerte y sentirme como si tuviera gripe, dormí casi todo el 4 de junio. Pero al llegar a la oficina de AP en un complejo diplomático, tenía un mensaje de la sede de la agencia en Nueva York pidiéndome que fotografiara la Plaza de Tiananmen ocupada. Fui en bicicleta al Hotel Beijing, cerca de la plaza. Estaba aterrorizado. El trayecto, de unos 3,2 kilómetros, fue muy peligroso. Había vehículos calcinados en la calle y bicicletas destrozadas por los tanques. Oía disparos por todas partes y sabía, por otras fuentes, que agentes de la policía secreta, vestidos con monos blancos, estaban atacando a los periodistas con porras eléctricas“, contó durante una entrevista con el Blog do Acervo.

Luego contó cómo hizo para que no descubrieran que era reportero gráfico: “Escondí la cámara en mi campera y el rollo en mi ropa interior. Al acercarme al hotel, vi a cinco o seis policías de incógnito. En el oscuro vestíbulo, vi a un estudiante de intercambio estadounidense llamado Kirk Martsen. Fingí conocerlo y, susurrando, le expliqué la situación y le pregunté si podía llevarme a su habitación. Aceptó, y los guardias de seguridad que se acercaban pensaron que yo estaba con Kirk, así que se alejaron. En el ascensor, Kirk me dijo que había tenido suerte porque diez minutos antes un camión lleno de soldados había disparado contra los huéspedes del hotel en el vestíbulo. Sus cuerpos habían sido arrastrados de vuelta al interior del hotel”.

Un vehículo militar blindado arde intensamente en la oscuridad, rodeado por una multitud de personas. El suelo está cubierto de escombros y hay fuego brillante
La última imagen Jeff Widener tomó antes de ser golpeado en la cara por un ladrillo lanzado por un manifestante (Jeff Widener / Associated Press)

Widener se quedó en la habitación con el estudiante y, por el cansancio y estrés, se quedó dormido. Mientras descansaba, como en sueños escuchaba los ruidos de afuera y corría al balcón para fotografiar algunas escenas impactantes. “Me quedé sin película y le pregunté a Kirk si podía conseguirme más de algún turista. Aceptó y regresó con un solo rollo de película Fuji de 100 ISO en color. Lo cargué en mi cámara, que tenía un fotómetro automático. Cuando oí la columna de tanques que bajaba por la calle, volví al balcón del sexto piso y preparé mi objetivo para la foto. De repente, apareció un hombre en la calle agitando bolsas de la compra. Me molesté y le dije a Kirk: ‘Va a arruinar mi composición’. Kirk gritó: ‘¡Lo van a matar!’. La escena estaba muy lejos, así que corrí a la cama y añadí un teleconvertidor, que duplicó la distancia focal de mi objetivo a un monstruoso teleobjetivo de 800 mm. Compuse la toma mientras se oían disparos en el bulevar Changan".

Hizo tres exposiciones manualmente y aún no se daba cuenta de qué tenía enfrente mientras inventaba técnicas para lograr la toma. “Me sorprendió ver que la velocidad de obturación era de 1/30 de segundo, increíblemente lenta para obtener una imagen nítida. La imagen saldría muy borrosa. Molesto por mi error, intenté averiguar qué había fallado. Cuando me di cuenta de que estaba usando una película con un ISO (sensibilidad) más bajo de lo habitual, el hombre fue arrebatado por los curiosos. Kirk me preguntó si había conseguido la foto, y le respondí que no. Pero algo en mi interior me decía que con una sola toma podría haber salido bien. A veces, los fotógrafos tienen una corazonada, y mi presentimiento era correcto. ¡Milagrosamente, una sola imagen fue suficiente! Después de todo, Kirk arriesgó su vida para pasar de contrabando la película a la oficina de AP, pasando junto a varios soldados en la calle. Las imágenes se transmitieron a Nueva York, y pude mostrar la increíble valentía de ese héroe anónimo", recordó.

hombre del tanque: tomas
La toma de Terril Jones: tardó en difundirla, solo se la había mostrado a sus amigos

A pocos metros de distancia, sus colegas vivían su propio calvario. Charlie Cole, fotógrafo de Newsweek, capturó la misma escena desde el octavo piso del mismo hotel sabiendo que la policía secreta no tardaría en derribar su puerta. Anticipándose, Cole sacó el rollo de la cámara, lo colocó dentro de un pote plástico y lo escondió en la cisterna del inodoro de su habitación. Minutos después, los agentes irrumpieron, destrozaron su equipo y le confiscaron un rollo falso, dándose por satisfechos. Cole regresó un día y medio después para recuperar el negativo intacto, flotando en el agua del inodoro.

Cerca también estaban Stuart Franklin (de la agencia Magnum) y el hongkonés Arthur Tsang (de Reuters) que hicieron sus propias tomas. Franklin, para salvar su material, ocultó los negativos dentro de una caja de té que fue sacada del país de contrabando por un estudiante francés. Mientras tanto, desde los jardines del hotel, Terril Jones lograba una captura diferente, casi a ras de suelo que completaría el registro gráfico del día.

La hazaña de estos fotógrafos no solo requirió ingenio técnico, sino una enorme resistencia psicológica. Sabían que si los descubrían con ese material se enfrentaban a la expulsión inmediata del país, la confiscación de todo su trabajo de semanas y la posibilidad de terminar en una prisión militar bajo cargos de espionaje. El Hotel Beijing estaba rodeado por agentes de civil que controlaban los ascensores y los pasillos, convirtiendo cada habitación en una celda de alta tensión donde el más mínimo clic de un obturador podía delatar su posición.

hombre del tanque: tomas
Una fotografía de Kirk Martsen en la Plaza de Tiananmen en 1989. Fue quien ayudó al fotógrafo de Associated Press, Jeff Widener, a sacar clandestinamente el rollo que contenía la ahora icónica fotografía del "hombre del tanque"

El misterio sobre la identidad del valiente joven

El valor del “hombre del tanque” no se limitó a pararse firme frente al plomo. En los videos que luego fueron emitidos por las cadenas internacionales de televisión, se ve que además de esquivarlo moviéndose de un lado al otro, el joven corrió lateralmente para cortarle el paso. Muestra una agilidad sorprendente.

No fue todo: en un momento de extrema tensión, se trepó al primer tanque blindado y pareció increpar directamente al conductor del vehículo, exigiéndole que abandonara la ciudad y detuviera la matanza. Sus ademanes lo demuestran. Se quedó un rato y luego se bajó de un salto. Ágil. A los segundos, un ciclista advirtió su valor —también locura— para hacer lo que estaba haciendo y se acerca para hablarle. Otras dos personas vestidas de azul se acercan con más convicción de sacarlo de allí. Ya se había arriesgado demasiado: lo tomaron del brazo de un tirón y casi lo arrastraron de la escena.

Co el tiempo, comenzaron los análisis fotográficos para intentar saber qué lleva en las manos. Dedujeron que las bolsas contenían pan o verduras, lo que sugiere que era un vecino del barrio que simplemente había salido a comprar comida y se topó con el regreso de la columna militar.

fotógrafos - Tiananmén
Stuart Franklin (de la agencia Magnum) y Jeff Widener de la agencia AP

Desde que lo sacaron del lugar —terminó entre la multitud que estaba a los costados—, no se supo de él. Su paradero se convirtió en uno de los secretos de Estado mejor guardados de todo el mundo. Los servicios de inteligencia del Reino Unido y la prensa de Hong Kong barajaron inicialmente el nombre de Wang Weilin, un joven estudiante de 19 años, pero esa identidad jamás pudo ser corroborada de manera científica o judicial.

En los años posteriores, el Gobierno chino utilizó las imágenes televisivas para realizar propaganda política interna, argumentando que el video probaba “la tremenda moderación” de su ejército al no aplastarlo. Cuando la periodista estadounidense Barbara Walters le preguntó directamente al líder chino Jiang Zemin por el destino del joven en 1990, el mandatario respondió de forma sarcástica: “Creo que nunca fue asesinado”. Su intérprete aclaró que el régimen no podía confirmar si el hombre había sido arrestado o no.

Pero se abrieron versiones y detalles entre quienes creen que fue ejecutado semanas después en prisiones clandestinas y quienes aún tienen la esperanza de que logró camuflarse en el anonimato rural de China.

La falta de registros oficiales o testimonios familiares directos alimentó diversas teorías durante todos estos años. Además, algunos analistas sugieren que las dos personas que lo retiraron de la avenida no eran ciudadanos rescatistas, sino agentes de seguridad vestidos de civil que procedieron a su arresto inmediato y discreto.

fotógrafos - Tiananmén
El hongkonés Arthur Tsang, que capturó la escena para Reuters; y Charlie Cole, de Newsweek, capturó la misma imagen desde el octavo piso

La imagen del “hombre del tanque” redefinió el lenguaje de la resistencia pacífica, lo que llevó a la revista Time a incluir a este hombre anónimo en su lista de las 100 personas más influyentes del siglo XX, mientras que el régimen chino desplegó una agresiva campaña de censura digital para borrar el episodio de la memoria de las nuevas generaciones.

Por otro lado, este impacto histórico también consagró el arriesgado trabajo de los fotorreporteros que capturaron la escena: Charlie Cole fue galardonado con el prestigioso premio World Press Photo del Año en 1989 por su captura de los tanques frenados, mientras que la icónica toma de Jeff Widener para Associated Press fue seleccionada como finalista del Premio Pulitzer en 1990 en la categoría de Fotografía de Noticias de Última Hora.

Ambas fotografías, junto con los registros de sus colegas, permanecen hoy en los museos y archivos internacionales como los máximos símbolos visuales de la lucha por los derechos humanos frente a la opresión estatal.

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