
En 2023, investigadores de la Universidad Akdeniz detectaron una nave hundida frente a la localidad de Adrasan, en la provincia turca de Antalya, durante una prospección arqueológica subacuática. El hallazgo desencadenó uno de los descubrimientos submarinos más notables de los últimos años: un cargamento de 6.511 piezas de vajilla de lujo con más de 2.100 años de antigüedad, preservadas en el fondo del mar Mediterráneo, según informó la revista Smithsonian Magazine.
Las excavaciones científicas del yacimiento comenzaron en 2024 bajo la dirección del arqueólogo submarino Hakan Öniz, titular del Departamento de Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural de la Universidad Akdeniz, y se extendieron a lo largo de 2025 y 2026. El equipo trabaja entre los 42 y los 55 metros de profundidad con el apoyo de robots subacuáticos, en colaboración con el Museo de Antalya.
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El cargamento incluye 122 tipos distintos de vajilla destinada a los mercados de Roma
Las piezas recuperadas —platos, soperas, bandejas y ánforas de distintos tamaños— fueron clasificadas en 122 formas diferentes. La mayor parte de la cerámica proviene del antiguo puerto de Rhosus, hoy la ciudad turca de Arsuz, en la provincia de Hatay. Esa cerámica era conocida en el mundo romano como rhosica vasa y tenía alta demanda entre los consumidores adinerados de la capital del Imperio.

El estado de conservación sorprendió a los investigadores. Las piezas estaban apiladas dentro de cajones de madera con arcilla intercalada entre cada objeto, una técnica de embalaje que amortiguaba los golpes durante el transporte. Esa misma protección, sumada a la profundidad del yacimiento —que desalentó a buceadores casuales durante décadas—, permitió que las vasijas llegaran casi intactas hasta la actualidad. Las piezas ya fueron trasladadas al Museo de Antalya, a unos 90 kilómetros del lugar del descubrimiento.
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Junto a la cerámica, el equipo encontró ánforas de probable origen en islas del mar Egeo y monedas de bronce acuñadas en Antioquía, que datan del siglo I a.C. Esas monedas son una de las claves para fechar el naufrágio: apuntan a que la embarcación se hundió hacia mediados de ese siglo. Los investigadores estiman que el barco partió de Rhosus con destino a Roma y encalló en un bajo durante una tormenta.
Cicerón mencionó estas piezas en una carta del año 50 a.C. como prueba de su prestigio en la élite romana
El descubrimiento cobra una dimensión adicional gracias a una referencia literaria de la Antigüedad. En una carta a su amigo Ático, el estadista y orador romano Marco Tulio Cicerón aludió a la cerámica de Rhosus y la calificó como “fina alfarería”, según recogió el Smithsonian Magazine. Esa mención conecta el registro arqueológico con la documentación escrita y confirma que estas piezas circulaban entre la aristocracia romana de la época.
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Mehmet Nuri Ersoy, ministro de Cultura y Turismo de Turquía, valoró el alcance del hallazgo en una publicación en redes sociales. “Estamos trayendo a la luz vajilla de 2.100 años de las profundidades del Mediterráneo. Estos artefactos preservan pruebas de la pericia productiva de Anatolia y de la historia comercial del Mediterráneo”, indicó, según tradujo la agencia estatal Anadolu.
El análisis del cargamento reconstruye una ruta comercial que unía Anatolia con Italia
Un estudio publicado en el Journal of Maritime Archaeology, firmado por Öniz y el arqueólogo Emre Okan, de la Universidad Duzce, describió al yacimiento como parte de una “clase excepcional de naufragios cuyo cargamento consiste en una categoría cerámica claramente definida”. Según esa investigación, la ruta del barco conectaba Antioquía con el Egeo, Grecia y la península itálica.
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El análisis combinado de las cerámicas, las ánforas y las monedas permite reconstruir un tramo preciso de las redes comerciales del período tardorrepublicano romano. Las excavaciones en Adrasan continúan y el equipo de la Universidad Akdeniz prevé nuevas campañas para completar la recuperación del cargamento.
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