El monumento ubicado en la esquina de Figueroa Alcorta y Monroe fue el lugar elegido por un grupo de estudiantes para llevar a cabo la "previa" de una fiesta de egresados y las fotos y filmaciones que los muestran bailando, saltando y tomando alcohol arriba de las placas no tardaron en viralizarse.

A partir de la polémica que se desató por los festejos de un grupo de alumnos del Instituto Santa Ana y San Joaquín en el Monumento a los Policías Federales Caídos en Cumplimiento del Deber, los jóvenes deberán, cómo reprimenda, investigar y estudiar las vidas de las víctimas homenajeadas.

La historia

Ese viernes 2 de julio de 1976 en el comedor de la entonces Coordinación Federal de la Policía, de Moreno 1417, un centenar de oficiales almorzaban. Nadie se percató cuando José María "Pepe" Salgado, un joven de 22 años que prestaba servicio en la policía, que era militante montonero, dejó un maletín sobre una silla luego de haber comido. Lo cubrió con un abrigo y salió. A Salgado todos lo conocían.

A las 13:20 se produjo una tremenda explosión que provocó el derrumbe del techo. La composición de la bomba, nueve kilos de trotyl que tenía adosada bolas de acero, provocaron la muerte de 23 policías y de una civil, Josefina Melucci de Cepeda, empleada de YPF que estaba tomando un café con una amiga policía. Más de 60 personas resultaron heridas. Quince días atrás también una bomba montonera había matado al jefe de la Policía, Cesáreo Cardozo.

El monumento

En conmemoración a ese 2 de julio, la Policía Federal realiza anualmente una ceremonia en la que recuerda a sus caídos en cumplimiento del deber. Se reúnen en el monumento que honra a los caídos a lo largo de nuestra historia como país, y que está ubicado en la avenida Figueroa Alcorta y Monroe.

El monumento posee 3,50 metros de alto y 4 de largo, obra del escultor Antonio Miguel Nevot (1912-1980) y es una iniciativa del Centro de Oficiales Retirados. Contiene una escultura en bronce que representa a un policía muerto, con su cabeza yacente sobre la falda de una mujer, ambos amparados por un ángel, todo sobre un basamento en mármol granítico gris.

Si bien el destino original eran los jardines del Hospital Bartolomé Churruca, a través de un acuerdo con la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires se determinó situarlo en Avenida 9 de Julio y Córdoba.

Sin embargo, el 14 de noviembre de 1972 quedó inaugurado en la plazoleta de Díaz Vélez y Campichuelo a fin de "conmemorar el máximo sacrificio del servidor policial en aras del deber". Cuando en 1981 cuando se remodeló el Parque Centenario, fue trasladado al sitio que ocupa actualmente, según datos aportados por la Policía Federal.

El primer caído

Ahí figura Domingo de Guardarrama, considerado el primer caído en cumplimiento del deber. Alguacil menor de Hernandarias, una fría mañana de agosto de 1615 inspeccionaba una caravana de esclavos en lo que hoy es Avenida Corrientes y 9 de Julio cuando fue asesinado a cuchillazos y a golpes.

En el crimen de Guadarrama se creyó que los asesinos lo habían confundido con el propio Hernandarias, a quien se la tenían jurada por estar investigando el contrabando en estas tierras. Nada ocurrió como 400 años más tarde cuando en 2012, la Suprema Corte de Justicia ratificó que el atentado a la Superintendencia de la Policía Federal no constitutía un crimen de lesa humanidad. Y así Mario Firmenich, Horacio Verbitsky, Laura Sofovich, Miguel Lauretta y Lila Pastoriza fueron sobreseídos y se dictó la prescripción de la causa que habían iniciado los familiares de Josefina Melucci de Cepeda, la civil que perdió la vida en el atentado en el Departamento Central de Policía. Víctimas casi anónimas que bien merecen un monumento.

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