El saludo de O’Higgins a San Martín en el campo de batalla
El saludo de O’Higgins a San Martín en el campo de batalla

Era el 5 de abril de 1818. Apenas 17 días antes, el Ejército Unido que conformaban argentinos y chilenos había sufrido una derrota y se había dispersado al ser atacado por sorpresa en Cancha Rayada. En ese breve lapso de tiempo, San Martín reorganizó las tropas y las alistó para librar la batalla definitiva de la independencia de Chile y la que le abriría el camino hacia el Perú.

En enero de 1817, el Ejército de Los Andes había iniciado el cruce de los Andes y el 12 de febrero de ese mismo año tenía lugar la decisiva batalla de Chacabuco, que les dio a los patriotas el control del centro de Chile y de la Capital, Santiago. Se disipaba así la posibilidad de una campaña contra Buenos Aires, pero las fuerzas realistas no habían sido aniquiladas.

No sólo se reagrupaban en el sur de Chile, sino que, al concluir en Europa las guerras napoleónicas, muchos oficiales veteranos y soldados fogueados en esas batallas quedaron disponibles para enrolarse en el ejército realista en América.

El general Mariano Osorio, al mando de esas tropas realistas reforzadas por elementos venidos de España y de Perú, desembarca en el sur de Chile, donde cuenta con apoyo de parte de la población local, criolla e indígena, y ataca al Ejército Unido en Cancha Rayada de noche y por sorpresa.

Este revés pasó a la historia como "desastre" de Cancha Rayada porque, además de las bajas y la pérdida de material bélico, causó una gran desmoralización y confusión, ya que se creía incluso que San Martín y Bernardo O'Higgins habían muerto. En Santiago cundió el pánico al llegar estos rumores.

En Cancha Rayada, un rol clave lo jugó el coronel Juan Gregorio de Las Heras, uno de los pocos oficiales que en medio de la confusión general logró poner a salvo su división.

Juan Gregorio de Las Heras: su papel fue clave en Cancha Rayada y en Maipú
Juan Gregorio de Las Heras: su papel fue clave en Cancha Rayada y en Maipú

Al Ejército Unido se lo consideró perdido. Y, si los realistas no hubiesen tenido algunas hesitaciones, Cancha Rayada pudo llevar a una catástrofe definitiva.

La incertidumbre en Santiago concluyó cuando el 25 de marzo llegaron San Martín y O'Higgins y el 28, hizo lo propio Las Heras con las fuerzas que había logrado preservar.

De inmediato, San Martín se abocó a la tarea de reorganizar el Ejército, lo que se logró concretar en poco tiempo, si consideramos que Maipú tuvo lugar el 5 de abril, apenas 17 días después de Cancha Rayada.

Finalmente, los patriotas logran reunir una tropa de 5000 soldados y suboficiales y casi 400 jefes y oficiales.

Entretanto, los realistas creen al ejército patriota mucho más disperso de lo que en realidad estaba y por lo tanto no se apuran en su marcha hacia Santiago. Eso le dará tiempo a San Martín para reconcentrar todas sus tropas en las afueras de Santiago, e incluso reclutar más soldados.

El 2 de abril, el Ejército de San Martín se instala en una planicie al sur de Santiago, delimitada por el río Maipo.

Sus fuerzas están organizadas en dos divisiones, una comandada por Las Heras, la otra por Rudecindo Alvarado.

Disponen de 21 piezas de artillería. El ejército realista que van a enfrentar tiene 5300 hombres y 14 piezas de artillería. Las fuerzas en juego son bastante parejas.

A diferencia de la batalla de Chacabuco, en la que el grueso del ejército realista estaba integrado por chilenos, en las tropas con las que Osorio librará la batalla de Maipú hay numerosos españoles peninsulares y otros venidos de Perú.

En vez de avanzar directa y velozmente sobre Santiago, Osorio toma un camino oblicuo con la intención de instalarse entre Santiago y la costa para poder replegarse sobre Valparaíso en caso de contraste. Es una demora que también favorecerá al Ejército Unido.

San Martín se posiciona en una elevación del terreno, Loma Blanca, mientras que los realistas hacen campamento en la hacienda Lo Espejo, de difícil acceso. O'Higgins, herido en un brazo en Cancha Rayada, permanece en Santiago.   

Aquí los realistas cometen otro error: despliegan todas sus fuerzas a lo largo de una misma línea sin dejar una tropa de reserva detrás. Es lo que, al amanecer del día 5, hará exclamar a San Martín: "Qué brutos son estos godos". Y pronosticó: "El triunfo de este día es nuestro. El sol por testigo".

Esquema de la Batalla de Maipú (Infografía: Ejército argentino)
Esquema de la Batalla de Maipú (Infografía: Ejército argentino)

Al tener los realistas todas sus fuerzas desplegadas en una línea, si los patriotas lograban atravesarla, no habría de dónde sacar refuerzos. San Martín, en cambio, pese a su confianza en el triunfo, establece una línea de reserva. Forma tres divisiones: a la izquierda, Las Heras, a la derecha, Alvarado, en el medio de las dos divisiones coloca la artillería y detrás la reserva, al mando del coronel Hilarión de la Quintana.

La reserva es algo que todo jefe militar debe tener; es el reaseguro frente a lo imprevisto. 

Antes de entrar en acción, San Martín le dice a su Estado Mayor: "Esta batalla va a decidir la suerte de toda la América y es preferible una muerte honrosa en el campo del honor a sufrirla de manos de nuestros verdugos. Yo estoy seguro de la victoria".

Rudecindo Alvarado
Rudecindo Alvarado
 

El ataque lo inicia Las Heras contra la caballería de Joaquín Primo de Rivera y logra dispersarla aislando así al ala izquierda del enemigo.

Un primer ataque de Alvarado es rechazado por Osorio que sin embargo no puede sacarle provecho a esta ventaja porque la artillería patriota no le da tregua. San Martín ordena a la reserva marchar para proteger el flanco izquierdo y ataca oblicuamente a los españoles.

O'Higgins, ansioso, llega al campo de batalla a las 5 de la tarde. Las fuerzas realistas ya se habían replegado a Lo Espejo y San Martín preparaba la embestida final.

Es entonces que se produce el célebre encuentro entre ambos, la escena inmortalizada en la cual O'Higgins lo abraza con su brazo sano y exclama: "¡Gloria al salvador de Chile!"

El combate fue sangriento porque los realistas estaban bien atrincherados en las casas de Lo Espejo, hubo que usar artillería. El ejército español fue totalmente destruido. 

En las filas patriotas, hubo 800 muertos y 1500 heridos. En las filas realistas, los muertos fueron 1500 y hubo 2460 prisioneros.

Maipú fue una victoria completa, decisiva. Esta batalla fue clave porque abre a San Martín la vía para continuar la campaña hacia Perú.

Por el contrario, de haber sido derrotados los patriotas, no sólo se hubiera perdido Chile; también hubiera vuelto imposible continuar la campaña libertadora y habría implicado un nuevo aislamiento para las Provincias Unidas.

Con Maipú desaparecía la última esperanza del Virreinato de someter Chile.

MÁS SOBRE ESTE TEMA: