Martín Sivak Foto: Fabián Mattiazzi/GENTE
Martín Sivak Foto: Fabián Mattiazzi/GENTE

El periodista y escritor Martín Sivak, autor de El salto de papá, logró un reconfortante éxito con la historia de su padre, Jorge Sivak. Hermano de Osvaldo (secuestrado y asesinado en 1987), se suicidó en 1990, el día que quebró su empresa. Riguroso y a la vez entrañable, el libro recopila testimonios, historias íntimas y pinta toda una época.

Generoso, comunista, hincha de Independiente, admirador del Che, Fidel y Bochini, empresario, banquero marxista, amigo querible, padre didáctico y compinche y, desde la genial creación de su hijo mayor, Martín, un entrañable personaje de libro.

Gran parte de la sociedad ya recordaba el nombre de Jorge Sivak por dos motivos, ambos funestos: primero, el secuestro y muerte de su hermano Osvaldo, en 1987, un caso que acaparó la atención de todo el país; luego, su propio suicidio, el 5 de diciembre de 1990, cuando se arrojó de un 16º piso, el día que decretaron la quiebra de su empresa.

Los hermanos Sivak de traje. Foto: Archivo/GENTE
Los hermanos Sivak de traje. Foto: Archivo/GENTE

Martín tenía 15 años; su hermano Gabo, cuatro menos. Pero claro: muchas veces, la historia "pública" de las personas queda supeditada a unos pocos aspectos, los que más impactan, los estruendosos, y se cometen flagrantes injusticias.

Martín Sivak (42) nos devolvió otra cosa: un delicioso perfil, una evocación que trasciende el género y narra con rigor periodístico (y humor, amor y nostalgia) la vida de su padre. "Lo que no me esperaba fue la respuesta de la gente, sobre todo de aquellos que no lo conocieron… Es lo más hermoso que me queda", cuenta Martín acerca de El salto de papá (307 páginas, Seix Barral), que ya va por su cuarta edición, para muchos, el libro del año.

–¿Cuál fue el hecho que te impulsó a escribir sobre tu papá?

–Mirá, fue un proceso… Primero, en 2001, cuando trabajaba en la revista XXIII, tuve el primer impulso. Pero no se trataba de un libro, sino una especie de semblanza, para siete u ocho amigos, para mi hermano, que fui construyendo de a poco. Se las mandé por mail, justo el 5 de diciembre (veintiún años después de su muerte). Según mi visión de aquella época, el periodista nunca tenía que escribir de su vida privada; después cambié. Fue muy hermoso lo que me dijeron en ese momento. Y para mí, una especie de alivio por escribir algo de papá. Después empecé a vivir afuera (un año en Londres, uno y medio en Bolivia y tres en Nueva York) y,cada vez que volvía, sentía más la ausencia de mi papá y mi mamá… Un poco de nostalgia, dolor… En uno de esos viajes empecé a pensar en escribir sobre mi papá. Para perder el pudor, me ayudó mucho leer varias biografías padre-hijo, fue muy importante. También tenía muy atragantado y atravesado lo de mi tío, así que el primer capítulo largo que escribí fue sobre Osvaldo. Y al poco tiempo del nacimiento de mi hijo (Camilo, hoy de siete años), escribí casi compulsivamente.

–¿Te planteaste si la gente iba a interesarse por la vida de tu papá? Su nombre rozó a la opinión pública, pero fue hace mucho y no muy intensamente…

–Mi papá fue conocido porque a su hermano lo secuestraron y mataron. Y no habrá sido el argentino promedio, por ciertas circunstancias que atravesó en su vida… pero eso no lo hacía "biografiable". El tema era encontrar el tono, convertir a mi papá en un personaje de libro, no hacer catarsis.

Jorge y Osvaldo Sivak de pequeños.
Jorge y Osvaldo Sivak de pequeños.

–Y eso está muy logrado.

–Al menos, no creo que el libro tenga golpes bajos. Una de las cosas más lindas y emocionantes para mí fue encontrarme con el cariño de sus amigos. Realmente sentí afecto genuino. Y los fui a ver cuando ya no era un chico de quince años huérfano, al que le tenían que vender una historia para consolarlo. Y todos terminaban llorando. Reafirmé que mi papá fue un tipo generoso, una persona desprendida que quería ayudar a la gente. En las entrevistas aparecía mucho eso. Me ayudó a seguir adelante con el trabajo, me daba más ganas.

–La única mirada distinta es la de Marta Oyhanarte, la viuda de tu tío Osvaldo.

–Ella, a dos meses del entierro de su marido, publicó un libro que era su diario íntimo, que mostraba mucha crueldad y ensañamiento con mi papá. Fue muy doloroso para mi papá, al punto que nos escondió ese libro; lo leí mucho después y me quedaba la sensación de que ella lo convertía en culpable, no en otra víctima. Aparece tratado como un delirante, que no se ocupaba de su hermano, que manejaba mal la empresa, que iba desprolijo a todos lados, que divagaba… Mi papá, durante todos esos años, entregó todo para reencontrarse con su hermano. Es una cosa muy cruel y dolorosa. Mi papá nunca le contestó públicamente a Marta y jamás volvimos a tener relación. La volví a ver recién en el año 2000, cuando ella reivindicó a mi papá como parte de una campaña política, cuando estaba con Domingo Cavallo. Ahí sí la llamé, nos reunimos y le pedí que no volviera a usar el nombre de mi padre. No nos vimos más.

 

–Este ejercicio narrativo te regaló "nuevos recuerdos" de tu padre. De los que ya tenías, ¿cuáles son tus favoritos?

–Me encantaban sus frases, por ejemplo. Tenía muchas y una en particular me divertía: "A llorar a la llorería", decía, en relación a saber perder. Hasta la pensé como posible título del libro.Y muchos de los recuerdos más lindos tienen que ver con Independiente, ir juntos a la cancha… Después, algunos viajes que hacíamos los cuatro en familia, cuando él quería escapar de todos los problemas, lo de Osvaldo, la empresa… Los sábados a la noche nos íbamos, sin los custodios. El era una persona muy optimista y jamás se dejaba ver abatido, hasta que se deprimió y se entregó. Era didáctico, le gustaba enseñarnos cosas, nos llevaba al escritorio y ahí charlábamos…

Foto: Fabián Mattiazzi/GENTE
Foto: Fabián Mattiazzi/GENTE

–Quizás ahí fuiste forjando tu vocación periodística.

–Puede ser. El estimulaba la curiosidad, la sed de conocimiento. Mi hijo Camilo también es muy preguntón, me encanta.

–¿Cómo te armaste a tus 15 años para seguir adelante, tras el suicido de tu papá?

–Y… al principio tuvimos que acomodarnos, mamá estaba muy afectada, nos tuvimos que mudar porque no podíamos mantener una casa tan grande. Y lentamente fuimos rearmándonos. Mi mamá era psicóloga, no ejercía, y tuvo que salir a trabajar. Mi hermano Gabriel es músico, muy estudioso; y se fue a vivir a Europa y hace quince años que está en París. Costó, lo lógico, pero tampoco fue una cosa que nos arrasó.

–¿Qué repercusiones tenés de los lectores?

–No deja de sorprenderme y reconfortarme. Algunos me dijeron cosas muy fuertes: "Gracias a tu libro me reencontré con mi papá; no conocí al tuyo pero lo quiero mucho, me hubiera gustado ser su amigo". Para mí es muy fuerte. No lo escribí con tono trágico, y creo que es una de las claves. Lloré, saqué broncas afuera, pero también me divertí.

Por Eduardo Bejuk. Fotos: Fabián Mattiazzi, archivo Atlántida-Televisa y álbum personal de M.S

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