Nicolás Cabré (37) camina por los pasillos de la Televisión Pública y se siente "maravillosamente bien". Así lo dice. Cuéntame cómo pasó, la tira que se ve de lunes a jueves, a las 22, y que narra la historia de una familia típica del Conurbano entre 1974 y 1983, supone una evocación fenomenal de aquella época no tan lejana, marcada a fuego en la memoria colectiva.

Cabré, siempre en busca de nuevos desafíos, comparte elenco con Malena Solda, Carola Reyna, Carlos PortaluppiLudovico Di Santo, Franco Masini y Candela Vetrano, entre otros. "Hacía más de 25 años que no se realizaba un programa producido exclusivamente por el canal. Y si hace un año me preguntabas si haría TV y teatro a la vez, te contestaba que ni loco. Pero esta oportunidad de volver a la TV Pública no la quería desaprovechar. Es un lugar donde la paso muy bien y donde respetan mis tiempos. Porque la vida de mi hija no se modifica en lo más mínimo. La voy a buscar al colegio, la llevo a natación… Y acá Rufina (4 años, fruto de su relación con la China Suárez) viene con el monopatín, anda por todos lados. Hoy por hoy, priorizo los lugares donde quiero estar y donde me siento contento. Y me pasa en el teatro, también", cuenta Nicolás.

–Ya habías quedado encantado cuando hiciste Variaciones Walsh.
–Pasa que es otra manera de hacer televisión, sin tantas presiones. Nadie te viene a hablar de rating. Sólo le dedicás toda tu energía a hacer un buen programa.

–Esta tira, además, promete mucho.
–Me parece una gran oportunidad para que la familia se junte a verla y los grandes compartan sus vivencias con los más chicos. Me pasa con Franco (Masini), que a sus 23 años da por sentadas cosas que en esa época ni existían. Por ejemplo, festejar que al fin te instalaron el teléfono, después de pedirlo durante ocho años.

No quería desaprovechar esta oportunidad de volver a la TV Pública. Es un lugar donde la paso muy bien y donde respetan mis tiempos

–Es la historia de una familia laburante, como la tuya.
–Sí, de clase media baja, que va viviendo situaciones al compás del país y cada uno las interpreta a su manera. Es tan distinto todo… Desde lo social, por ejemplo, un tema como la infidelidad no se maneja igual hoy que hace 50 años. Antes, si se descubría, se callaba y de eso no se hablaba más.

–Creciste en los 80'. ¿Añorás cosas de esa época?
–Algunas sí. Antes se sacaba la silla a la calle para tomar mate, y las puertas estaban abiertas hasta el fondo. Mi abuelo lo hacía mientras yo jugaba con mi hermano. Son recuerdos muy felices.

–¿Cómo te preparaste para tu papel?
–Le saqué muchos gestos e ideas a mi abuelo, Ramón, para componer este personaje. Tengo un recuerdo muy presente de él y de todos mis abuelos. Hay como una línea de pensamiento y sé qué hubiese dicho en tal circunstancia y cómo reaccionaría.

–El programa, obviamente, toca cuestiones sociales, culturales y políticas.
–Están todas las miradas. Los jóvenes montoneros, los pro-militares, los que defienden la teoría de los dos demonios, el que mira de costado y se hace el que no entiende… Mi personaje tiene como esa línea, de tratar de mantener unida a la familia. A mí no me preocupa, porque estoy actuando y hasta es lindo de hacer eso de tener que decir cosas incorrectas o erradas. Ahí está la riqueza del programa.

–Mueve a la reflexión.
–Claro. Yo, personalmente, soy apolítico: no entiendo, no me meto, no opino. A quién voto o respaldo es un tema privado, del que nunca hablé ni hablaré jamás. En mi familia había un radical y un peronista. Cuando empezaban a discutir, mi abuela decía: "En esta casa, de política no se habla". Eso me marcó.

–Vivimos una época donde el rating manda. ¿A vos nunca te quitó el sueño?
–Obviamente, deseo que nos vaya súper bien, pero no trabajo para el rating. Tuve la suerte de participar en programas muy exitosos, pero si no me gustaba o había cosas que para mí estaban mal hechas, me angustiaba. Y eso los 30 puntos no me lo sacaban…

–¿No es terrible esa presión?
–Mirá, podés estar más o menos de acuerdo, pero son las reglas. Pasa que hoy se vive con una velocidad impresionante, y cada vez es peor. Pasás de ser un dios a no ser nada.

–¿Te sigue apasionando ser actor?
–Disfruto mucho lo que hago. No quiero decir que si no lo hago me muero. Es mi trabajo. Pero hoy me permito disfrutarlo de otra manera; mi prioridad es otra: mi hija. No quiero perderme nada, darme vuelta y que haya cumplido 18 años… Ella es lo que me hace feliz.

–Atravesás un buen momento de tu vida…
–Estoy tranquilo. Sabiendo que estoy haciendo lo que quiero, con la gente que quiero.

–Hablabas del vértigo de estos tiempos. Vos tuviste la lucidez de ir poniendo el freno.
–No sé si por lúcido. Tengo otro ritmo. ¡Si hasta disfruto de dormir la siesta! Y las luces, los grandes eventos… nunca me creí todo eso. De mí decían que era lindo, me rotulaban de "galancito"… Y, la verdad, tuve la suerte de irme de vacaciones a otros países, donde no me conocían, y las chicas no se daban vuelta a mirarme por la calle, eh… La realidad es otra. A mí hay cosas que no me gustan y choqué mucho por decirlas.

Las luces, los grandes eventos… Nunca me creí todo eso. Hay cosas que no me gustan y choqué mucho por decirlas

–Impusiste tus convicciones.

–No traicioné lo que me enseñaron. Mi papá, mi héroe de por vida, me enseñó todo lo que sé. Fue difícil. Había cosas que se decían, y hoy a lo mejor se siguen diciendo, que eran terribles… Pero a mí me enorgullece que algunas personas estén en la vereda de enfrente.

–¿Lo extrañás?
–¿Al viejo? Y… era… lo más grande que había. Lo extraño. Pero siempre está conmigo.

–Vos arrancaste en la tele muy chiquito, con Flavia Palmiero. Y con Rufina, me parece, el camino podría ser el mismo, teniendo en cuenta que sus padres…
–Je, no sé. Ella hará lo que quiera. Acá la pasa bárbaro. Los sábados me dice: "¿Nos vamos al canal?". Y en Sugar, imaginate: se peina, se maquilla, está de fiesta. Falta mucho, ya veremos… Si quiere ser actriz estudiará teatro, si quiere ser cantante estudiará canto, pero tiene que ser niña, jugar… Todo a su tiempo.

–Como actor, ya sabemos. Y como papá, ¿qué tal sos?
–Ojalá que pueda ser el 50% de lo que fue mi papá conmigo.

Por Eduardo Bejuk. Fotos: Alejandro Carra

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