Inglés en Malta, italiano en Roma, resiliencia y cambio cultural: seniors que viajan para aprender idiomas

Protagonistas de esta tendencia cuentan cómo su participación en cursos internacionales los impulsó a retomar proyectos pospuestos y les permitió crear vínculos que transformaron su sentido de pertenencia y propósito

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Valletta, Malta. (Adobe Stock)
Valletta, Malta. (Adobe Stock)

Carlos Bellisio es un ayudante científico retirado que participó de 40 campañas antárticas. En breve viaja a Roma para su primera experiencia de aprendizaje de un idioma por inmersión.

Carlos contó a Infobae que empezó a viajar a la Antártida con su padre: “Mi papá era doctor en Ciencias Naturales, biólogo marino, ictiólogo y especialista en peces del mar argentino y de la Antártida”.

Se retiró hace dos años y asegura que, contra lo que esperaba, no extraña las campañas antárticas: “Yo pensé que me iba a volver loco, pero este ya es el tercer verano que no voy y no extraño, porque soy fanático de la música y voy a ver shows de jazz y de blues, tres a cuatro veces por semana. Entonces, eso me mantiene bien”.

Ahora, a los 68 años, emprenderá una experiencia que combina aprendizaje de algo nuevo con sociabilidad, algo que seguramente recomendarían todos los gerontólogos.

— ¿Usted aprendió el oficio de biólogo marino en la práctica, en el terreno?

— La gente piensa que por el frío no hay animales en la Antártida, pero está lleno de bichos adentro y afuera del agua. Está lleno de mucha vida.

Carlos dedicó toda su vida al estudio de la fauna antártica
Carlos dedicó toda su vida al estudio de la fauna antártica

— ¿Y qué hacían? ¿Un registro?

— Yo salía a trabajar con redes, con tres mallas, de distinto tamaño. Los peces quedaban enganchados y nosotros todos los días teníamos que ir a buscarlos para diferentes trabajos.

— ¿Después los devolvían?

— Muchos los devolvíamos. Ahora hay especies que están en estudio, hay tesis doctorales de distintas personas, y para eso hay que sacar del agua algunos ejemplares para trabajarlos en el laboratorio. No queda otra.

— ¿Qué otra fauna hay?

— Focas, pingüinos, leopardo marino, ballenas, elefante marino, etcétera.

— ¿Cuánto duraban esas excursiones?

— Mínimo un mes. Máximo, ocho meses. Pero la mayoría de las veces eran cuatro o cinco meses.

Aunque dejó atrás este trabajo apasionante, Bellisio encontró otras pasiones para ocupar su tiempo y mantiene la voluntad de emprender desafíos nuevos.

“Quiero viajar; de joven viajé bastante por América Latina. Ahora que tengo tiempo libre... Conocer gente de otros países me encanta, me fascina”, aclaró.

Eligió el italiano, porque el inglés nunca se le dio. Será un curso de tres semanas en Roma: “Soy muy sociable así que esto para mí es un paraíso. Conocés un lugar fantástico hablando italiano todo el tiempo”.

"Conocés un lugar fantástico hablando italiano todo el tiempo”, dice Carlos Bellisio sobre el viaje que está por emprender
"Conocés un lugar fantástico hablando italiano todo el tiempo”, dice Carlos Bellisio sobre el viaje que está por emprender

El paraíso al que alude son los viajes para aprender un idioma por inmersión, es decir, hablándolo todo el día.

Cada vez más adultos mayores optan por estudiar idiomas y vivir experiencias en el extranjero. Las motivaciones son diversas: desde la realización de proyectos postergados, hasta la apuesta a una mejora o cambio profesional, pasando por el deseo de desafiar estereotipos y ampliar horizontes vitales más allá de lo tradicionalmente asociado al envejecimiento.

En una reunión previa al viaje, en las oficinas de Education First (EF), sus responsables afirmaron que el interés por los cursos de idiomas y por experimentar la vida en otras culturas crece entre los mayores de 50 años. Las consultas por programas en el exterior se han duplicado en los últimos años. Este fenómeno refleja un cambio cultural: para muchos, la adultez es ahora una etapa de expansión y nuevos aprendizajes.

Pablo Del Río es un ingeniero en telecomunicaciones que decidió viajar tras años de posponer su sueño de mejorar el inglés y lo vivió como un logro y una inspiración para sus hijos. “Aún a esta edad, se puede mejorar y progresar”, explicó.

Un grupo diverso de personas está sentado en círculo en una sala moderna, observando una pantalla con el texto 'Cursos para adultos'
Participantes de 'Seniors por el mundo' asisten a una charla sobre cursos para adultos y la importancia de aprender idiomas viajando, explorando nuevas oportunidades de formación.

En otros casos, el proceso de aprendizaje en el extranjero representa un punto de inflexión en la vida personal. Para María Isabel Armando, el viaje fue el impulso necesario tras la pérdida de su pareja. Describió que “elegir viajar fue el primer paso para volver a la vida”.

Para muchos participantes, el viaje no es solo una oportunidad académica, sino también una herramienta para redefinir su presente y construir nuevas relaciones.

Los programas de EF para adultos mayores incluyen mucho más que clases tradicionales. Están diseñados para que el idioma se viva diariamente, a través de actividades culturales, excursiones y socialización con personas de distintas nacionalidades. El aprendizaje se apoya en la vivencia cotidiana: conversar, recorrer la ciudad, compartir rutinas e integrarse a grupos internacionales.

Para María Isabel Armando, convivir con culturas diversas generó una nueva sensación de bienestar: “Uno empieza a sentirse parte de algo más grande, como un verdadero ciudadano del mundo”, afirmó.

Explorar ciudades como Malta, Roma o Vancouver y utilizar el idioma en contextos reales aumenta la motivación y el disfrute, según relataron los participantes.

En la misma ocasión, el neurólogo Claudio Waisburg subrayó que “el cerebro tiene capacidad para generar nuevas conexiones y sinapsis hasta el final de la vida, lo que se conoce como neuroplasticidad”.

Grupo diverso de adultos sentados en una sala de reuniones moderna con un televisor que muestra 'EF ¡Muchas gracias!', una planta y luz natural de ventanas
Participantes de la 'Generación Silver' y organizadores discuten las oportunidades de aprender idiomas viajando, destacando programas para seniors por el mundo en un ambiente colaborativo y moderno.

Aprender idiomas y adaptarse a entornos nuevos plantea un desafío que activa el cerebro, eleva la autoconfianza y genera beneficios emocionales concretos. Destacó la sensación de logro personal, el fortalecimiento de la memoria y la creatividad. También el rol de los vínculos: “La socialización es lo que más eleva la mente, las relaciones profundas protegen contra el deterioro cognitivo”, señaló el especialista.

Natalia Gatica, responsable del programa 50+ de EF Argentina, también contó su experiencia: “Me dio perspectiva y me permitió tomar decisiones con mayor claridad”, compartió. El idioma deja de ser un obstáculo para convertirse en herramienta, dijo.

Participar de estas iniciativas permite a los adultos mayores no solo aprender una lengua, sino descubrir otras formas de disfrutar la vida y cambiar la percepción sobre sí mismos. Después de la experiencia, el mundo parece más cercano y las posibilidades, más accesibles.

EF está presente en 20 países y ofrece cursos en 7 idiomas en diferentes destinos. Al terminar el curso se puede pasar un examen optativo para tener un diploma, o bien simplemente obtener un certificado de asistencia.

Entre los participantes, la proporción de mujeres es de 80-20. El motivo, además de la mayor longevidad femenina, es que es más frecuente en la mujer lo de tener proyectos o sueños postergados.

En EF, se toman alumnos desde los 10 años, pero los que más socializan son los silver, aclaran. “En las reuniones previas al viaje son muy numerosos; con los más 50 creamos comunidad”, afirman.

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