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La Fiesta de los Vecinos: un refuerzo de vínculos que favorece a los silver, pero no sólo a ellos

Circula en redes sociales un relato anónimo sobre una situación vivida en un vecindario, que inspira a quienes se preguntan cómo combatir el aislamiento. El relato, quizás ficticio, recuerda sin embargo experiencias reales vividas en varias ciudades

Calle de la Humanidad, 8
Escena del film "Calle de la Humanidad, 8", que trata de la convivencia entre habitantes de un mismo edificio
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El texto evoca la soledad que paradójicamente puede vivirse en un edificio totalmente habitado y en una ciudad abarrotada. El estar rodeado de gente no garantiza acompañamiento, vínculos, ni cooperación, ni mucho menos amistad. Por el contrario, con frecuencia el hormiguero humano favorece el anonimato, el aislamiento y una soledad tanto más dolorosa cuanto basada en la indiferencia.

Este es el testimonio en primera persona que circula en redes y que evoca este tipo de situaciones y cómo la voluntad y creatividad humanas pueden superarla. Y a continuación, un resumen de una experiencia desarrollada en ciudades de Francia que llegó a ser reflejada en el cine.

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“Vivo en un edificio de 12 departamentos. Durante dos años, no conocí a ningún vecino. Nos cruzábamos en el pasillo. Hacíamos un breve gesto con la cabeza. Quizás nos decíamos hola. Luego desaparecíamos cada uno en nuestras vidas. Eso era normal. Así era vivir en la ciudad.

Fachada de un edificio residencial por la noche con múltiples ventanas y balcones iluminados, donde se observan siluetas de personas
Vivir rodeado de gente no garantiza acompañamiento. Los homrigueros humanos de las grandes ciudades favorecen el anonimato y una soledad dolorosa producto de la indiferencia (escena del film Calle de la Humanidad 8)

Luego alguien nuevo se mudó a la Unidad 3. Se llamaba Diana. Tenía unos 70 años, había enviudado hacía poco y se había mudado para estar más cerca de su hija. La primera semana, tocó a todas las puertas del edificio. Hola, soy Diana, de la unidad 3. Solo quería presentarme.

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La mayoría de la gente era educada, pero breve. No estábamos acostumbrados a esto. Pero Diana no captó la indirecta. La semana siguiente, dejó una nota en el vestíbulo: Comida compartida en el edificio. Este sábado: 18 horas. Traigan lo que quieran. O simplemente tráiganse ustedes mismos.

Casi no voy. Pero llegó el sábado y pude oír voces en el vestíbulo. Aparecieron cinco personas. De doce unidades. Al principio, nos quedamos parados, incómodos. Diana había preparado suficiente comida para veinte personas. Por si acaso, dijo sonriendo.

Hablamos. Conversaciones reales. Resultó que el joven de la Unidad 7 era músico. La mujer de la unidad 10 acababa de tener un bebé. La pareja de la unidad 5 tenía una panadería. Habíamos vivido uno encima del otro durante años y no sabíamos nada el uno del otro.

Diana lo convirtió en algo mensual. Entonces alguien sugirió realizar un grupo de chat en el edificio. Para emergencias, dijeron. Pero se convirtió en algo más que eso. ¿Alguien tiene una escalera que me pueda prestar? Hice demasiada sopa. ¿Alguien quiere un poco? ¿Alguien puede alimentar a mi gato este fin de semana?

Cuando la mujer de la unidad 10 tuvo que regresar a trabajar, tres vecinos se ofrecieron a cuidar el bebé. Cuando el músico de la unidad 7 dio un concierto, ocho de nosotros nos presentamos para apoyarlo. Cuando el coche de alguien fue remolcado por la grúa, cuatro personas se ofrecieron a llevarlo.

Vista aérea de diez personas de diversas edades y apariencias de pie en un patio adoquinado. Hay edificios y algunas plantas en macetas en el fondo
Vecinos reunidos en un patio interior en una escena del film Calle de la Humanidad 8

El mes pasado, la hija de Diana me llamó. Diana se había caído y estaba en el hospital: nada grave, pero necesitaría ayuda durante unas semanas. Creamos un horario. Alguien le llevaba la comida todos los días. Otra persona la acompañaba a sus citas. Lloró cuando llegó a casa y vio el sistema que habíamos construido. Sólo quería conocer a mis vecinos, dijo.

Pero ella había hecho más que eso. Convirtió a doce desconocidos en cajas separadas en una comunidad que se apoya mutuamente. Todo porque ella tocaba puertas y se negaba a dejarnos permanecer aislados”.

La Fiesta de los Vecinos

En Francia, hace ya más de veinte años, Atanase Perifan creó, junto con un grupo de amigos, la asociación Paris de amigos, en el distrito 17 para reforzar los lazos de proximidad y movilizarse contra el aislamiento. La iniciativa, rebautizada en 1990 como Inmuebles en Fiesta y más tarde La Fiesta de los Vecinos, se extendió rápidamente por todo París y en las principales ciudades de Francia, para pasar luego a varios países de Europa y también a Canadá y Estados Unidos.

La idea era reunir, una vez al año, a los habitantes de un edificio o de una calle, para compartir un momento, en el cual cada quien trae algo de comida y bebida. Muchos vecinos que nunca habían cruzado palabra (salvo el saludo de rigor, infaltable entre los franceses) empezaron una relación de cooperación, que benefició no solo a los mayores sino también a los jóvenes que iniciaban su vida independiente. “Es como la fiesta en el pueblo”, decían algunos mayores que habían conocido otra forma de relacionarse cuando vivían fuera de la gran ciudad.

Ilustración de la ciudad de París con la Torre Eiffel y una hilera de edificios. Un gran sol naranja, personas verdes en un edificio rojo, ciervos y texto
Afiche de la película la Calle de la Humanidad, cuyo escenario es París

Un acontecimiento trágico marcó, incluso, un antes y un después en esta iniciativa. La canícula de 2003, que dejó un saldo de 15000 fallecidos, sobre todo gente mayor que no podía hidratarse o alimentarse adecuadamente en ese período de calor intenso, hizo que muchos se replantearan la relación entre vecinos, y se crearon redes como Voisins Solidaires, cuyo lema es “un proyecto para una vecindad más humana”, donde los vecinos pueden pedir y ofrecer algunos pequeños servicios. Se crearon entonces acciones para problemas específicos: Verano de los vecinos, para el momento en el que mucha gente parte de vacaciones y los mayores quedan aislados, Frío intenso, Ascensor fuera de servicio, la Navidad de los vecinos, etc.

La pandemia, con su período de aislamiento social reforzó este tipo de vínculos, y muchos jóvenes se ofrecieron a ayudar a los mayores a realizar compras e incluso a mantener algún tipo de relación con el exterior. Algunas películas reflejan esta nueva realidad, como la francesa Calle de la Humanidad, 8, que narra las vicisitudes de un grupo de vecinos residentes en un edificio típico de París, protagonizada entre otros por el comediante Dany Boon.

Una familia (dos adultos, una niña) con mascarillas aplaude desde un balcón por la noche, con carteles de agradecimiento a trabajadores esenciales
La canícula de 2003 y la pandemia de 2020 pusieron en evidencia la importancia de los vínculos solidarios. En Calle de la Humanidad, vecinos agradeciendo a los trabajadores esenciales por su labor

Es de esperar que estas iniciativas, que nacen de alguna vecina amable y solidaria como la Diana del relato, o que se inspiran en la ya célebre Fiesta de los vecinos, se multipliquen y sean ejemplo de una vida más integrada, que contemple la necesidad de socialización de los adultos mayores, pero también la de muchos jóvenes aislados en la ciudad, contribuyendo efectivamente al intercambio generacional.

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