Los bloopers de Milei ante el regreso de la inflación crónica

Mientras los datos del Indec dejan en evidencia fallas graves en el diagnóstico y en la planificación del programa económico. El Presidente utiliza datos incorrectos para sus proyecciones y cita papers que no leyó en las redes sociales

Guardar
AmCham Summit 2026 - Javier Milei
El presidente Javier Milei

En las horas posteriores a la difusión de la inflación de marzo, ese 3,4 por ciento que le produjo “repugnancia” al presidente Javier Milei, se desató un interesante y natural debate sobre causas, responsables y soluciones alternativas al serio problema que refleja ese índice. En ese contexto, la periodista Julieta Tarrés citó un paper que recorre ciento ocho experiencias exitosas de reducción de la inflación. De ese trabajo se deducía que no se trata de un proceso sencillo ni, mucho menos, rápido y que puede haber reversiones parciales. Tarrés concluyó que era razonable tener paciencia y comprensión hacia el Gobierno que enfrenta ese desafío y que, además, ya ha logrado éxitos parciales.

Al rato, Milei reposteó el clip de esa intervención y le agregó un texto camorrero. “TREMENDA CLASE EMPÍRICA. Aquí se nota la diferencia entre quienes trabajan seriamente, buscando datos y material riguroso y los brutos que opinan sin fundamento alguno. CIAO!”. El saludo final sugería que el tuit cerraba ahí, pero el Presidente luego agregó un posdata. “PD: ayer una bestia decía que si la inflación sube por caída en la demanda de dinero es negar la naturaleza monetaria de la inflación y que es prueba de multicausalidad”.

El autor del paper citado por Tarrés y elogiado por Milei es un economista llamado Fernando Morra. Al leer lo que escribió Milei, intervino: “Estimado presidente: como autor del paper, la evidencia muestra algo más complejo que solo “monetario”: desinflaciones exitosas combinaron tipo de cambio alto inicial, dinámica externa, políticas de ingresos con aumentos de salarios y crecimiento. Quizá valga la pena leerlo”. Además de ser un respetado académico, Morra fue viceministro de Economía. El ministro, en ese tiempo, era Martín Guzmán y el presidente, Alberto Fernández.

Tuit de Fernando Morra
Tuit de Fernando Morra

De manera que el Presidente citó un paper que no había leído, o que había leído y no había entendido, o del que no tenía la menor idea de su existencia o de su autor y, mucho menos, de sus conclusiones, que cuestionan en parte su programa económico. Tal vez de verdad sería necesario que lo leyera porque se trata de un recorrido muy exhaustivo y meticuloso sobre otras experiencias exitosas en eso que él está fallando. Pero además, en ese contexto, calificó a otras personas de “bestias” y “burros”.

Ese blooper fue menor al lado de otros que, alrededor del problema de la inflación –nada menos— el Presidente protagoniza con frecuencia. El Gobierno pronosticó en el Presupuesto que en todo el año 2026 la inflación sería de un 10 por ciento. Como está visto, en solo tres meses se produjo ese aumento del nivel general de precios. El error de cálculo fue gigantesco. ¿Se equivocaron? ¿No tenían idea de lo que estaba pasando? ¿Mintieron para generar falsas expectativas? ¿Se dejaron llevar por el voluntarismo? Ninguna respuesta sería tranquilizadora. Pero, al menos, debería haber alguna.

La alta inflación de febrero, 2,9 por ciento, ya había exhibido, otra vez, las debilidades del programa económico. Entonces, el Presidente, en lugar de razonar sobre el asunto desató una fiesta al enterarse que la inflación mayorista de febrero había sido menor al 1 por ciento. Como él mismo había pronosticado que en agosto la inflación minorista empezaría con “cero coma”, se dedicó a tuitear incansablemente el dato, como si significara algo. “¡Grande Javo!“, lo celebraba su gente en las redes.

Luis Toto Caputo Javier Milei
Javier Milei y Luis Caputo

Mientras, el Presidente calculaba que la inflación anual viajaba al 17 por ciento. Un montón de economistas serios le advirtió que la inflación mayorista no era una buena referencia anticipatoria, que se equivocaba en algo muy elemental, y le recordó que, por ejemplo, en abril del año pasado hubo deflación mayorista y, sin embargo, desde entonces la minorista no paró de crecer. La respuesta fue la de siempre: mandriles, kukas, brutos, bestias.

Si el Presidente hubiera tenido razón, entonces, la inflación minorista al menos habría bajado del 2,9 de febrero. Pero este martes se conoció que, al contrario, trepó al 3,4 (o un poco más, si se midiera con la canasta de bienes que propone el Indec y que el Gobierno prohibe). Así que el cálculo del Presupuesto fue muy equivocado y la utilización de la inflación mayorista como anticipo de la minorista fue un error técnico bastante previsible aun para quienes no aspiran a ningún premio nobel.

Pero la sucesión de bloopers no terminó ahí.

El jueves, dos días después de conocerse el 3,4 minorista de marzo, el Indec informó que los precios mayoristas subieron también al 3,4: ¡más que el triple del mes anterior! Si cuando subían al 1 por ciento, la inflación, según el Presidente, viajaba al 17 anual, ahora que suben al 3,4 mensual, ¿a que velocidad anual viaja? A ojo, daría cerca de un 60 por ciento.

El Presidente, mientras calificaba de brutos y bestias a otros, citaba a un paper que no había leído -o que no había entendido-, pronosticaba que la inflación anual iba a ser como fue la trimestral, cometía errores técnicos de principiante al citar la inflación mayorista como un predictivo de la minorista, proyectaba de nuevo la inflación anual en base a datos puntuales que no se usan para eso, y desconocía la dinámica diaria de los precios mayoristas.

Hace muchos años, el ex vicepresidente y ministro de Economía de Uruguay, Danilo Astori explicó que los países pueden crecer de distinta manera. “Lo que nunca he visto es que crecieran en medio del desorden”, dijo. Astori fue el hombre clave en el éxito del programa económico del Frente Amplio, que logró una estabilidad inédita en la historia uruguaya. De la misma manera, se podría decir que ha habido muchas formas de derrotar la inflación: ninguna debe haber incluido tantos errores técnicos, pronósticos fallidos, apelaciones a textos que no se conocen, agresiones a quienes proponen miradas alternativas o conceptos tan extraños por parte de la persona que conduce el proceso.

Javier Milei habla en el Foro Económico del NOA 2026 en Tucumán
Nicolas Nuñez

En los próximos meses, el Gobierno parece destinado a enfrentar los desafíos más duros de su gestión. La inflación es realmente alta. Pero podría ser más alta si no estuviera sujetada por múltiples anclas: el ancla salarial, el ancla cambiaria, el ancla fiscal, el ancla de la obra pública inexistente, el ancla del aluvión de importados. Ese andamiaje genera caídas del consumo popular, cierre de empresas y comercios. Este mes cerraron sus puertas 2 mil emprendimientos que se suman a los 22 mil que ya lo habían hecho en los dos años previos. Un simple cálculo matemático permite percibir la aceleración de ese proceso. Hace ocho meses que cae la recaudación, lo que fuerza nuevos ajustes. El salario real se deteriora mes a mes.

Si el Gobierno pretende que haya actividad en la zona de la economía donde habita la mayoría de los argentinos, debería mover el dólar, o permitir el aumento de salarios o arrancar fuerte con la obra pública. Pero cualquiera de esas alternativas alimentaría la inflación. Al contrario, si quiere bajarla rápido, al menos con la batería de ideas que maneja, debería enfriar más la economía. Todo eso, encima, en un momento donde su relación con la sociedad aparece dañada. O sea: no hay demasiado espacio para pagar costos políticos extras, ya fuera por mayor inflación o menor actividad.

Pero el Presidente tiene muy en claro lo que debe hacer: más de lo mismo. Así lo aclaró horas después de conocerse el dato inflacionario:

-“La teoría económica y la evidencia empírica dicen que lo que tenemos que hacer es mantener el equilibrio fiscal, seguir apretando el equilibrio fiscal, seguir con la motosierra. La motosierra no se detiene. En la última reunión de gabinete di la orden expresa de que la motosierra no para”.

-“Vamos a seguir recortando el gasto público para seguir bajando los impuestos porque los impuestos son un robo. Vamos a continuar con la política monetaria apretada…Además vamos a seguir abriendo la economía porque cuando uno abre la economía se amplía el tamaño del mercado”.

-“Nuestros valores morales señalan que mentir está mal, que estafar o robar está mal. La moral como política de Estado dice que nosotros no nos vamos a apartar de ninguna manera de los valores judeo cristianos y vamos a atarnos del palo del barco, porque no vamos a escuchar los cantos de sirena”.

AmCham Summit 2026 - Javier Milei
Milei en la AmCham Summit 2026

De manera que Milei considera que hay una teoría económica y solo una, que deviene de la tradición judeo cristiana, que su programa interpreta literalmente ese mandato y, por lo tanto, no admite ninguna modificación. En pocas palabras, esa teoría sostiene que, ante cada dificultad, más ajuste, más desregulación, más apertura, más motosierra.

Se trata de una demostración interesantísima sobre cómo funciona el pensamiento religioso. No admite ningún contraste con la realidad. Contra todos los pronósticos presidenciales, la inflación ha crecido mes a mes durante el último año. Todas las predicciones sobre el tiempo que tardaría en desplomarse la inflación gracias al ajuste inicial del Gobierno fueron derrotadas. El cálculo oficial para este año fue humillado por los hechos mismo. Es evidente que algo no cierra.

Para el pensamiento científico, esas advertencias representan un desafío a revisar los supuestos iniciales: tal vez se requieran modificaciones, instrumentos alternativos. Para un místico, para un creyente, las cosas no funcionan así: las convicciones no cambian. Hay una sola receta. Y si no funciona, se trata de aplicarla con más rigor. Entonces, lo que se espera es más ajuste, más despidos, menores salarios, más reducción de subsidios y, por lo tanto, mayores aumentos de tarifas. ¿No sería inteligente preguntarse los efectos que eso tendrá sobre la inflación y la actividad?

Mientras, el misticismo presidencial se expresa a cada paso. El jueves, horas antes de salir, una vez más, hacia el Estado de Israel, Milei posteó una foto de su mirada y le agregó el siguiente texto: “El hombre que camina con la Torá en el corazón posee la mirada del Tzadik (el justo). Es una mirada que no juzga por las apariencias superficiales sino que penetra hasta la esencia. Su determinación no flaquea ante las tormentas del destino porque recuerda la promesa: ‘Los que confían en el eterno son como el Monte Sión, que no se mueve, sino que permanece para siempre’”.