
El padre de Jordi Olloquequi fue diagnosticado a los 60 años con una enfermedad neurodegenerativa y eso fue una motivación en él para distinguir entre las falsas promesas o el excesivo optimismo de la ciencia médica -”vendedores de humo”, dice- y lo que realmente funciona o no.
Olloquequi es doctor en Biología y especialista en longevidad, en la neurociencia del envejecimiento. Es investigador del Instituto de Neurociencias de la Universidad de Barcelona y del Centro de Investigación Biomédica de Enfermedades Neurodegenerativas (Ciberned).
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“Aunque todo lo relacionado con el antienvejecimiento hoy día esté de moda y se esté construyendo todo un negocio a su alrededor, hay que alejarse de lo mágico y de las teorías pseudocientíficas, para acercarse a lo que sí sostiene la mano de la ciencia, de la buena ciencia”, dijo recientemente al diario El Mundo.
En su libro, a través de la imagen de una “ciudad cerebral”, la Neurópolis, Olloquequi explica de una manera gráfica y amena cómo funcionan el cerebro, las neuronas y el sistema nervioso. Cada barrio representa las diferentes zonas del cerebro.
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Entrevistado por Montse Elías para la Televisión Española por la salida de su libro Antiaging para el cerebro (Paidós), Olloquequi explicó que, aun si no se padece una enfermedad neurodegenerativa, “con el envejecimiento normal, fisiológico, hay una reducción de la masa cerebral, todo el cerebro se nos va encogiendo un poquito a partir de cierta edad”.

Lo que más preocupa, o tal vez lo más notorio, es el encogimiento del hipocampo, “la región que está asociada a los recuerdos” que es lo que “nos hace perder la memoria”.
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¿Se puede recuperar el tamaño del cerebro?, fue una pregunta. “Recuperarlo, no. De momento, no hay ningún estudio que claramente nos demuestre que esto es posible”, admite, pero sí se puede ralentizar ese encogimiento cerebral que se da de forma natural con el envejecimiento.
Las estrategias que recomienda van desde leer un libro hasta la vida de relación, pasando por el ejercicio físico y la dieta.
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“Se ha visto que en las personas que leen este encogimiento cerebral es más lento” y “las personas que hacen ejercicio de forma constante, sobre todo si han empezado a hacerlo cuando eran jóvenes y lo han mantenido a lo largo de la vida, pueden frenar el uno o dos por ciento de encogimiento cerebral que hay cada año a partir de cierta edad”.
Tradicionalmente, “se ha privilegiado el ejercicio cardiovascular” que “es beneficioso para todos nuestros órganos y tejidos, y también para el cerebro, porque el ejercicio hace que se fabrique una molécula que actúa como una especie de elixir para las neuronas, las hace funcionar de forma más efectiva, interconectarse mejor”. Pero “ahora también empieza a haber mucha evidencia de que el ejercicio de fuerza también tiene estos efectos positivos”.
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Por otra parte, se debe tener en cuenta que con el envejecimiento, los músculos también se van atrofiando. ”Acumulamos más grasa y vamos perdiendo musculatura. Nuestro metabolismo empieza a funcionar de otra manera, y llegar a determinadas edades con una musculatura que no es lo suficientemente fuerte nos predispone a caídas que pueden ser muy peligrosas”.
Puso el ejemplo -y casi todos conocemos uno- de “esa persona que con noventa y cinco años todavía vivía sola, era superautónoma, pero un día se rompió la cadera, se cayó y a partir de ahí pegó un bajón”. Por eso, subrayó, “no solo es importante el ejercicio cardiovascular, sino también el ejercicio de fuerza para llegar a las edades avanzadas con suficiente musculatura para poder afrontar estos momentos”.
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En cuanto a la alimentación, Olloquequi destaca la ventaja que tienen los españoles porque la dieta que les corresponde “por cultura”, la dieta mediterránea, “está en el top uno de las dietas más saludables del planeta”.
“Con lo cual, seguir una dieta mediterránea, rica en verduras, frutas, aceite de oliva, pescado azul, frutos secos, nos provee de una serie de nutrientes que son importantísimos para el buen funcionamiento de las neuronas”, detalló.
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Pero también están las “dietas” a evitar: el fast food, abundante en azúcares refinados, grasas saturadas. “Eso es venenoso -advierte-, nos inflama y acaba afectando a todo nuestro organismo y también a nuestras neuronas”. Los alimentos ultraprocesados deben evitarse siempre.
Los otros dos “venenos” son el tabaco y el alcohol. “Ambos son factores de riesgo muy importantes para la neurodegeneración”.
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En la entrevista con El Mundo, Olloquequi insistió: “La única e inigualable dieta mediterránea no deja de ser una colección de grandes éxitos de nutrientes saludables”.
A la pregunta de la periodista de TVE “¿campo o ciudad?”, respondió sin dudar: “Campo, campo”. Entre otras cosas, “porque la contaminación atmosférica también se ha revelado como un factor de riesgo muy importante a nivel neurodegenerativo”. Y agregó: “Quienes vivimos en grandes ciudades estamos expuestos a un grupo amplio de contaminantes aéreos que, inhalados, pueden llegar hasta el cerebro”, mientras que otros, aunque no lleguen, “causan una respuesta inflamatoria en todo el cuerpo que acaba afectando también al cerebro”.
Por lo tanto, evitar los ambientes contaminados también es una buena precaución antiaging.

Finalmente, habló de la autofagia, esa suerte de limpieza cerebral nocturna. “La autofagia es un mecanismo de las células para sobrevivir en los momentos en los que no hay alimento disponible. Las células tienen que buscar formas alternativas de conseguir la energía que necesitan para funcionar. Una de estas formas es la autofagia: la célula empieza a pasar revista y todas aquellas moléculas, aquellos orgánulos que ya no funcionan bien, que están oxidados, los destruye, los digiere y a partir de ahí obtiene energía para seguir funcionando. Entonces, cuando favorecemos este tipo de mecanismos de limpieza, estamos eliminando toxinas de nuestro cerebro”.
En consecuencia, dormir bien por la noche es esencial. Darle tiempo al cerebro para regular la inmunidad, el metabolismo y la función cardiovascular.
La receta, dijo Olloquequi a El Mundo -dormir bien, comer de forma equilibrada, hacer ejercicio y relacionarse socialmente- “parece sencilla, pero no lo es; el estilo de vida que llevamos lo complica”.
Sobre el cuarto ítem, aclara que “socializar a través de las redes no sirve; hay que volver a lo de siempre, encontrarse y dejar a un lado el móvil, hablar cara a cara”.
“La digitalización de la vida debe tener una cara B, analógica, en la que calculemos con los dedos, si hace falta, aprendamos a usar nuestro sentido de la orientación, el GPS interior, y leamos y escribamos en papel”, dijo.
Se puede ganar tiempo con la vuelta a hábitos de vida saludables. Son un básico, “pero es lo único que sí ha demostrado tener un efecto positivo”.
Podemos mitigar el impacto de la genética (que no controlamos); pero nuestros hábitos de vida, sobre los que sí tenemos el control, debemos encaminarlos hacia las estrategias que la ciencia ha demostrado que funcionan.
Todo esto requiere disciplina y revalorizar el descanso. Sacrificar horas de sueño impide a nuestro cerebro hacer tareas de limpieza imprescindibles.
En síntesis, no hay pastillas que sustituyan lo que hace el estilo de vida: dormir bien, comer sano, ejercitarse y relacionarse.
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