
El Martin Luther King Jr. Community Hospital de South Los Angeles advirtió que podría cerrar si no lograba una porción mayor de los fondos del Measure B, una recaudación del condado de Los Ángeles que en el año fiscal 2025 sumó $427 millones y cuya distribución estaba bajo revisión por el impacto que tendría perder el principal punto de atención de emergencia para cientos de miles de residentes.
La urgencia financiera se agravaba por un recorte previsto de entre $80 millones y $100 millones anuales a partir del próximo año, como efecto de la ley federal de 2025 conocida como One Big Beautiful Bill Act, o HR1, que modificó la elegibilidad y el financiamiento de Medicaid, según Los Angeles Times.
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Entre 2023 y 2025, el hospital necesitó cuatro rescates del estado y del condado por un total de $68 millones. De esa suma, $29 millones llegaron en dos desembolsos extraordinarios de fondos “sobrantes” del Measure B, porque el centro nunca recibió asignaciones permanentes de ese programa.
El hospital atiende más de 120.000 visitas al año en una sala de urgencias diseñada para 25.000
La situación se veía en la operación diaria. En el campus de Willowbrook, el hospital atendía pacientes en grandes carpas de estructura metálica instaladas sobre el pavimento exterior, mientras dentro de urgencias había camillas junto al puesto de enfermería, sillas plásticas duras en los pasillos y tratamientos en espacios diminutos separados por paneles bajos.
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El centro también duplicó la ocupación de muchas habitaciones individuales, convirtió su tienda de regalos en una sala de procedimientos y usó antiguos cuartos de meditación y salas de espera como áreas clínicas.

En ese marco, su servicio de urgencias tenía 29 camas, fue construido para 25.000 visitas anuales y ahora recibía más de 120.000.
Durante una recorrida por el departamento de emergencias, el vicepresidente de relaciones gubernamentales y comunitarias de MLK Community Healthcare, el doctor Atul Nakhasi, resumió la escena así.
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“En una de las ciudades más ricas, en uno de los estados más ricos del país, en el país más rico del mundo, en los Estados Unidos actuales, estamos atendiendo pacientes en cuatro carpas blancas sobre concreto negro. Eso es una locura”, remarcó.
Pese a que el hospital informó un ingreso neto de $14 millones en su último ejercicio fiscal, había operado con pérdidas en cada uno de los tres años anteriores.
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Su directora ejecutiva, la doctora Elaine Batchlor, dijo al diario que el centro ya tomó una serie de medidas para poder sostenerse.

El conflicto giraba en torno al destino del Measure B, un impuesto especial aprobado por los votantes del condado en 2002 para financiar el sistema de centros de trauma, los servicios médicos de emergencia y la respuesta ante bioterrorismo.
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Los fondos permanentes se asignaban a hospitales del condado y a hospitales privados con centros de trauma; los privados sin ese servicio, como MLK, solo competían por el remanente que superara la proyección oficial de recaudación.
MLK abrió en 2015 como entidad privada sin fines de lucro, después de que el Martin Luther King Jr./Drew Medical Center, operado por el condado, cerró en 2007 en medio de una crisis por atención médica deficiente. Desde su apertura, nunca recibió fondos permanentes del Measure B.
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La discusión enfrentaba a un hospital con mayoría de pacientes públicos y a centros con mejor situación financiera
En el último ejercicio, 13 hospitales privados con centros de trauma recibieron en conjunto $126 millones del Measure B. Entre ellos estuvo el Cedars-Sinai Medical Center, en Beverly Grove, que obtuvo cerca de $9,4 millones.
Cedars-Sinai contaba con casi 900 camas y 2.100 médicos. En su formulario fiscal federal 990 presentado en mayo, informó un ingreso neto de alrededor de $1.100 millones sobre más de $5.800 millones en ingresos y activos netos por $9.900 millones, un aumento de $1.000 millones frente al ejercicio previo.
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La vicepresidenta de relaciones gubernamentales e industriales de Cedars-Sinai, Stephanie Cohen, sostuvo en una carta del 8 de julio a funcionarios del condado, citada por el medio, que cambiar el sistema “podría desviar Measure B de su propósito previsto”.
La portavoz Sally Stewart añadió en una declaración enviada por correo electrónico que modificar la fórmula de reparto “corre el riesgo de socavar el sistema que Measure B fue diseñado para proteger y sostener”.
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Tony Weiss, director de relaciones con los medios de MLK Community Healthcare, definió la diferencia entre ambas instituciones como “la historia de dos hospitales”.
Batchlor cuestionó que el dinero siguiera concentrado en esos 13 centros de trauma cuando algunos de ellos, dijo, mostraban una posición financiera sólida y atendían zonas con menos carencias que el sur de Los Ángeles.
La disparidad también aparecía en el perfil de los pacientes. De acuerdo con el California Department of Health Care Access and Information, en 2023 MLK registró casi 85.000 visitas de pacientes con Medicaid o Medi-Cal a urgencias, la cifra más alta del estado, mientras que Cedars-Sinai tuvo casi 17.000.

En el año fiscal 2025, el 95% de las visitas al servicio de urgencias de MLK correspondieron a personas con Medicaid o Medi-Cal, Medicare o sin seguro.
Por esa razón, los ingresos facturados a pacientes representaban solo el 44% del presupuesto del hospital para el año fiscal 2026; el resto dependía de fondos estatales y del condado.
El condado evaluaba revisar el reparto ante el riesgo de perder el principal acceso a urgencias
El director de la división de asuntos médicos y dentales del Departamento de Salud Pública del condado de Los Ángeles, el doctor Naman Shah, dijo que la forma en que se repartieron históricamente los fondos del Measure B “no reflejaba realmente la economía de la atención médica en el condado en términos de qué hospitales necesitaban más apoyo”.
Shah advirtió que, si MLK cerrara, “sería devastador, y tendríamos una miseria incalculable por la falta de acceso a la atención”.
El pastor Robert Taylor, de Beulah Baptist Church en Watts y presidente de Watts Area Ministers, planteó una advertencia similar: “Si ese hospital cierra en nuestra comunidad, va a ser devastador”.

Taylor señaló que el departamento de emergencias más cercano sería St. Francis Medical Center, ubicado a varias millas de distancia en Lynwood.
“Podría ser mortal tener que viajar tan lejos para llegar a un departamento de emergencias”, dijo a la publicación.
La supervisora del condado de Los Ángeles Holly Mitchell, cuyo distrito incluía Willowbrook, planeaba presentar el martes una moción ante la junta de supervisores para contratar a un consultor que examinara la distribución del Measure B y recomendara el mejor uso de esos recursos.
En una declaración enviada por correo electrónico, Mitchell sostuvo que hospitales como Martin Luther King Jr. Community Hospital mostraban que no todos los centros enfrentaban las mismas dificultades para mantener sus puertas abiertas.
También afirmó que cada hospital cumplía una función dentro del sistema de atención de emergencia y que el condado debía garantizar, mediante una revisión independiente, que el Measure B siguiera cumpliendo su propósito de sostener y estabilizar una red fuerte de trauma y atención de urgencias en todo el territorio.
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