
En los últimos años, las aulas estadounidenses han vivido una transformación radical: las pantallas y dispositivos digitales han sustituido muchas de las herramientas tradicionales de enseñanza.
Desde estudiantes de preescolar siguiendo lecciones de matemáticas en YouTube hasta adolescentes redactando tareas en Chromebooks, la tecnología se ha convertido en una constante educativa, informa The Wall Street Journal.
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Sin embargo, este cambio acelerado, impulsado por la pandemia de COVID-19, está generando dudas entre educadores, padres y estudiantes sobre los beneficios reales de esta digitalización y sus posibles riesgos para el aprendizaje.
Según datos recientes, los estudiantes de primero pasan un promedio de 98 minutos al día utilizando dispositivos proporcionados por las escuelas, lo que representa más del 20% del tiempo de instrucción.
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Este uso alcanza su punto máximo en sexto grado, con 2 horas y 24 minutos diarios frente a una pantalla, antes de disminuir en los últimos años de secundaria.
El impacto en el aula
Los profesores han adoptado la tecnología como una herramienta para personalizar la enseñanza y captar la atención de los estudiantes, pero no todos están convencidos de su eficacia.
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Mientras algunos destacan su capacidad para enriquecer las lecciones y ofrecer recursos personalizados, otros señalan problemas significativos...
Los estudiantes se distraen fácilmente, y los docentes deben lidiar con la carga adicional de gestionar dispositivos y aplicaciones que no siempre funcionan correctamente.
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Abby Ramos Stanutz, profesora en San Antonio, Texas, describió cómo los dispositivos pueden ser tanto aliados como obstáculos.

Aunque sus estudiantes utilizan Chromebooks para grabar videos o realizar tareas de escritura, también enfrentan interrupciones constantes, como fallos de internet o bloqueos en el software.
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“Es como el océano: nunca puedes darle la espalda”, dijo, al referirse al desafío continuo de mantener a los estudiantes enfocados.
Por su parte, estudiantes como Aubrey Ortiz, de octavo grado, sienten el impacto físico y emocional del uso excesivo de pantallas.
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“No me gusta tener los ojos pegados a una pantalla durante mucho tiempo. Te da dolor de cabeza y realmente pierdo la concentración”, comentó la joven.
Padres preocupados y un regreso parcial al papel
El descontento con la tecnología en las escuelas no se limita a los estudiantes. Padres como Andrea Davis, en Oregón, han expresado su frustración con lo que consideran una dependencia excesiva de dispositivos digitales.
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Davis, madre de cinco hijos, trabajó con el distrito escolar de su localidad para reducir el uso de iPads en los grados iniciales y limitar el tiempo de pantalla en el hogar, argumentando que la promesa de una revolución educativa impulsada por la tecnología nunca se materializó.

En algunos casos, problemas externos han forzado a las escuelas a adoptar métodos más tradicionales.
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Rachel Nielsen, profesora de matemáticas en el estado de Washington, se vio obligada a abandonar temporalmente el plan de estudios digital debido a un ciberataque que afectó los sistemas escolares.
Durante ese período, utilizó herramientas como fichas y cubos físicos para enseñar geometría.
La investigación y los riesgos de la digitalización educativa
Aunque existen estudios que muestran los beneficios de herramientas específicas, como aplicaciones de tutoría digital, la evidencia sobre la efectividad general del aprendizaje basado en tecnología sigue siendo inconsistente.
Sin embargo, las grandes empresas tecnológicas, que han jugado un papel crucial en la adopción de dispositivos escolares, tienden a promover investigaciones favorables a sus productos, lo que plantea dudas sobre la imparcialidad de los resultados.

Betsy Wolf, investigadora independiente, advierte que estos estudios respaldados por las empresas suelen ofrecer resultados más optimistas que las evaluaciones externas.
Pese a las críticas, muchos educadores coinciden en que es imposible dar marcha atrás completamente. En lugar de eliminar la tecnología, la solución podría estar en encontrar un equilibrio entre el uso de herramientas digitales y métodos analógicos tradicionales.
El futuro de la educación dependerá de decisiones informadas que consideren tanto los beneficios como los riesgos de la digitalización.
En palabras de un director de escuela de Los Ángeles: “No se trata de más tecnología ni de menos, sino de usarla de manera más inteligente”.
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