El pueblo de Galicia que enamoró a Mario Casas y su paisaje cambia según la distancia al mar: “Me gustaría venir más”

Un lugar que permite acercarse a una identidad lejos de los circuitos turísticos más concurridos

El pueblo de Galicia que enamoró a Mario casas
El pueblo de Galicia que enamoró a Mario casas (Composición fotográfica)
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En la provincia de A Coruña existe un lugar que permite acercarse a una identidad lejos de los circuitos turísticos más concurridos. Se trata de Carballo, capital de la comarca de Bergantiños, un municipio que combina un litoral extenso de arenales abiertos con un interior de bosques, cascadas y caminos rurales que se recorren sin prisa.

Un lugar especial para personas como Mario Casas, para quien representa algo más que un destino de paso. “Me siento gallego y siempre quise trabajar en mi tierra, me gustaría venir más”, afirma en una entrevista con VigoÉ.

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Se trata de un enclave en el que el paisaje cambia según la distancia al mar. Cerca de la costa, el viento y el oleaje del Atlántico dominan el entorno; hacia el interior, los campos, los bosques y los pequeños núcleos rurales marcan un ritmo distinto. Esa dualidad define buena parte del carácter de Carballo, ubicado en pleno corazón de la Costa da Morte, una de las franjas costeras más reconocibles de Galicia por la fuerza de su mar y por una identidad cultural todavía ligada a la pesca y a la vida rural.

Las dunas de Razo y Baldaio, el sello natural del municipio

El tramo costero formado por las playas de Razo y Baldaio concentra la esencia paisajística de Carballo. Arenales extensos, dunas y la presencia constante del océano componen uno de los conjuntos más representativos del municipio.

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Razo se extiende a lo largo de unos 1.300 metros y es una de las playas más buscadas por los practicantes de surf debido a la fuerza de su oleaje. No obstante, su atractivo no depende de los deportes acuáticos: caminar junto a las olas o detenerse a observar los cambios de luz sobre el agua alcanza para apreciar su valor paisajístico.

A escasa distancia se despliega Baldaio, un espacio natural donde conviven playa, dunas, laguna y marismas. Se trata de un ecosistema que funciona como refugio de numerosas especies de aves y que permite observar de cerca la biodiversidad del litoral gallego. Con cerca de mil hectáreas de superficie, el área está incluida en la Red Natura 2000 y catalogada como Zona de Especial Protección para las Aves.

La combinación de arena, agua y vegetación convierte este tramo en uno de los puntos más valorados del municipio para quienes buscan contacto con la naturaleza. Se trata de un paisaje que varía con las mareas y las estaciones, y que conserva buena parte de su estado original gracias a las figuras de protección ambiental que lo amparan.

Cascadas, senderos y miradores dan forma al interior de Bergantiños

Carballo no se agota en su fachada marítima. Hacia el interior, el territorio se transforma en un entramado de bosques, cultivos y cursos de agua que muestra una cara más recogida de la comarca.

Entre los enclaves naturales más visitados figuran las cascadas de Entrecruces y Ramil, donde el agua se abre paso entre la vegetación y crea pequeños remansos de calma. La de Entrecruces, también llamada fervenza de San Paio, forma parte de la Ruta das Férvedas, un sendero de 24 kilómetros que conecta antiguos molinos y capillas. El entorno, marcado por el sonido del agua y la presencia de árboles y helechos, compone una escena habitual del paisaje gallego de interior.

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Estos rincones ofrecen una imagen de Galicia distinta a la de sus costas: más húmeda, más verde y atravesada por corrientes de agua que estructuran el territorio. Son, además, un punto de referencia para quienes prefieren recorrer los destinos a pie, a través de caminos y senderos rurales.

Desde puntos elevados como Santa Irene do Castrillón se obtiene una vista panorámica del espacio de Baldaio y de la costa, donde el Atlántico vuelve a ocupar el centro del paisaje.

El interés de Carballo no se limita a su geografía. El casco urbano mantiene una vida cotidiana marcada por el comercio local, los mercados tradicionales y una gastronomía que combina productos del mar y de la tierra, reflejo de una comarca con fuerte arraigo en su entorno. A esa identidad tradicional se suma en los últimos años una corriente de arte urbano: murales distribuidos por distintos puntos del municipio que han convertido varias fachadas en espacios de expresión artística al aire libre.

El resultado es un municipio que combina patrimonio natural y vida cultural sin desdibujar su identidad. Entre playas protegidas, cascadas de interior y un centro urbano con historia propia, Carballo representa una de las caras menos conocidas del mapa turístico gallego.

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