La regla de oro de Manuel Pellegrini para llevar el vestuario del Betis en Champions: “Nunca he sido amigo de alguno de mis jugadores”

El club verdiblanco tiene la oportunidad de hacer pleno de victorias y tener pie y medio dentro de la siguiente ronda

La regla de oro de Manuel Pellegrini para llevar el vestuario. (Europa Press)
La regla de oro de Manuel Pellegrini para llevar el vestuario. (Europa Press)
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Manuel Pellegrini vuelve a tener una cita con Europa. El Betis recibe este miércoles al Feyenoord en el estadio de La Cartuja (21.00 horas), en la tercera jornada de la fase liga de la Champions League, con seis puntos en su casillero y la intención de dejar atrás la derrota ante el FC Barcelona (2-5). El equipo verdiblanco quiere mantener su buen comienzo en Champions, mientras su entrenador insiste en una idea que ha repetido en diferentes entrevistas: el pasado no gana el siguiente partido.

“Partido terminado, el marcador ya está hecho, lo que sucedió, sucedió”, dijo Pellegrini después de la polémica arbitral del encuentro ante el Barça.

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En una entrevista publicada por La Tercera el pasado 14 de octubre, el Ingeniero volvió a explicar esa filosofía: “Yo no vivo de los recuerdos ni mucho menos. Para mí, el partido más importante es el que viene mañana”. A sus 73 años, el chileno mantiene la exigencia diaria como una de las claves de su carrera y asegura que prefiere pensar en lo que todavía puede hacer antes que en los títulos y los equipos que ha dirigido.

Pero esa ambición profesional convive con una faceta menos conocida. En las entrevistas que ha concedido al medio chileno, Pellegrini ha hablado de su familia, de sus aficiones, de la vejez y de lo que le gustaría hacer cuando abandone el fútbol. También ha reconocido algunos de los sacrificios personales que ha implicado una trayectoria de más de dos décadas lejos de su país.

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Manuel Pellegrini. (REUTERS/Marcelo Del Pozo)
Manuel Pellegrini. (REUTERS/Marcelo Del Pozo)

Un padre que reconoce sus ausencias

“Creo que la formación de mis hijos ha sido con un padre un poco ausente, sobre todo desde que ellos tuvieron 12 años”. Pellegrini no esquiva una de las consecuencias de su carrera: haber pasado buena parte de la infancia y la adolescencia de sus tres hijos, Manuel, Juan Ignacio y Nicolás, lejos de ellos.

Cuando se marchó a Ecuador para entrenar a Liga Deportiva Universitaria, su mujer y sus hijos se quedaron en Chile. La aventura podía durar apenas unos meses. “Si no me iba bien, volvía a los tres meses”, recordó. Pero aquella apuesta salió adelante y su carrera continuó en Argentina, España, Inglaterra y otros destinos.

Su profesión exigió sacrificios a toda la familia. Su mujer, Carmen Gloria Pucci, tuvo un papel fundamental en la crianza de los hijos durante los periodos en los que él no podía estar presente. El entrenador, sin embargo, no vive aquella distancia desde la culpa. “No tengo sentimientos de culpa porque nunca dejé de tener contacto con ellos”, explicó.

El tiempo también le ha permitido disfrutar de otra faceta familiar. Pellegrini se define como un abuelo “tremendamente malcriador” y defiende esa posición sin demasiadas explicaciones: “Como debe ser, no más, para eso tienen padres”.

En su vida de pareja tampoco falta el humor. Preguntado por cómo había conseguido llegar a los 41 años de matrimonio, respondió entre risas: “Viviendo una semana con mi señora y tres solo durante el mes”. Después se apresuró a aclarar que estaba bromeando.

Manuel Pellegrini. (Europa Press)
Manuel Pellegrini. (Europa Press)

El entrenador es el jefe

Pero la cercanía que reivindica en casa no es la misma que aplica en el vestuario. Pellegrini considera que la relación entre un entrenador y sus futbolistas debe tener unos límites claros. “Hago respetar la jerarquía. Los jugadores deben saber que el entrenador es el jefe”, afirmó.

No cree que ser amigo de un jugador sea necesario para conseguir su compromiso. De hecho, considera que puede provocar una percepción de trato desigual dentro del grupo. “Si uno es amigo de un jugador, el resto comienza de inmediato a sentir que no es valorado igual por el DT”, explicó.

Eso no significa que se desentienda de la generación que tiene delante. Aunque no utiliza redes sociales, cuenta con personas a su alrededor que le informan de lo que sucede en ellas. También presta atención a detalles cotidianos, como la música que suena en el vestuario. “Me esfuerzo por conocer lo que se escucha hoy porque eso me ayuda a saber de ellos”, reconoció.

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¿Y si no hubiera sido entrenador?

Es más, le apasiona la música de los años 60, 70 y, especialmente, 80, pero reconoce que nunca ha aprendido a tocar un instrumento. “Me encanta la música y no tengo talentos. No sé tocar ningún instrumento y me encantaría aprender”, explicó. También dejó una reflexión que resume su curiosidad: “Yo solo envidio a los que saben más que yo”.

Antes de dedicarse al fútbol, además, quiso ser médico. No consiguió la nota necesaria en la prueba de acceso, especialmente en biología, y acabó estudiando ingeniería. De ahí procede su apodo.

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