Quién vive mejor al jubilarse: un español con pensión pública o un sueco con un sistema que combina prestaciones del Estado, ahorro individual y de empresa

El modelo de Suecia es el sexto mejor del mundo y utiliza mecanismos automáticos para adaptar las prestaciones a la esperanza de vida y a la situación financiera del sistema

Dos hombres mayores sentados al aire libre con las banderas de Suecia y España al fondo, uno con abrigo y gorra y el otro con sombrero de paja.
Un jubilado sueco junto a otro español. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Suecia se ha convertido en uno de los referentes internacionales en materia de pensiones gracias a un modelo que busca conciliar dos objetivos: ofrecer ingresos suficientes a los jubilados y evitar que el gasto comprometa la sostenibilidad financiera a largo plazo. Su fórmula combina un sistema público de reparto, una parte obligatoria de capitalización individual y prestaciones complementarias ligadas al empleo, según recoge el estudio ‘Suecia: el arte de equilibrar pensiones generosas y sostenibles, a través de un sistema multipilar’, elaborado por Fernando Martínez-Cue y publicado por el Instituto Santalucía.

La principal diferencia respecto a otros modelos europeos está en cómo se distribuyen las cotizaciones y se calculan las prestaciones. El sistema sueco no depende exclusivamente de las cotizaciones de los trabajadores actuales para financiar las pensiones futuras, sino que incorpora también ahorro individual y planes vinculados a la actividad laboral. En tanto que España mantiene un sistema de pensiones de reparto puro con fuerte protección a las rentas bajas.

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La combinación de estos pilares ha situado al país entre los sistemas mejor valorados del mundo. No obstante, su funcionamiento también se apoya en decisiones que afectan directamente a la edad de jubilación y a la cuantía de las prestaciones, con el objetivo de responder al envejecimiento de la población. También en España se ha tenido que elevar la edad de jubilación hasta los 67 años para dar viabilidad al sistema.

Cómo se reparte la cotización para la pensión

Uno de los elementos centrales del modelo es la aportación destinada a la pensión nacional sueca. Cada trabajador cotiza un 18,5% de sus ingresos pensionables, distribuido entre dos mecanismos distintos: un 16% se destina a la denominada pensión de ingresos, que funciona mediante cuentas nocionales, y el 2,5% restante se dirige a una pensión de capitalización individual.

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Mientras que en España se exigen al menos 15 años cotizados para tener derecho a pensión contributiva, de los cuales dos deben estar dentro de los 15 años previos a la jubilación. Además, para alcanzar el 100% de la base reguladora se requieren 36 años y 6 meses en 2026, cifra que subirá a 37 años en 2027.

Enrique Devesa, investigador del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), nos explica cómo la pensión que cobran los jubilados en España es un 60% más de lo que han cotizado a la Seguridad Social.

En materia de cotización, España fija en 2026 una base máxima de 5.101,20 euros mensuales (61.214,4 anuales). Se actualiza anualmente en función del Índice de Precios al Consumo (IPC)+1,2 puntos porcentuales. Los salarios que superen ese tope solo cotizan hasta el mismo.

En cuanto a los tipos de cotización en España, alcanzan el 28,3% del salario bruto. La empresa cotiza un 23,6% del total y el trabajador el 4,7%. Incluye jubilación, incapacidad permanente, muerte y supervivencia. Adicionalmente existe el Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), que este año es del 0,9 % y sube gradualmente hasta alcanzar el 1,2% a partir de 2029.

Cuentas nocionales

En el sistema sueco, las cuentas nocionales registran las aportaciones de cada trabajador en una cuenta virtual, aunque el dinero no se acumula físicamente en ella. Las cotizaciones de los empleados en activo financian las prestaciones de los pensionistas actuales, mientras que los derechos registrados sirven para calcular la futura pensión de cada cotizante.

El segundo componente introduce una lógica diferente. La parte de capitalización individual permite invertir las aportaciones en instrumentos financieros para generar un ahorro destinado a la jubilación. De este modo, la prestación final combina derechos calculados dentro del sistema público de reparto con el resultado de la inversión individual.

Las pensiones de empresa, un complemento decisivo

Suecia cuenta además con sistemas de pensiones ocupacionales vinculados al empleo, establecidos principalmente mediante acuerdos de negociación colectiva entre sindicatos, empresas y organizaciones patronales.

La extensión de estos planes es uno de sus puntos fuertes: aproximadamente nueve de cada diez trabajadores por cuenta ajena están cubiertos por una pensión ocupacional. Estas prestaciones complementarias permiten elevar los ingresos disponibles durante la jubilación y reducir la dependencia exclusiva de la pensión pública.

La universidad de jubilados para jubilados que está triunfando entre los suecos (Pexels)
Una jubilada sueca consulta datos en su ordenador. (Pexels)

La edad de jubilación y la esperanza de vida condicionan la pensión

La sostenibilidad financiera constituye otro de los pilares del sistema sueco. Según el informe, el modelo incorpora mecanismos automáticos para ajustar las prestaciones a la evolución demográfica y económica, incluida la vinculación de la edad de jubilación a la esperanza de vida para las personas nacidas a partir de 1966.

La cuantía de la pensión también depende de la edad a la que se accede a la jubilación, de la esperanza de vida del grupo de población correspondiente y de la tasa de crecimiento nacional. En términos generales, retrasar la retirada del mercado laboral permite acumular más derechos y repartir la prestación prevista durante un periodo de cobro más corto.

El sistema contempla, además, un mecanismo automático de equilibrio financiero. Si las previsiones indican que los recursos disponibles serán insuficientes para cubrir las prestaciones comprometidas, la revalorización anual puede reducirse. Con ello se pretende evitar que los desequilibrios se acumulen y terminen amenazando la estabilidad del modelo.

El sexto mejor sistema de pensiones del mundo

Los resultados sitúan a Suecia entre los países mejor valorados en materia de jubilación. El Mercer CFA Institute Global Pension Index de 2025 le otorgó 78,2 puntos, suficientes para alcanzar el sexto puesto mundial. En el apartado de sostenibilidad obtuvo 76,3 puntos, mientras que en adecuación de las prestaciones consiguió 76,8.

Los datos de la Agencia Sueca de Pensiones correspondientes a 2024, recogidos en el estudio, ofrecen otra referencia relevante: los nuevos jubilados con ingresos medios recibieron una pensión total equivalente a alrededor del 70% de su último salario. El cálculo incluye tanto la pensión nacional general como la prestación ocupacional, frente al 64% registrado en 2022.

Para el conjunto de nuevos jubilados de entre 63 y 70 años, la mediana de la tasa de sustitución alcanzó el 73%. La diferencia por sexos, sin embargo, persiste: fue del 73% para los hombres y del 68% para las mujeres. Si se considera únicamente la pensión nacional general, la proporción se situó entre el 53% y el 59% del salario final para las personas con ingresos medios.

En tasa de sustitución España gana a Suecia, al situarse entre el 80% y el 85% para carreras completas, una de las más altas de la OCDE.

El retraso de la jubilación eleva los ingresos

El aumento de la tasa de sustitución respecto a 2022 se explica principalmente por las reformas que elevaron las edades de jubilación. Estas modificaciones favorecieron que parte de los trabajadores prolongara su vida laboral, acumulara más derechos y comenzara a cobrar la pensión más tarde.

La experiencia sueca muestra así una de las principales vías para reforzar la sostenibilidad de los sistemas públicos: combinar distintas fuentes de ingresos con reglas que adapten las prestaciones a la evolución económica y demográfica.

Sin embargo, sus resultados dependen también de la trayectoria laboral, los salarios, la cobertura de los planes ocupacionales y la edad elegida para retirarse. El modelo ofrece una referencia internacional, aunque trasladarlo a otros países exige tener en cuenta las diferencias entre sus mercados de trabajo y sus estructuras de protección social, indica el informe.

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