El castillo del siglo XV en el que todavía se hace vino: se encuentra en un pueblo que combina lo defensivo con lo señorial

Este enclave de La Rioja se sitúa cerca del río Ea y conserva intacto su trazado medieval

Castillo de Sajazarra, en La Rioja (Adobe Stock).
Castillo de Sajazarra, en La Rioja (Adobe Stock).
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En La Rioja Alta, junto al río Ea y a los pies de los montes Obarenes, se levanta un pueblo pequeño que conserva intacto su trazado medieval. Ese lugar es Sajazarra, el cual tiene una muralla de los siglos XII y XIII que recibe al visitante antes de que este descubra el verdadero protagonista del enclave: un castillo-palacio del siglo XV que, bajo sus muros almenados, guarda una bodega en funcionamiento.

El hallazgo que transformó la historia reciente de la fortaleza ocurrió en los años sesenta, cuando la familia Líbano emprendió su restauración. En las mazmorras aparecieron lagares y prensas antiguos, una señal de que el edificio había tenido, además de uso militar y residencial, una función vitivinícola que permanecía oculta. De ese descubrimiento nació la Bodega Castillo de Sajazarra, proyecto que hoy cultiva 46,5 hectáreas de viñedo repartidas entre Sajazarra, Galbárruli y Fonzaleche.

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El pueblo, de dimensiones reducidas, concentra en pocas calles una arquitectura que combina lo defensivo con lo señorial, y rodea sus murallas con hileras de vid que marcan el límite norte de la Denominación de Origen Calificada (DOCa) Rioja. La combinación entre patrimonio histórico y paisaje vinícola convierte a esta localidad en uno de los destinos menos conocidos, pero más fotogénicos, de la región.

Un castillo que pasó de guarnición militar a bodega activa

La torre del homenaje del castillo conserva cubos octogonales, matacanes y aspilleras, elementos que revelan su función defensiva original frente a las residencias señoriales que se construyeron con posterioridad. Edificado sobre cimientos anteriores, el inmueble combina distintas etapas constructivas que reflejan los usos sucesivos que tuvo a lo largo de los siglos.

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Los viñedos que lo rodean se sitúan a altitudes de entre 500 y 700 metros, sobre suelos arcilloso-calcáreos donde se cultivan variedades como Tempranillo, Graciano y Garnacha. Esa elevación genera una diferencia térmica notable entre el día y la noche, factor que favorece la maduración lenta de la uva y ayuda a conservar su acidez, según se desprende de las características agronómicas de la zona descritas en guías turísticas de La Rioja.

Una de las rutas recomendadas para los visitantes conduce hasta la ermita de Cillas, punto desde donde se obtiene una panorámica completa del pueblo, con el castillo al fondo rodeado por las hileras de viñedo. El recorrido atraviesa campos de cereal, antiguos lagares y pequeños bosques que forman parte del paisaje rural circundante.

Calles medievales y arte urbano conviven en el casco histórico

El trazado urbano de Sajazarra mantiene el mismo curso que tenía hace siglos. Las calles empedradas conectan casonas solariegas y pasadizos estrechos con los restos de la antigua muralla. La Iglesia de Santa María de la Asunción, construida entre los siglos XII y XVII, preside una de las plazas principales con tres naves, una torre barroca y una portada gótica.

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Cerca del templo se conserva el antiguo Arco de la muralla, que en su día unía la iglesia con el primitivo ayuntamiento. En distintas esquinas del pueblo se han instalado también pequeñas esculturas contemporáneas, parte de un proyecto de arte urbano que combina elementos tradicionales con intervenciones modernas.

La vida cultural del municipio se concentra en eventos celebrados en la plaza mayor. Entre ellos destaca la Cata Canalla, una experiencia nocturna que combina vino, música y poesía junto al castillo. A estas iniciativas se suman conciertos de música clásica durante el verano y jornadas gastronómicas en otoño, cuando las hojas de la vid adquieren tonalidades ámbar.

La periodista Meritxell Batlle, en una selección de los pueblos más bonitos de La Rioja, describió que la muralla medieval “es la encargada de dar la bienvenida al visitante”, en referencia al primer contacto que tienen quienes llegan a Sajazarra.

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