
La Costa Brava es uno de los litorales más reconocibles del Mediterráneo, y no lo es por casualidad. El tramo de costa gerundense que se extiende desde Blanes hasta la frontera francesa acumula más de 200 kilómetros de acantilados, pinares, calas escondidas y pueblos de pescadores que han resistido décadas de presión turística sin perder del todo su carácter.
Es por ello que estos rincones son uno de los principales atractivos de esta costa. Algunas tienen acceso por carretera y servicios completos; otras solo se alcanzan a pie o en barca, y su pequeño tamaño las convierte en refugios de los que cuesta marcharse. Esta es una selección de las mejores, según la web de Turismo de la Costa Brava.
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Cala Canyers, entre Palamós y Calella de Palafrugell
Cala Canyers ocupa un punto intermedio entre Palamós y Calella de Palafrugell y tiene una imagen muy reconocible: dos barracas de pescadores situadas a escasos metros del agua que llevan décadas formando parte del paisaje. La cala combina arena fina con zonas rocosas y un entorno natural que explica su nivel de ocupación habitualmente elevado.
El acceso se hace a pie, siguiendo el camino de ronda desde la playa de Castell o desde la Fosca. Con unos 25 metros de longitud y apenas 8 de ancho, es una cala de dimensiones contenidas que recompensa el paseo con una de las estampas más fotografiadas del litoral gerundense.
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Cala Sa Tuna, aguas cristalinas junto a Begur

A cinco kilómetros del centro de Begur, en la zona residencial de Sa Tuna, esta cala de 80 metros de longitud y 25 de ancho forma un conjunto de gran belleza junto a las casas blancas con portalones de colores que la rodean. El fondo es de arena gruesa y grava, y las aguas mantienen una transparencia característica de esta parte de la Costa Brava. Es una de las calas más accesibles de la zona: dispone de aparcamiento de pago, bar, duchas y acceso adaptado para personas con movilidad reducida. Una combinación de servicios y entorno que la convierte en una opción cómoda para todo tipo de visitantes.
Cala Sant Roc, snorkel entre acantilados en Calella de Palafrugell
La Cala de Sant Roc está encajada en una zona residencial de Calella de Palafrugell, rodeada de rocas, acantilados y antiguas casitas de pescadores que añaden carácter al conjunto. Con apenas 20 metros de longitud y 6 de ancho, es una de las calas más pequeñas de esta selección, pero sus aguas cristalinas sobre arena gruesa la convierten en uno de los mejores puntos de la comarca para practicar snorkel. Los servicios son escasos por sus reducidas dimensiones, aunque bares y restaurantes están disponibles en las inmediaciones. Su tamaño limitado hace que se llene con rapidez en los meses de verano, por lo que la visita a primera hora de la mañana es la mejor estrategia.
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Cala Port d’Esclanyà, un antiguo puerto al sur de Begur

Port d’Esclanyà es una cala de 63 metros de longitud situada en el sur de Begur que combina entorno residencial con un paisaje natural de rocas, acantilados y vegetación abundante. El fondo es de guijarros y piedras, y la historia del lugar se hace presente en las barracas de pescador que todavía se conservan, vestigio de cuando este espacio funcionaba como puerto. Es especialmente recomendable para la práctica del kayak. El acceso se resuelve dejando el coche en la zona urbanizada de arriba y bajando a pie hasta la orilla. El nivel de ocupación suele ser moderado, lo que la convierte en una alternativa tranquila respecto a las calas más concurridas del entorno de Begur.
Cala Morisca, solo accesible a pie o en barca
Situada cinco kilómetros al sur de Tossa de Mar, Cala Morisca es uno de esos rincones que el litoral de la Costa Brava reserva para quienes están dispuestos a ganárselo. No hay acceso por carretera: solo se puede llegar a pie o en barca, lo que mantiene su nivel de ocupación bajo y su ambiente tranquilo. Con apenas 15 metros de longitud y 7 de ancho, el fondo es de arena gruesa y grava. La frecuentan sobre todo senderistas y parejas que buscan alejarse de los espacios más concurridos. Su aislamiento es su principal atractivo y también su mejor garantía de conservación.
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Cala Pola, arena gruesa y ambiente familiar cerca de Tossa

A cuatro kilómetros de Tossa de Mar y muy cerca de Cala Giverola, Cala Pola es una cala de 70 metros de longitud y 38 de ancho con fondo de arena gruesa y un ambiente familiar consolidado. Dispone de bar, duchas y aseos, y es habitual ver lanchas fondeando cerca de la orilla. El acceso en coche llega hasta una barrera a partir de la cual hay que continuar a pie. También se puede llegar en barco. Es una de las calas con más servicios de esta selección, lo que la convierte en una opción cómoda para familias con niños.
Cala Estreta, en el espacio natural de Cap Roig
Cala Estreta se encuentra a ocho kilómetros de Palamós, en pleno espacio de interés natural de Cap Roig. Rodeada de pinos y acantilados, la cala se extiende hasta un gran arrecife central que actúa como separación natural con la Cala d’en Remendón. El entorno protegido garantiza una calidad del agua y un paisaje que pocas calas de la comarca pueden igualar. El acceso se hace dejando el coche en el aparcamiento de la playa de Castell y completando el último tramo a pie. La combinación de naturaleza protegida y relativo aislamiento la sitúa entre las opciones más valoradas por quienes conocen bien el litoral de Palamós.
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Cala Futadera, nudismo y fondeo al norte de Tossa

A seis kilómetros al norte de Tossa de Mar, junto a Cala Giverola, Cala Futadera es un punto de referencia para los aficionados al fondeo: yates y embarcaciones de recreo la frecuentan con regularidad. Con 80 metros de longitud y 15 de ancho, el fondo es de arena gruesa y guijarros, con un cierto desnivel en la entrada al agua. El acceso a pie requiere bajar por una escalera que salva un desnivel considerable. No dispone de servicios para los bañistas y está permitido el nudismo. La frecuentan principalmente parejas y senderistas que valoran su entorno natural sin infraestructuras.
Cala Jugadora, vistas al Cap de Creus desde Cadaqués
La Cala Jugadora está a siete kilómetros al norte de Cadaqués, muy cerca del Far del Cap de Creus. Con solo 15 metros tanto de longitud como de anchura, es una de las calas más pequeñas y tranquilas de esta selección, pero su ubicación en el extremo nororiental de la Costa Brava le otorga unas vistas sobre el Cap de Creus difíciles de encontrar en otro punto del litoral catalán. Es un buen lugar para practicar snorkel y está permitido el nudismo. La frecuentan parejas y senderistas, y su acceso en entorno natural mantiene el nivel de ocupación bajo durante casi todo el año.
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Cala del Maset, arena fina y certificación ambiental en Sant Feliu de Guíxols
La cala del Maset es un rincón recogido de Sant Feliu de Guíxols, muy cerca de la playa de Sant Pol. Con 15 metros de longitud y 15 de ancho, tiene fondo de arena fina y aguas profundas, una combinación poco habitual en las calas de esta parte de la Costa Brava. El acceso se hace por unas escaleras situadas a pie de carretera.
Ha obtenido el distintivo de Calidad EMAS y la certificación ISO 14001, lo que la convierte en una de las calas con mayor reconocimiento medioambiental del litoral gerundense. Uno de sus atractivos es una antigua caseta de pescador recuperada por el ayuntamiento que se puede alquilar para uso privado durante todo el día. Dispone de servicio de socorrismo los fines de semana de julio y agosto, y está permitido el nudismo.
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