El sector del aceite de oliva denuncia prácticas “especulativas” para forzar un hundimiento en los precios que no se traslada aún al supermercado

Algunas organizaciones afirman que existe una estrategia deliberada en la industria para condicionar el mercado, mientras otras voces del sector achacan gran parte de la caída a la competencia externa

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Primer plano de una mano vertiendo aceite de oliva de una botella de vidrio transparente en una sartén de hierro fundido sobre una estufa con llama azul.
Cocinar con aceite de oliva. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La caída del precio en origen del aceite ha hecho saltar las alarmas entre los productores del sector, que advierten de posibles amenazas a la viabilidad de las operaciones en las almazaras si el descenso continúa sin una reducción equivalente de los costes. Varias organizaciones agrarias españolas denuncian que el ajuste a la baja de 30 céntimos por kilo en apenas un mes responde a prácticas especulativas y no se corresponde con la realidad de la producción.

La pasada semana, el precio del aceite de oliva virgen extra se desplomaba hasta los 4,04 euros por kilo, según datos del sistema Poolred y la Agencia de Información y Control Alimentarios (AICA). Pese a esta fuerte caída en origen, el precio en el supermercado de una botella de aceite de oliva apenas se redujo en un 0,03%, según el análisis de Facua. La paradoja que señalan los productores es que esa caída se produce con menos aceite en el mercado, costes de producción al alza y una demanda que no afloja.

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Los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) a 30 de abril sitúan la producción acumulada de la campaña 2025/26 en 1,29 millones de toneladas, por debajo de las previsiones, y cifran el descenso respecto al año pasado en un 3%. La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), que maneja datos de campo directos, eleva esa caída al 6%.

Los costes tampoco acompañan la bajada de precios. La energía, los fertilizantes nitrogenados y el gasóleo agrícola han registrado aumentos acumulados por el efecto de la guerra en Irán, y las organizaciones agrarias y cooperativas sitúan el umbral de rentabilidad del olivar tradicional por encima de los 4,50 euros por kilo. El precio actual está, por tanto, por debajo de ese suelo mínimo para muchas explotaciones.

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Los olivareros pierden 1.000 millones por la presión a la baja en los precios

Francisco Elvira, portavoz del sector del Olivar de COAG, apunta directamente a la estructura del mercado como causa del problema: “El gran problema de los olivareros es que somos muchos agentes para vender y pocos para comprar. Los envasadores manejan el mercado de aceite de oliva a su antojo“. COAG ha documentado en la campaña actual una tendencia por parte de los operadores industriales que describe como deliberada: acopio anticipado de aceite antes de que llegue la aceituna a la almazara, parada brusca de las compras desde la segunda quincena de abril, y uso del aceite tunecino, con una cosecha récord superior a las 450.000 toneladas, como suministro alternativo para no comprar en origen a precios que los productores consideran mínimamente rentables.

“El mercado está paralizado y la presión en origen crece. Los agricultores se ponen nerviosos porque ven que tienen buena cosecha y que los precios van en caída. Desde la segunda quincena de abril no hay prácticamente compras de aceite de oliva, al menos significativas”, añade Elvira.

El aceite ‘de garrafón’ sigue en nuestros restaurantes: “Una década después, es inaceptable que haya establecimientos que incumplan la ley”.

Cristóbal Cano, secretario general de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), va más lejos en el diagnóstico. “La situación que estamos viviendo para nada refleja la realidad de los datos del sector, tanto en producción como en comercialización como en demanda de aceite de oliva. Eso obedece claramente, bajo nuestro punto de vista, a una situación especulativa“, afirma. Cano calcula que, con ventas de 880.000 toneladas a una media de cuatro euros por kilo entre octubre de 2025 y abril de 2026, el olivar tradicional ha dejado de ingresar más de 1.000 millones de euros respecto a los precios de rentabilidad.

Según UPA, la ley de oferta y demanda debería traducirse en precios en origen de al menos cinco euros por kilo; la brecha de un euro respecto al precio actual es, a su juicio, inexplicable desde la lógica del mercado. Sin embargo, el desplome del precio en origen no tiene reflejo equivalente en los supermercados. Según Cano, la bajada que absorben los productores no se traslada al consumidor final en la misma proporción, lo que apunta a que el margen se concentra en los eslabones intermedios de la cadena. Más allá de los costes por intermediarios, las cadenas de supermercados pueden estar vendiendo aún existencias compradas hace meses a precios más altos, lo que explica en parte la demora en el traslado de las caídas a los consumidores.

El factor internacional en la fijación de precios

No todas las voces del sector comparten el mismo punto de vista. Luis Carlos Valero, presidente de la sectorial de aceite de Asaja, reconoce que los precios actuales implican vender a pérdidas para el olivar tradicional español, pero rechaza reducir el análisis al mercado doméstico, resaltando la importancia de las importaciones. “El mercado está regido por la oferta y la demanda como toda la vida. Si tu vecino tiene aceite y lo puede dar más barato, pues te quedas ahí”, señala.

Valero también apunta al impacto de los aranceles de Donald Trump sobre las exportaciones a Estados Unidos y a la competencia del aceite de producción intensiva a escala global como factores que explican parte de la presión bajista. “Cuando las plantaciones de extensivo son inmensas y ya casi el 50% del aceite del mundo se produce en intensivo, este precio no es rentable para nuestra tipología de olivar”, admite.

La fábrica del productor español Dcoop en Antequera. (Jon Nazca/Reuters)
La fábrica del productor español Dcoop en Antequera. (Jon Nazca/Reuters)

La evolución de la cosecha decidirá los precios en el mercado

El efecto sobre las explotaciones más vulnerables ya es visible. España cuenta con más de 2,7 millones de hectáreas de olivar y más de 350.000 agricultores dedicados a su cultivo, según el MAPA. El olivar tradicional, en secano y pendiente con una mecanización limitada, opera con márgenes muy estrechos incluso en condiciones normales. Cano describe el estado del sector con tres palabras: “impotencia”, “incredulidad” y “desasosiego”. Desde UPA lanzan un llamamiento a cooperativas y almazaras para que no cedan a la presión bajista y defiendan precios por encima de los costes de producción.

La variable que todos los actores señalan como determinante para los próximos meses es el cuajado de la cosecha 2026/27, en pleno desarrollo y con temperaturas entre ocho y diez grados por encima de la media en varias zonas productoras. Valero estima que en un mes habrá más claridad sobre si habrá o no aceite el año que viene, lo que condicionará la evolución del precio. Cano, por su parte, también advierte de que hacer pronósticos sobre la campaña siguiente en este momento “es absolutamente irresponsable”, con la floración en marcha y una incertidumbre climática que puede alterar el escenario por completo antes de que comience la recolección.

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