
La costa asturiana es uno de los mayores paraísos de España. En ella, el terreno acantilado descubre playas de una belleza extrema, a la vez que los pueblos marineros se suceden como enclaves llenos de historia y cultura. Uno de los más especiales es Gijón, una ciudad que combina la tradición marinera con un creciente dinamismo cultural y económico. Conocida por su puerto histórico, sus playas urbanas y su vibrante escena gastronómica, Gijón se presenta como un destino atractivo tanto para los amantes de la naturaleza como para quienes buscan sumergirse en la cultura asturiana.
Su patrimonio, que abarca desde restos romanos hasta modernos centros culturales, se complementa con un entorno natural privilegiado, en el que destacan el mar Cantábrico y las verdes colinas que rodean la ciudad. De hecho, cuenta con una ruta costera que muestra todos sus encantos a la vez que se pueden contemplar multitud de obras de arte, así como visitar alguno de los yacimientos más importantes de la ciudad.
De todo este itinerario, la parte conocida como la senda del Cervigón es una de las más conocidas gracias a todas las maravillas que atesora. Este tramo comprende el trayecto que une las playas de Cervigón y La Ñora y cuenta con una longitud de alrededor de 10 kilómetros en sentido ida y vuelta. Además, es un recorrido de baja dificultad, por lo que es una actividad ideal para hacer con toda la familia.
Un sendero lleno de secretos

El punto de partida de esta ruta se encuentra en el aparcamiento que existe junto a la playa del Rinconín, sin embargo, desde el portal web de Turismo de Asturias lo sitúa en el barrio de Cimadevilla, concretamente, junto a una de las esculturas icónicas de Gijón, el Elogio del Horizonte. Este monumento se ubica en el cerro de Santa Catalina, lugar donde se asentaron los romanos y fundaron Gigia (actual Gijón), y donde se pueden disfrutar de las antiguas termas romanas de Campo Valdés y la Torre del Reloj, esta última levantada sobre las ruinas de la antigua muralla.
Partiendo desde este punto, la ruta aumenta hasta los 18 kilómetros, pero merece la pena, ya que permite recorrer el bonito paseo que forma la playa de San Lorenzo. Este arenal es una de las mejores playas urbanas de Asturias y cuenta con tipo de servicios. Seguidamente, se debe cruzar el río Piles para llegar a la preciosa playa del Cervigón, la cual está abierta todo el año y permite el acceso de perros. Más tarde, el viajero se adentra en el parque del Rinconín, el cual está presidido por el Monumento a la Madre del Emigrante.
Se trata de “una representación desgarradora del sufrimiento que vivieron la mayoría de las madres asturianas del siglo XVIII cuando sus hijos y maridos se echaban a la mar para “hacer las Américas”, detallan desde la web. Tras pasar este enclave, la senda asciende hasta lo alto de los acantilados, un paisaje que será el acompañante principal hasta el final.
Un impresionante paisaje de acantilados

Así, el primer punto de interés que aparece es la playa nudista de Peñarrubia, para seguir con el Parque de La Providencia, repleto de senderos que nos guían al famoso mirador con forma de proa de barco, obra de Ángel Noriega. Al salir del parque y seguir por la carretera, se encuentra la ermita de la Virgen de La Providencia, junto al merendero de El Hórreo. La ruta continúa hacia la colina del Cuervo, un punto popular entre los aficionados al parapente, quienes disfrutan de vistas privilegiadas sobre los acantilados más altos de esta zona de Gijón.
A partir de aquí, el camino adopta un carácter más rural, alejándose de las vistas urbanas. El sendero, cubierto por losas de piedra y flanqueado por árboles, ofrece un par de áreas de descanso con pequeños aparcamientos, ideales para una pausa o para dividir la ruta en dos tramos. El recorrido conduce a los accesos de las pequeñas playas de Serín y La Cagonera, conocidas por su tranquilidad incluso en verano debido a la ausencia de servicios. Más adelante, se encuentra la playa de Estaño, más concurrida por su chiringuito y fácil acceso por carretera.
Finalmente, tras un descenso pronunciado, se llega al mirador de la playa de la Ñora, el cual destaca por el llamativo color turquesa de sus aguas. Un descenso de 200 peldaños permite acceder a la playa, donde es posible descansar en alguno de los chiringuitos antes de decidir el regreso, teniendo en cuenta que la orientación de la playa hace que pierda el sol a media tarde.
Últimas Noticias
Las diez plazas más bonitas de España: de la Plaza Mayor de Madrid a la Plaza del Grano en León
El recorrido mezcla plazas medievales, barrocas y renacentistas: escenarios de rodajes internacionales, tribunales centenarios y fiestas populares que se mantienen vivas desde hace siglos

El pueblo pesquero de Asturias con un puerto de solo 40 metros y dos faros: es la cuna de la explotación marisquera más antigua del Principado
En la actualidad, la principal actividad de los pescadores de la localidad es la captura del percebe

Cuevas, montañas y un queso de 37.000 euros: así es el pueblo asturiano que hay que visitar antes de que lo descubran todos
A los pies de los Picos de Europa, una aldea produce el queso de Cabrales más caro de la historia

El pueblo de Murcia al que siempre vuelve Javier Calvo, director de ‘La bola negra’: calas vírgenes, un castillo medieval y paisajes de película
Ubicado en el límite con Almería, Águilas combina historia milenaria, imponentes fortalezas y calas protegidas

El bosque de España que parece del trópico: casi nadie conoce la “Selva de Sumatra” declarada Reserva de la Biosfera
Un ecosistema de más de 20 millones de años sobrevive en el noreste de La Palma y con helechos gigantes, especies endémicas




