Llegó el día. España-Argentina. Quien gane será la mejor selección del mundo. Quien pierda no será recordado. La Roja busca la segunda estrella. La albiceleste, un hito que lleva 64 años sin verse: ganar dos Mundiales seguidos. Una final que se decidirá en los pequeños detalles, en el talento y en la capacidad para hacer frente a los nervios y la presión del momento.
Y en ese contexto, muchas de las miradas están puestas en Lamine Yamal. La joven estrella del FC Barcelona y la selección es la referencia ofensiva con apenas 19 años recién cumplidos. No obstante, afronta el partido más importante de su carrera con las expectativas por las nubes sobre su figura, e incluso cuestionada por la falta de gol. “Confundimos talento con madurez. Una cosa es tener condiciones para jugar al máximo nivel y otra muy distinta es estar preparado para cargar con todo lo que ese lugar implica”, explica Martin Zaidman, psicólogo deportivo, a Infobae. La capacidad para convivir con la crítica, la presión o las expectativas de un país, recuerda, “se construye con el tiempo”. Y, aun así, “no siempre es algo que se termine de dominar por completo”.
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Para él, la edad no supone un problema. “No se diría que el fútbol está adelantando los tiempos porque hay jugadores muy jóvenes que demuestran que están preparados para competir en la élite”. Eso sí, matiza, “muchas veces se adelantan los tiempos de exposición, de exigencia y de responsabilidad”. Lamine Yamal, Pedri o Cubarsí son ejemplos de que “a veces vemos a un jugador resolver dentro del campo con una madurez enorme y nos olvidamos de que fuera del campo siguen siendo jóvenes en formación”, apunta Zaidman.

Cuando la presión desaparece en el partido
La exigencia forma parte de la élite del fútbol. El problema es que, a veces, “se espera que un jugador joven sea determinante todos los partidos, que no se equivoque, que sostenga el rendimiento de un equipo o incluso que cargue con las expectativas de una selección”.
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Además, existe la percepción de que, cuando suena el pitido inicial, el futbolista se olvida de todo el ruido exterior. Algo que se puede ver en La Roja, que ha ido de menos a más, recuperando la mejor versión de sus mejores jugadores, incluido Lamine. No obstante, Zaidman avisa: “No creo que sea posible abstraerse completamente de la presión, sobre todo en una competición como un Mundial. La presión no desaparece porque uno decida no pensar en ella”. Lo que sí puede suceder, explica, es que durante el juego pase a un segundo plano si el jugador logra centrarse en cada acción: “En esos momentos, la presión no necesariamente desaparece, pero deja de ocupar el centro de la escena”.
Cuando ganar deja de ser suficiente
Otra de las cosas a tener en cuenta es el éxito. Los títulos, los premios... pueden transformar la relación del futbolista con el propio deporte. “Cuando un futbolista siente que solo tiene permitido ganar, el juego puede empezar a perder algo de su esencia”, advierte Zaidman. Por eso defiende que la motivación tiene que sostenerse en algo más profundo que el resultado: el disfrute de competir, el deseo de mejorar y la pasión por el juego... Buen ejemplo de ello son Messi, Cristiano Ronaldo o Novak Djokovic, deportistas que siguen “compitiendo, emocionándose, sufriendo y disfrutando”.
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El peso de las comparaciones: el ‘nuevo Messi’
Si algo ha sido habitual desde el debut de Lamine con tan solo 15 años, han sido las comparaciones con Leo Messi. Ahora, con el 10 a la espalda en Camp Barça, más que nunca. Para Zaidman, ahí aparece otra fuente de presión: “La comparación con una leyenda puede ser una carga muy pesada para cualquier deportista”, porque no se compite contra un jugador real, sino “contra una versión idealizada del pasado”.
Expresiones como “el nuevo Messi” o “el nuevo Iniesta” pueden nacer como un reconocimiento, explica, pero también terminan imponiendo una narrativa sobre quién debería ser ese futbolista y qué está obligado a conseguir: “Ya no solo intenta construir su propio camino, sino que siente que tiene que responder a una historia que otros escribieron antes que él”.
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Nadie carga solo con el peso de una final
Es un escenario como el de hoy, la importancia recae en el entorno del jugador. La familia, los compañeros, el entrenador, los medios o las redes sociales pueden actuar “como un amortiguador o como un amplificador de la presión”.
La final del Mundial la decidirán muchos factores: lo físico, lo técnico, lo táctico. Pero el rendimiento nunca depende de un solo jugador. Porque no hay que olvidar que “el fútbol es un deporte de equipo”, concluye Zaidman.
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