Javier Giner ha debutado en el largometraje con Esta soledad, una historia que gira alrededor de una separación sentimental y que habla del desarraigo, la precariedad y que sitúa a sus protagonistas ante la dificultad de reconstruirse en un entorno social en crisis, reflejo de sus respectivas almas heridas.
La película, que se presentó en el pasado Festival de San Sebastián en la sección New Directors, está protagonizada por Oriol Pla y Marina Salas. Ellos son Leo y Lorea, una expareja cuya ruptura, apenas explicada, deja a ambos desolados y atrapados en un bucle de desconcierto y de búsqueda interna.
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Esta soledad marca el salto al cine de Giner después de Yo, adicto, la serie de Disney+ inspirada en su libro autobiográfico. En aquella ficción, el creador abordaba, a través de un ‘alter ego’, interpretado también por Pla, su experiencia con las drogas y el proceso posterior de desintoxicación.

“Aunque sean muy diferentes, tanto la serie como la película comparten algunos temas, como pueden ser la salud mental, el desamparo, la reconstrucción, la identidad, y que los personajes no encuentren su lugar en el mundo, o que estén en lucha consigo mismos o con el resto”, cuenta Javier Giner a Infobae. “Pero la aproximación aquí es opuesta a la de la serie, que era más explosiva, catártica, explicativa, como que te pasaba por encima, en el sentido que no daba mucho espacio al espectador, sino que básicamente te tenías que abandonar a ella. Y Esta soledad es otro tipo de apuesta, de una emoción mucho más contenida, más áspera. Queríamos como capturar la vida, que es algo muy indescriptible”.
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Marina Salas, que ha trabajado con Javier Giner en ambas obras junto a Oriol Pla, tiene claro cual es el denominador común entre Yo, adicto y Esta soledad. “Es la libertad, que forma parte de la identidad de Javi, el que no haya tanta moral ni tanto juicio en los temas que se plantean y en cómo se plantean, en hacer un cine arriesgado y diferente”, cuenta. “Y esa libertad se traduce a la hora de actuar, de interpretar”.
Cuenta la actriz que antes de comenzar la película, ella y Oriol Pla crearon la relación de pareja de los personajes que no estaba sobre el papel, para que cuando tuvieran que interpretar, todo fuera mucho más sólido.
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No hace falta hacer spoilers para decir que, en realidad, sus personajes van en paralelo durante toda la película y prácticamente no coinciden en pantalla. “Como dice Marina, se hizo un trabajo muy exhaustivo a la hora de crear el noviazgo fuera de plano, para que luego se entendieran las consecuencias de su ruptura. Así que, al final, sus interpretaciones están recorridas por la ausencia del otro”, añade Giner.
“Hacíamos vida juntos, estábamos los dos en el rodaje cuando uno rodaba y el otro no. Así que no tengo la sensación de no haber estado con Oriol en la película, es muy curioso”, añade Marina Salas.
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La melancolía y la rabia como estados de ánimo
La película, a partir de la separación de estos dos ‘treintañeros’, aborda muchos temas que nos llevan de la crisis de la vivienda, a la dificultad para encontrar trabajo, pasando por los cuidados, la falta de autoestima y la ausencia de expectativas vitales.

“No había un deseo específico de hacer un listado de temas acerca del presente. Pero, cuando eres honesto con el contexto real, es inevitable que se cuelen estas cosas. Pero nunca intento acercarme desde el tema a las cosas que planteo, o desde el mensaje, sino desde lo emocional, lo sensorial, lo experiencial. Por mi parte nunca hubo una ambición de hacer una película generacional, creo que simplemente son cuestiones que nos atraviesan a todos los seres humanos. Y creo que cuando intentas hacer una película específicamente en torno a un tema, se te ven mucho las costuras y las intenciones”.
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La película también describe una especie de estado de ánimo cercano a la melancolía, que el director dice que también tiene mucho que ver con la frustración, con el agotamiento, con la rabia.

Leo compagina su empleo en un supermercado con su trabajo como actor en talleres y espectáculos, mientras cuida de su padre enfermo hasta su muerte. Después descubrirá que su madre no se marchó de su vida por voluntad propia y emprende una búsqueda personal para localizarla.
Lorea afronta su propio desorden. Se considera una escritora fracasada, atraviesa un bloqueo emocional que le impide ordenar su vida y se refugia en la tristeza mientras transmite a los demás que está bien. Sus visitas a su madre y la amistad que establece con una presa la obligan a enfrentarse a sus fantasmas. Leo y Lorea permanecen recluidos en espacios físicos y emocionales desde los que intentan salir sin encontrar una reacción inmediata.
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Una película “muy vasca”
Javi Giner considera Esta soledad una “película muy vasca”, en realidad, “muy bilbaína”, en homenaje a sus raíces. “Quería una concreción absoluta porque creo que los lugares donde vivimos y las identidades culturales transforman nuestra manera de relacionarnos. Por ejemplo, el bullicio de Madrid hace que puedas estar meses sin ver a tu mejor amigo, porque es una ciudad que nunca para. Así que Oriol y Marina tuvieron que aprender a ser vascos”, dice Giner.
El director opta por introducir a los personajes en espacios industriales que se alejan de las estampas urbanas tradicionales. Se trata también de una decisión absolutamente intencionada.
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“Tiene mucho que ver con mi memoria emocional. Quería rendir homenaje y descubrir la belleza en esos paisajes en los que nací, crecí y me eduqué del Bilbao más industrial. También quería hacer un ‘statement’ político, en el sentido de dar importancia a las ciudades que retratamos, porque en esta especie de globalización audiovisual en la que vivimos, si ruedas en Bilbao parece que tengas que sacar el Guggenheim y si ruedas en Barcelona, la Sagrada Familia. Y yo quería hacer todo lo contrario. El cine británico lo hace precioso, te cuenta cómo es Manchester, Brighton, Edimburgo y lo hace con respeto y ternura”, cuenta.
“Yo tuve un profesor de cine, que era director de arte que decía: ”en el cine, un árbol nunca es un árbol". Porque hay muchas opciones de árbol. Está el árbol de Tim Burton, el de Forrest Gump, el de Sentido y sensibilidad. Dependiendo del árbol que elijas, eso tendrá un efecto diferente en el espectador, y en el tipo de historia que estás narrando", dice refiriéndose a las distintas formas de acercarse al tono de una película.
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Esta soledad es una ópera prima valiente que va a contracorriente del cine español reciente, con personajes contradictorios, repletos de aristas, que no tienen por qué caer simpáticos al espectador, que son como son, pero que están retratados con una extrema delicadeza y cariño porque la cámara nunca se recrea en sus miserias, ni se compadece sino que los acompaña y los entiende.
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