Javier Ambrossi y Javier Calvo, Los Javis, comenzaron su andadura conjunta con la obra de teatro La llamada, que se convirtió en un auténtico éxito durante años en la cartelera madrileña y que más tarde constituiría su ópera prima, protagonizada por Macarena García y Belén Cuesta.
Le seguiría la sitcom Paquita Salas, con Brays Efe, que los catapultaría como los nuevos adalides de la nueva generación de cineastas capaces de conectar con el público más joven gracias a sus dosis de humor ligado al lenguaje de Internet y las redes sociales mezclado con el costumbrismo de toda la vida.
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Con Veneno, el biopic sobre Cristina Díaz, dieron un paso adelante como autores y demostraron su capacidad para narrar, así como su compromiso con el colectivo LGTBI a la hora de visibilizar el colectivo trans. Por último, llegaría La Mesías, la serie de Movistar Plus+ que constituyó su proyecto más ambicioso y en el que lograron aunar todas sus virtudes, que nos llevaban desde lo más turbio hasta lo pop.

Ahora, se consagran con La bola negra, con la que han ganado (por el momento) el premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes, el premio del público en el Festival de Toronto y que ha sido seleccionada por España para representarnos en los Oscar, donde ya se vaticina que podría estar nominada en múltiples categorías.
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La película parte de una obra inacabada de Federico García Lorca y de la pieza teatral La piedra oscura, de Alberto Conejero, para hablar de la memoria histórica de nuestro país desde el punto de vista homosexual, y cuenta en el reparto con Guitarricadelafuente, Miguel Bernardeau, Carlos González, Milo Quifes y Penélope Cruz.

El germen de ‘La bola negra’
Pregunta: ¿Cuál fue el germen del proyecto y cuándo fue el momento en que os disteis cuenta de que la bola se iba a hacer tan grande
Javier Calvo: Nosotros estábamos haciendo otro proyecto que se cayó... y pasamos una etapa muy triste. Pensamos: “¿Ahora qué vamos a hacer? No tenemos una idea clara, vamos a pensar. Y cómo es la vida, que nos fuimos de viaje y me llevé La piedra oscura, de Alberto Conejero, porque me apetecía algo corto. Y al leer el monólogo de Sebastián, que habla del bombardeo de su pueblo y abandona a su madre, a mí como que me emocionó mucho.
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Y ese es el germen. Siempre hay algo que te emociona, que te hace llorar inexplicablemente y te dice: “Eso es bueno, hay que tirar por ahí”. Así que empezamos a imaginar. Supimos que queríamos adaptar La piedra oscura, pero había mucho diálogo y transcurría en una sola noche, por lo que hicimos el ejercicio de reducirla, de sacar la esencia para luego hacerla más grande. Dentro de la obra se hablaba de La bola negra, y nosotros no sabíamos qué era, así que nos pusimos a investigar y encontramos un libro sobre teatro inconcluso. Y ahí estaban esas cuatro páginas.

Javier Ambrossi: Nos impactó que fuera a ser una obra con un protagonista gay y que no se pudiera acacabar; tenía algo muy simbólico que nos estaba llamando. Y, de repente, escribir una película sobre lo inacabado cobró mucha fuerza. Así que decidimos unir La piedra oscura, La bola negra y, nos faltaba algo más, así que pensamos: “¿Y si además ponemos algo que nos hable a nosotros mismos y lo conectamos todo?”. Sabíamos que iba a ser muy difícil, porque hay mucha investigación, mucho trabajo con historiadores y mucha introspección. Pero, de repente, todo encajó.
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Javier Calvo: Claro, y La bola negra era solo dos páginas de personajes y dos páginas del diálogo con la hermana. “Por mi gusto, tiraría la jabalina, pero debo endulzar naranjas”. O sea, que no podíamos hacer como Haneke con El castillo, de Kafka. Entonces hicimos el ejercicio de imaginar utilizando el elemento del tiempo y lo relacionamos con Así que pasen cinco años y también estudiamos mucho El público y Comedia sin título, yendo de Alberto Conejero siempre de la mano y tejiendo ese universo.
Javier Ambrossi: Él lo ha sido todo. El trabajo que ha aportado, su saber, su cuidado, ha sido precioso, porque nos iba guiando. Ha sido un aprendizaje brutal.
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Pregunta: Pero llevar todo eso a una narración hilvanada debe haber sido complicado
Javier Ambrossi: Fue menos de lo que imaginas. Desde la primera lectura de la obra, hubo algo que nos inspiró, que nos hizo saber que teníamos que construir algo alrededor. Es de esas cosas que ves.
Javier Calvo: Como decía Lorca, la creación es un misterio, y solo el misterio nos hace vivir. Es lanzarte a lo desconocido.
Pregunta: ¿Esperáis que haya críticas negativas sobre la película solo por el hecho de que haya tenido tanta repercusión?
Javier Calvo: El otro día leí en Letterbox una crítica que me gustó y que decía: “Si le gusta a todo el mundo, es McDonald’s”. [risas] Entonces, yo entiendo que habrá gente a la que no le va a gustar. Soy consciente de ello, porque es imposible gustarle a todo el mundo, pero también estoy seguro de la película que he hecho.
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Venimos ahora de un coloquio en el que había mucha gente joven. Y ver gente de diecisiete, dieciocho años, emocionada con una historia, emocionada con el cine, en una sala de cine, disfrutando colectivamente de una película que les toca el corazón, para mí eso es un mundo. Porque yo sé cuál es la sensación de salir de un cine y sentir que me ha cambiado algo dentro. La sensación de salir del cine y sentir que la calle es distinta, que mi vida es distinta, que puedo tomar una decisión que no me atrevía. Y es lo que yo quería hacer con esta peli, que pudiera remover a la gente por dentro, que saliera distinta de como entró.

La importancia de Federico García Lorca
Pregunta: Desde Cannes habéis trasladado vuestra preocupación de por qué se ha invisibilizado la homosexualidad de Lorca en muchos discursos sobre el autor y de que mucha gente no era consciente de que se le había matado por ser gay. ¿Creéis que esta película cambiará ese discurso?
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Javier Calvo: Nuestra película tiene un enfoque artístico y quiere hablar de algo muy concreto. Solo podría decirte que, cuando se publicaron los Sonetos del Amor Oscuro, se eliminó la palabra Oscuro para que no tuviera ningún componente homosexual. Creo que eso habla mucho de cómo se ha intentado invisibilizar este tema.
Javier Ambrossi: Nuestra reivindicación es humanista. Y Lorca es una figura viva que fue libre en todos los sentidos, en su manera de pensar, desde el punto de vista político, en su orientación sexual. Y duele mucho su asesinato porque nos hemos perdido muchas cosas.

Pregunta: Hasta el momento, todos vuestros proyectos habían sido protagonizados por mujeres. ¿Cómo ha sido enfrentaros a personajes masculinos?
Javier Ambrossi: Imagínate, es la primera vez que hacemos algo tan desnudo. Ya no estamos sublimando o intentando buscar metáforas para contarnos a nosotros mismos, como habíamos hecho antes. Ahora es mucho más crudo. Evidentemente, cuando te pones a escribir algo así, te enfrentas a tus miedos, a tus fantasmas. Escribir una película sobre el amor, siendo pareja, te lleva a autoanalizarte. Si eres escritor, como nosotros, necesitamos que cada proyecto nos cambie, que sea una catarsis. Y escribir sobre personajes gais, en busca de quienes son, del deseo, del amor, de expresarse a sí mismos, pues te lleva a un espejo. Quizás, por eso, hemos tardado tanto.
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Javier Calvo: Creo que nunca hemos escrito algo que no hayamos sentido que nos fuera a cambiar al final del camino. Que cuando termináramos la película sintiéramos que no fuéramos a ser completamente distintos. Igual hemos estado postergando este momento y aquí estuvimos valientes, prestándonos a nuestra propia historia en muchos sentidos.
Tres historias, tres estilos
Pregunta: Ganasteis el premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes, y eso no es baladí. Habéis dado un salto descomunal en ese aspecto y la película está llena de ‘set pièces’ impresionantes. ¿Cómo ororquestasteis todo eso?
Javier Calvo: Pues nuestro primer pensamiento fue: vamos a investigar, a ir a museos, a ver cuadros de la época. Había en el Museo del Prado una exposición de cambios en el siglo XIX de los movimientos sociales en la que todo eran multitudes, con reivindicaciones, huelgas. Y eso nos inspiró mucho. También nos fijamos en las fotografías, siempre había mucha gente en las instantáneas. Y quisimos reproducir eso, personas que no estuvieran acostumbradas a ser grabadas, que tuvieran poca autoconciencia. Por esa razón, cada figurante fue importante. También queríamos reproducir el movimiento constante de esas masas. Si la película hablaba de poesía, queríamos que la película contara poéticamente las cosas, así que trabajamos los movimientos coreográficos, casi como si se tratara de una especie de danza contemporánea.
Queríamos, además, filmar de una manera diferente cada época. En el presente, se narra casi de forma documental y, en 1937, se retrata el dolor, la belleza y el deseo desde un punto de vista más objetivo, a través de lentes medias, menos planos, menos movimiento de cámara, todo más estático. Y, luego, en 1932, al partir de la obra de teatro, nos dejamos imbuir por la magia, la cámara se mueve más, como si fuera un personaje, utilizamos angulares...

Javier Ambrossi: Lo bueno es que ya habíamos trabajado con casi todo el equipo técnico, por lo que había mucha confianza. Nos encanta experimentar, probar. Rodamos en 35 mm. natural, por eso la película tiene los bordes redondeados, porque es como si fuera un objeto. Queríamos que fuera un objeto que tuvieras la sensación de que pudieras tocar, por eso del manuscrito, de la herencia, de las cosas que pasan de mano en mano, de generación en generación.
Pregunta: ¿Cómo os sentís estando en el foco de una manera tan brutal, sintiéndoos tan observados?
Javier Calvo: El otro día decíamos que cuando acabe la promoción vamos a desaparecer un tiempo. Porque es peligroso estar siempre visible.
Javier Ambrossi: Es un halago que la película interese tanto, porque es un micrófono gigante para poder contar tu punto de vista del mundo. Lidiamos con todo eso queriéndonos mucho, acompañándonos y cuidándonos, intentando ser sinceros con lo que hemos hecho. Y pasar de las redes sociales, para mí es mi religión, porque no me aportan nada.
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