El vídeo viral para entender la crisis de vivienda en España: “Hay más hogares que casas”

El sociólogo Jorge Galindo analiza por qué comprar o alquilar cuesta cada vez más y cuestiona que limitar las rentas resuelva el problema

Una persona sostiene una pancarta con lema 'El casero me roba los sueños'  durante la manifestación para exigir una reducción del precio de los alquileres de la vivienda en Madrid.
Pancarta vista en la manifestación para exigir una reducción del precio de los alquileres en Madrid (Matias Chiofalo / Europa Press)
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El sociólogo y analista de riesgo político Jorge Galindo sostiene que la crisis de vivienda en España responde, sobre todo, a un desajuste entre los hogares que se han creado y las casas disponibles. En un vídeo de siete minutos y medio, plantea que la solución pasa por elevar la construcción, reducir los plazos administrativos, reforzar el alquiler social y dar garantías públicas frente a los impagos.

Su diagnóstico parte de la distancia entre la evolución de los ingresos y la vivienda: “Desde 2015, los sueldos en España han subido un 28%. ¿Y la vivienda? Comprar una casa cuesta un 80% más. Alquilarla, un 87%, el triple que los sueldos”, afirma.

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Para el experto, la escasez de vivienda nueva explica buena parte del encarecimiento de comprar y alquilar. Además, cuestiona que las prórrogas de contratos y los límites a las rentas puedan corregir ese desajuste: a su juicio, pueden aliviar durante un tiempo a parte de quienes ya tienen vivienda, pero no añaden oferta para quienes buscan piso, quieren emanciparse o necesitan cambiar de domicilio.

España creó 1,2 millones de hogares en cinco años

El argumento central del vídeo es que España sumó 1,2 millones de hogares entre 2021 y 2025. Galindo incluye en ese cálculo a jóvenes que dejan la casa familiar, parejas que se separan y personas que llegan al país para trabajar. Todos ellos, señala, necesitan una vivienda.

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“Lo normal es empezar por un alquiler. Con el tiempo, si puedes, compras. Y al irte, dejas tu piso libre para el siguiente. Es una cadena”, explica. El problema, según su análisis, aparece cuando no hay viviendas nuevas que permitan renovar esa cadena: “La cadena solo se mueve si al final hay casas nuevas. Y España no construye”.

Galindo compara el actual ritmo de construcción con el de décadas anteriores. Según expone, España terminaba unas 260.000 viviendas al año en los años noventa y 540.000 durante los 2000. Para 2025, sitúa la cifra en torno a 92.000 viviendas terminadas.

Con esos datos, calcula que en cinco años se habrían creado menos de 470.000 viviendas frente a 1,2 millones de hogares. “Dos hogares y medio por cada casa”, resume. “El problema de fondo sigue siendo el mismo: hay más hogares que casas”.

La consecuencia, según sostiene, es una mayor competencia por una oferta limitada. Nueve de cada 10 viviendas vendidas serían de segunda mano, de acuerdo con su exposición, lo que implica que el mercado depende en gran medida de inmuebles ya existentes que cambian de propietario.

La falta de oferta afecta a jóvenes, inquilinos y hogares con menos ingresos

Galindo sitúa entre los principales afectados a los jóvenes y a quienes dependen del alquiler para formar un hogar. “El que entra en un alquiler ya no sale”, afirma, en referencia a la dificultad de muchos inquilinos para acceder después a una vivienda en propiedad o cambiar a un piso más adecuado.

El analista señala que el 38% de los hogares formados por quienes nacieron entre 1986 y 1995 vive de alquiler a precio de mercado, 10 puntos más que la generación precedente a la misma edad. También cita que casi siete de cada diez jóvenes de 18 a 34 años continúan en casa de sus padres, frente a cerca de la mitad en la Unión Europea.

“La fila se alarga, se atasca y mucha gente acaba malviviendo: en una habitación, compartiendo piso a los 40 o directamente en ninguna parte”, sostiene.

Galindo también reconoce que hay presiones añadidas en determinados territorios. Menciona el peso del alquiler turístico en barrios céntricos de Valencia y en el Cabañal, así como las compras de no residentes en Alicante. En estas zonas, considera que el turismo y la demanda internacional aumentan la tensión sobre la vivienda disponible.

No obstante, no los sitúa como la explicación principal de todo el país. “Eso aprieta, y mucho, pero en sitios concretos”, afirma. Su tesis es que, más allá de esos mercados locales, el problema cuantitativo sigue siendo el aumento de hogares por encima de las viviendas construidas.

La portavoz del Sindicato de Inquilinas de Madrid, Alicia del Río, ha anunciado que su organización trabaja en la convocatoria de una huelga general por el derecho a la vivienda que, según ha avanzado, tendrá lugar durante el mes de noviembre.

Limitar las rentas protege a quien ya tiene piso, pero no facilita el acceso

El sociólogo cuestiona que los controles de alquiler sean una respuesta suficiente. “Eso protege, durante un tiempo, a quien ya está dentro, pero no añade ni una sola vivienda”, asegura.

Su razonamiento es que, si alquilar resulta menos atractivo para algunos propietarios, parte de los pisos puede salir del mercado o dirigirse a otros usos. También cree que una oferta más escasa puede endurecer las condiciones exigidas a quienes buscan vivienda.

“Cuando hay menos pisos para la misma fila, ¿quién se lo queda? El casero hace casting y elige al de la mejor nómina”, dice. En ese contexto, señala que los hogares que acceden al alquiler tienen hoy más ingresos que antes e interpreta que las personas más vulnerables se están quedando fuera del mercado.

Como alternativa, propone un seguro público de impago que reduzca el riesgo para los arrendadores. “Si el casero sabe que va a cobrar, deja de hacer casting y le alquila a quien hoy no pasa el filtro”, plantea. También reclama ampliar el parque de alquiler social mediante la compra pública de viviendas.

Menos plazos urbanísticos y tres millones de viviendas en una década

Para Galindo, la construcción se frena por la falta de crédito, la escasez de mano de obra y la pérdida de empresas tras la burbuja inmobiliaria. Sin embargo, considera que esos factores no explican por sí solos el bajo volumen de obra nueva con los precios actuales.

“Hay un muro que hemos levantado nosotros, ladrillo a ladrillo”, afirma sobre la regulación urbanística y administrativa. Cita planes generales que tardan entre 10 y 12 años, licencias que se retrasan y recursos que pueden paralizar desarrollos completos.

“Son 20 años desde el suelo hasta las llaves”, resume. Su propuesta incluye revisar los procedimientos, asegurar que se cumplan los plazos, elevar la densidad donde exista demanda y servicios y mejorar las conexiones de transporte.

Según sus cálculos, mantener un ritmo de 95.000 viviendas anuales llevaría 42 años para cerrar la brecha. “Triplicándolo, nueve. Tres millones de viviendas en una década”, afirma.

Por último, para las zonas con especial presión turística o de compradores no residentes, defiende medidas selectivas. “Donde el problema es local, pisos turísticos, compradores que no viven aquí, ahí sí, desincentivos, con puntería”, concluye el experto.

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