
Mientras los goles siguen llegando y las selecciones van sumando sus primeros puntos, el cine no se queda atrás. Tras repasar la historia de grupos con grandes naciones de tradición cinéfila como México, Estados Unidos, República Checa, Brasil o Canadá, es el momento de continuar con un nuevo cuadro poblado de nuevas y grandes historias por descubrir.
El Grupo E del Mundial reúne a Alemania, Curazao, Costa de Marfil y Ecuador, y permite leer el torneo también como un mapa cinematográfico. Alemania, en particular, es el caso más evidente: una tradición profunda y múltiple, capaz de abarcar desde el expresionismo más radical hasta la Nueva Ola alemana y, ya en el presente, un cine de autor que mantiene vigencia internacional. En ese recorrido histórico está buena parte de la intensidad del cine alemán, mientras que el resto de combinados poseen industrias mucho más modestas.
PUBLICIDAD

Alemania
El expresionismo alemán de los años 20 es una de las grandes invenciones del cine moderno. Directores como Fritz Lang, con Metropolis y M, el vampiro de Düsseldorf o F. W. Murnau, con Nosferatu y Amanecer, construyeron un lenguaje visual que jugaba con la luz, la sombra y la arquitectura para expresar angustia, poder y destino. En esas películas, el escenario no es solo un decorado: es un reflejo de la psique. El expresionismo hizo posible que el cine hablara de lo interior, y esa huella se sigue sintiendo en el cine de terror, en el thriller y en la propia estética de Hollywood.
En los años 60 y 70, la Nueva Ola del cine alemán renovó esa tradición con una mirada más crítica y política. Rainer Werner Fassbinder es una figura central, con obras como Todos nos llamamos Alí o Lola, donde la emoción, la historia y la crítica social se entrelazan con una intensidad casi teatral. Wim Wenders, con El cielo sobre Berlín o Paris, Texas, y Werner Herzog, con Aguirre, la locura de Dios o Fitzcarraldo, llevaron el cine alemán hacia el paisaje, el límite y la obsesión. El cine de esta época no solo desnudó la historia reciente de Alemania, sino que lo hizo con una libertad estética que convirtió el país en una de las grandes referencias del cine europeo.
PUBLICIDAD
El cine alemán actual mantiene esa energía, aunque con registros más diversos. Michael Haneke, aunque de origen austriaco y con una carrera internacional, es parte de esa tradición de rigor moral y observación fría, representada en títulos como La cinta blanca. En el presente, directores como Florian Henckel von Donnersmarck, con La vida de los otros, Maren Ade con Toni Erdmann o Christian Petzold, con Ondina o la reciente Espejos Número 3, han consolidado una voz que combina política, memoria e intimidad. Alemania sigue siendo un país donde el cine puede ser tanto un espejo de su historia como un espacio de experimentación estética.

Curazao
Curazao es un caso distinto: una cinematografía pequeña, casi en formación, pero con una presencia que empieza a ser visible en el mapa del cine caribeño y latinoamericano. No hay una gran industria, pero existen iniciativas de producción, festivales y coproducciones que permiten que el cine isleño crezca poco a poco. En ese contexto, el cine de Curazao suele articularse desde una mirada íntima, interesada en la identidad, la lengua y las tensiones entre tradición y modernidad. La película que mejor representa al país a día de hoy es Buladó, de Eché Janga, que retrata la historia de un joven en Curazao y la difícil relación entre su padre y abuelo, representantes de dos generaciones muy distintas de aborígenes.
PUBLICIDAD
La isla ha sido escenario de varias producciones internacionales, lo que no significa que su propia voz sea solo acompañamiento. Lo interesante es que, en ese proceso, se está construyendo una sensibilidad propia, que busca narrar la vida caribeña desde dentro, sin caer en el cliché turístico. El cine de Curazao, cuando aparece, suele ser un cine de recuerdos, de familias, de lenguas en contacto, y eso lo hace particularmente honesto. En un país así, el cine funciona más como proyecto que como tradición consolidada. La pregunta no es todavía “¿qué ya hemos hecho?”, sino “¿cómo queremos contar lo que somos?”. Esa condición de cine en construcción no es una debilidad, sino una etapa: el relato de Curazao está empezando a escribirse, y es precisamente por eso que resulta interesante seguirlo.

Costa de Marfil
Costa de Marfil representa un escenario muy particular: el de un cine africano que ha ido ganando presencia internacional sin depender de grandes estructuras industriales. En los últimos años, el país ha producido obras que han viajado a festivales europeos y han logrado una atención que va más allá de su tamaño. El cine de Costa de Marfil suele estar muy atento a la vida cotidiana, a las relaciones familiares, a las tensiones entre tradición y cambio, y a la condición de la mujer en la sociedad contemporánea.
PUBLICIDAD
La historia del cine en la región está ligada, en parte, al trabajo del francés Jean Rouch, quien con La Pyramide humaine (1961) realizó una de las primeras incursiones importantes en la filmografía costamarfilesa. Aunque Rouch era francés, su trabajo en Abidján abrió caminos para que el cine local pudiera verse con otros ojos, más cercanos a la experiencia de la gente que a la mirada externa. Junto a esa tradición, Timité Bassori llevó adelante una voz propia con obras como Le Femme au couteau, donde la mujer, la familia y las tensiones sociales se entrelazan con una sensibilidad que no es puramente documental ni puramente narrativa, sino algo intermedio.
En el presente, esa línea se ha renovado con directores como Philippe Lacôte, cuyo La Nuit des rois ha colocado al cine de Costa de Marfil en el mapa internacional con una mezcla de realismo, atmósfera y una estética que juega con la noche, la ciudad y los límites entre lo real y lo mítico. La Nuit des rois no solo narra una historia, sino que construye un mundo visual donde la noche se vuelve un personaje más. El cine de Costa de Marfil, en suma, ha logrado pasar de una tradición ligada a la mirada externa a una voz propia, que busca narrar la realidad con una perspectiva que se siente parte de la comunidad.
PUBLICIDAD

Ecuador
Ecuador completa el grupo con una cinematografía que ha ido consolidando una voz propia en los últimos años. El cine ecuatoriano suele moverse entre el realismo social y la observación íntima, con una sensibilidad que busca entender la identidad desde lo cotidiano. Directores como Sebastián Cordero han sido fundamentales en ese proceso, con obras como Crónicas o Ratas, ratones, rateros, que colocaron al cine ecuatoriano en el mapa internacional con una mezcla de tensión urbana y crítica social. Más recientemente, títulos como Alba, de Ana Cristina Barragán, han abierto camino para que el cine de la región se vea con más atención, que han ido consolidando una voz que combina política, memoria e intimidad. El cine ecuatoriano, en suma, suele ser un cine de grietas, de personajes en conflicto, de historias que no se resuelven fácilmente.
Visto en conjunto, el Grupo E funciona casi como una conversación entre modelos de cine distintos. Alemania aporta profundidad histórica y diversidad de registros; Curazao, una escena emergente que está definiendo su voz; Costa de Marfil, un cine africano de proximidad y humanidad; y Ecuador, una tradición que combina realismo social y observación íntima. El fútbol organiza la competencia, pero el cine deja ver otra cosa: cómo cada país construye sus relatos, sus obsesiones y su manera de mirar el mundo.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Valeria Luiselli y su nueva y esperada novela: “Cada vez que se cuenta el pasado, se está reescribiendo el presente”
La escritora mexicana habla sobre “Principio, medio, fin”, que narra el viaje de una mujer recién separada junto con su hija hacia los orígenes familiares en Sicilia y el vínculo mítico, filosófico y real con los elementos naturales

Vicio, deseo y “doble moral” en la España de los puteros: la historia de un oficio no siempre prohibido del que reyes como Fernando VII o Felipe IV “hicieron un arte”
El periodista, escritor y cineasta Javier Rioyo firma un ensayo histórico que analiza cómo el meretricio ha evolucionado a lo largo de los siglos en el país y en ciudades como Madrid

‘Iván & Hadoum’, una historia de amor universal contada desde lo queer: “Se puede ser trans y vivir desde la luz, no desde el trauma”
El debut de Ian de la Rosa, premiado en Berlín y Málaga, convierte la clase, el racismo y la identidad en el telón de fondo de una historia que desafía los estereotipos. ‘Infobae’ habla con el director y sus protagonistas, Silver Chicón y Herminia Loh
Quevedo anuncia la nueva gira de ‘El Baifo’ con solo cuatro conciertos en la Península: cuándo y cómo conseguir entradas
El cantante canario, que logró colocar diez canciones suyas en el Top 10 de lo más escuchado en España, ha revelado las dos ciudades en las que actuará en 2027 lejos de sus islas

Sun Tzu, el filósofo de ‘El arte de la guerra’: “Aparenta ser débil cuando seas fuerte, y fuerte cuando seas débil”
Este pensador chino del siglo V a. C. remarcó la importancia de la prudencia y la discreción cuando estamos compitiendo por algo



