Por qué ‘Backrooms’ se ha convertido en un fenómeno del cine de terror que arrasa en taquilla: una pesadilla asfixiante repleta de originalidad

La película de Kane Parsons se ha convertido en un éxito en su primera semana de estreno en nuestro país con 1,6 millones de euros de recaudación

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Backrooms presenta un nuevo tráiler.

La película Backrooms, la ópera prima de Kane Parsons, ha llegado a la cartelera española convertida en uno de los títulos de terror más comentados del año. La buena noticia, es que cumple con la expectación generada gracias a una propuesta que transforma una idea nacida en Internet en una pesadilla física y mental con mitología propia.

La película, ambientada en los años 90, sigue a Clark, un arquitecto fracasado interpretado por Chiwetel Ejiofor, y a Mary, su terapeuta encarnada por Renate Reinsve.

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El hallazgo en el sótano de una tienda de muebles de descuento de un misterioso portal, abrirá la puerta a un espacio alternativo deformado que reorganiza por completo la realidad del relato.

Una nueva generación nacida de Youtube

Parsons, de apenas 20 años, procede de YouTube y debuta en el largometraje con una adaptación, o más exactamente una expansión, de su propia antología viral en Internet. Aquel conjunto de cortometrajes acumuló millones de visualizaciones y contenía ya el germen del universo de Backrooms.

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Así, el joven director se inserta dentro de una nueva generación de autores jóvenes que buscan alterar las bases del terror convencional y conectarlo con los miedos de la contemporaneidad.

Renate Reinsve en 'Backrooms' (A24)
Renate Reinsve en 'Backrooms' (A24)

El punto de partida narrativo se construye sobre dos personajes marcados por la fractura personal. Clark arrastra una vida deteriorada: está separado de su mujer por problemas con el alcohol y regenta una tienda de muebles de descuento. Mary carga con traumas vinculados a una infancia atravesada por la convivencia con una madre con problemas mentales.

Entre el ‘escape room’ y el terror conceptual

La ruptura llega cuando Clark descubre una pared que puede atravesarse en el sótano de su negocio. Al otro lado aparece una extensión alterada de su tienda, un espacio a medio camino entre un 'escape room’ y un estado mental de pesadilla.

A partir de esa entrada, la película se adentra en un universo dominado por la extrañeza, donde las reglas de la lógica dejan de funcionar. El laberinto opera a la vez como escenario físico y como descenso interior hacia los monstruos más ocultos de la mente.

Chiwetel Ejiofor por uno de los pasillos de 'Backrooms' (A24)
Chiwetel Ejiofor por uno de los pasillos de 'Backrooms' (A24)

La propia idea de “backroom” remite a una puerta de entrada a callejones sin salida en los que habitan los engendros creados por la cabeza. Esa definición refuerza el vínculo entre el horror material de los espacios y la dimensión psicológica del relato.

La película articula su propuesta a partir del 'found footage’, los planos subjetivos, el 'creepypasta ‘entendido como leyenda urbana y el llamado terror liminal. Esa combinación está orientada a generar una sensación de asfixia y pánico sostenidos, basada en la incertidumbre de lo que puede haber detrás de cada puerta, camino o trampilla.

Un terror que surge de la atmósfera y los espacios

La amenaza no se limita a lo visible. El miedo surge tanto de lo que aparece en pantalla como de lo que permanece fuera de campo, una decisión que convierte a Backrooms en una experiencia a la vez hipnótica y perturbadora.

Uno de los rasgos que definen la propuesta de Parsons es la prioridad concedida al clima y a la atmósfera sobre las explicaciones. La película posee una pulsión interna fuerte y no necesita ‘sobreexplicar’ la simbología que plantea, porque deja margen para que el espectador proyecte sus propias interpretaciones.

Esta imagen difundida por A24 muestra al actor Chiwetel Ejiofor en una escena de la película 'Backrooms'. (Foto, A24 vía AP)
Esta imagen difundida por A24 muestra al actor Chiwetel Ejiofor en una escena de la película 'Backrooms'. (Foto, A24 vía AP)

Esas lecturas pueden ir desde teorías ‘conspirativas’ hasta asociaciones con la salud mental y la apatía existencial del presente. En esa tensión entre estructura narrativa y experiencia puramente sensorial reside una de las claves del magnetismo de la propuesta.

Así el filme justifica el entusiasmo que arrastraba desde su estreno en Estados Unidos y que ese recorrido le ha dado casi de forma automática un estatus de película de culto. Backrooms es original, impredecible, espeluznante y opresiva, y recupera un terror conceptual, abstracto y corporal que hacía tiempo no se veía en pantalla con esa astucia.

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