
España llega dos meses tarde a un fenómeno que ha traspasado las pantallas de buena parte del mundo. Heated Rivalry explotó a finales de noviembre y se difundió como la pólvora, en parte gracias a Telegram y a las redes sociales. Este 5 de febrero ha llegado por fin a nuestro país a través de Movistar Plus+, bajo el título Más que rivales.
The New York Times la ha definido como un “terremoto cultural”. Ya no quedará adolescente, hombre o mujer que no haya escuchado hablar de la ficción que protagonizan Hudson Williams y Connor Storrie, que dan vida a Shane Hollander e Ilya Rozanov, dos jugadores de hockey sobre hielo rivales con una relación secreta que se extiende durante nueve años. La serie, que adapta el segundo libro de la saga creada por la escritora Rachel Reid y que llega a librerías españolas el mes que viene, es un original de la plataforma canadiense Crave. El éxito de sus seis capítulos ha sido inversamente proporcional al presupuesto y los medios disponibles: se rodó en apenas un mes con poco más de 6 millones de euros. Parecía destinada a ser una ficción más de romance gay. No ha sido así.
Estrenada el pasado 28 de noviembre con un capítulo semanal a excepción de los dos primeros, plataformas como HBO en Estados Unidos y Australia vieron el potencial de la ficción y la compraron incluso antes de que se estrenara. También España. En ambos casos, Variety lo anunció el 19 del mismo mes, pero no ha sido hasta ahora cuando ha llegado a la plataforma. Mientras tanto, TikTok y X hacían de las suyas con edits de los capítulos (clips de apenas 20 segundos con escenas de la serie y música de fondo) y se orquestaba un fandom interesado en saber hasta el DNI de los dos actores, ambos desconocidos para el gran público. Hace menos de un año trabajaban en hostelería y en apenas 30 días pasaron a presentar en los Globos de Oro. Ellos tampoco vaticinaban el tsunami se les venía encima.
El hockey sobre hielo, un deporte donde se premia la masculinidad en su versión “más basta”
En estos tres meses se han analizado por activa y por pasiva los motivos de su éxito: desde el carisma de sus protagonistas al fenómeno ‘boca a oreja’ gracias a las redes o las escenas de alto contenido sexual. Uno de ellos es el contexto en el que se desarrolla la ficción creada, escrita y dirigida por Jacob Tierney: el hockey sobre hielo, un deporte que, como define el periodista especializado en cuestiones LGTBIQA+, Juan Roures, es muy “violento”.

“Hablamos de un mundo donde se premia la masculinidad en su versión más basta. Es lo que buscan los forofos y, por tanto, los patrocinadores“, explica a este medio el periodista. “Ahí el amor entre hombres no tiene cabida, como ha pasado siempre en las competiciones de equipo: se nos molesta, se nos margina”, añade. Él mismo cuenta que jugó al hockey durante un tiempo, pero “nunca” llegó a sentirse cómodo. “Las cosas están cambiando: solo hay que ver las reacciones que despiertan los poquísimos jugadores de élite que se atreven a salir del armario”.
De hecho, la ficción ha ayudado a varios jugadores de este deporte a dar el paso públicamente. Dos semanas después de finalizar la serie, el 13 de enero, el jugador de Minnesota Jesse Kortuem escribió un comunicado en Facebook donde anunciaba su orientación sexual: “Me preguntaba cómo podía ser gay y seguir practicando un deporte tan duro y masculino”, dijo. “Sé que muchos hombres homosexuales que no han salido del armario en el mundo del hockey se están viendo muy afectados por el éxito de Heated Rivalry. Nunca en mi vida pensé que algo tan positivo y lleno de amor pudiera surgir de un deporte tan masculino”.

Con el punto de Roures coincide el psicólogo y gestor cultural Alonzo López, que asegura que el hockey, como muchos deportes de alto rendimiento, “ha sido históricamente un espacio asociado a la masculinidad hegemónica y a una narrativa profundamente heterosexual”. “Colocar ahí una historia de amor entre dos hombres, además de romper expectativas, genera un fuerte impacto cognitivo y emocional en la audiencia”.
También influye que la serie aborda el conflicto “desde emociones universales”, como el deseo, el miedo o la ambición, y no, apunta, desde “lo gay”. “Al situarlas en un espacio donde tradicionalmente no se permitían, la serie logra humanizar a sus personajes y ampliar los márgenes de identificación, incluso en públicos que no necesariamente buscaban una historia LGBTQ+”, añade.
“A las chicas nos suele funcionar un romance entre dos chicos, pero a ellos no les interesa”
En todo esto, se ha puntualizado un patrón que se viene viendo desde hace años: se realizan muchas menos ficciones sáficas y, cuando se hacen, no tienen ni un cuarto del impacto que han conseguido las protagonizadas por ellos, como Heartstopper, Young Royals o Rojo, blanco y sangre azul. “Si hablamos de representación, los hombres gays siguen siendo los más visibles dentro del colectivo, con todo lo bueno y lo malo que implica esa visibilidad. La industria se adapta a cómo está configurada la sociedad”, explica la psicóloga general sanitaria María González de la Rivera, especializada en el colectivo LGTB+.
Pero, ¿hubiese funcionado Más que rivales como un romance lésbico? “Podría funcionar, claro, pero sería otra serie”, explica Roures. “A diferencia de la masculina, la homosexualidad femenina siempre se ha asociado a las actividades físicas”, asegura. Por su parte, González de la Rivera cree que no. “A las chicas nos suele funcionar un romance entre dos chicos, pero a ellos no les interesa tanto como para generar un fenómeno similar. Las mujeres tenemos una mirada mucho más abierta y en la que sí que entra el hombre”, afirma.
“La clave del éxito reside en contraponer la ternura romántica y la fogosidad sexual a cuanto acontece en el campo, lo que resulta especialmente poderoso (y provocador) al involucrar a dos jóvenes con atributos tradicionalmente asociados a la virilidad”, añade Roures. Y ahí el público objetivo ha sido clave. “Su target es la gente que se siente atraída por hombres, que proyecta así fantasías que probablemente nunca formen parte de su, quizá, más normativa realidad”, apostilla. Con esto coincide González, que explica que “el impacto está en el momento en que se convierte en una serie consumida también por chicos. Estos libros ya los leían muchas chicas, incluso heterosexuales. Pero cuando llega a la pantalla y empieza a circular entre gays, ahí es donde se produce el boom”, finaliza.
El éxito de la ficción continúa. Tierney, el director, ya ha anunciado una segunda temporada basada en la novela que concluye la saga, The long game, y la autora publicará este mes de septiembre una nueva historia centrada en Ilya y Shane, Unrivaled.
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