Fractura por estrés: qué es, cómo se produce y factores clave para prevenirla

El 20 % de todas las lesiones deportivas se produce por microtraumatismos repetidos por una sobrecarga o fatiga del hueso

Una atleta sentada en la pista sostiene su pierna mientras un especialista con guantes examina su pie vendado con hematomas.
Un fisioterapeuta examina el pie lesionado de una atleta que sufrió una fractura durante una actividad deportiva en una pista de atletismo. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Las lesiones óseas no siempre son el resultado de caídas estrepitosas o impactos violentos. En el ámbito deportivo y en personas con alta actividad física, existe un daño silencioso pero incapacitante que surge de forma gradual: la fractura por estrés. La también denominada fractura por sobrecarga o fatiga no es propiamente una rotura completa del hueso, sino una fisura o grieta fina provocada por microtraumatismos repetidos o una carga excesiva sobre la estructura ósea, como detallan en Farmalastic. Esta afección se produce a menudo sin un traumatismo aparente y representa aproximadamente el 20 % de todas las lesiones deportivas.

Aunque puede ocurrir en cualquier hueso del cuerpo, afecta de manera predominante a las extremidades inferiores, como pies, tobillos y piernas, ya que son las partes a las que sometemos a un estrés constante durante la marcha, el salto o la carrera. Si repasamos la biología del hueso, descubrimos que el tejido óseo se encuentra en un proceso dinámico y continuo de formación y degradación para adaptarse a las cargas mecánicas que recibe. Este proceso, como subraya FisioOnline, está regulado por el equilibrio entre los osteoblastos (células encargadas de crear tejido óseo) y los osteoclastos (células dedicadas a la remodelación y reabsorción).

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Cuando un deportista realiza movimientos repetitivos con una intensidad o frecuencia desmesurada, las microlesiones se acumulan a un ritmo superior a la capacidad del organismo para repararlas. Esta sobrecarga sobrepasa la elasticidad del tejido, rompiendo el equilibrio celular y desencadenando la fisura.

Un monitor de marco negro muestra la radiografía de los huesos de un pie sobre fondo oscuro.
Una radiografía proyectada en una pantalla médica muestra una fractura ósea en un pie humano. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En las etapas iniciales, el síntoma principal es un dolor leve que únicamente se manifiesta durante el esfuerzo o el entrenamiento. Sin embargo, si la actividad continúa sin descanso, la molestia evoluciona hacia un dolor persistente, presente incluso en reposo, acompañado de hinchazón, enrojecimiento y sensibilidad local sobre la zona afectada. Concretamente, los huesos más propensos a sufrir esta lesión son la tibia, el escafoides tarsiano, los metatarsianos (especialmente el segundo y el quinto) y el calcáneo.

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Factores de riesgo e incitación a la lesión

No todas las personas tienen las mismas probabilidades de padecer este problema. En este sentido, desde Mayo Clinic subrayan que la causa desencadenante más frecuente es el aumento repentino de la intensidad, duración o frecuencia de la actividad física, especialmente al pasar de un estilo de vida sedentario a un régimen exigente. Entre los factores de riesgo clave señalados por las fuentes destacan:

  • Deportes de alto impacto en disciplinas como atletismo, baloncesto, tenis, fútbol, gimnasia y danza generan un estrés repetitivo en la estructura ósea.
  • Factores anatómicos y biomecánicos como presentar pies planos, arcos altos y rígidos, una pierna más corta (dismetría) o desalineación de rodillas en valgo alteran la distribución uniforme de las cargas.
  • Perfil biológico y nutricional. El sexo femenino registra una mayor incidencia debido a variaciones hormonales o trastornos menstruales (como la amenorrea). Asimismo, la baja densidad ósea (osteoporosis), la atrofia muscular y el déficit de calcio y vitamina D debilitan la resistencia del hueso.
  • Utilizar calzado desgastado o inadecuado y haber sufrido fracturas por sobrecarga anteriores eleva significativamente el riesgo de recaída.
Un corredor arrodillado en una pista de atletismo sujeta su pie derecho con ambas manos mientras otros atletas corren al fondo.
Un corredor de fondo se sostiene el pie tras sufrir una fractura durante una prueba de atletismo en pista. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los expertos defienden que para prevenir las fracturas por estrés se requiere planificación y sensatez. La pauta fundamental consiste en progresar gradualmente en los entrenamientos, evitando incrementar el volumen de ejercicio en más de un 10% semanal. Asimismo, es indispensable emplear un calzado deportivo adecuado con buen soporte, alternar actividades de bajo impacto (entrenamientos cruzados como natación) y mantener una nutrición equilibrada rica en vitamina D y calcio.

En caso de confirmar el diagnóstico mediante pruebas de imagen como la resonancia magnética, el tratamiento conservador es la vía principal. Este incluye un reposo deportivo de 6 a 8 semanas, uso puntual de muletas, antiinflamatorios, fisioterapia y, únicamente en casos excepcionales con complicaciones de cicatrización, intervención quirúrgica.

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