José Abellán, cardiólogo, sobre hacer 10.000 pasos diarios: “Es un mito, en realidad son menos pasos, pero importa mucho cómo los des”

El experto explica los factores más importantes a la hora de andar en base a varios estudios

Andar 10.000 pasos diarios es un mito
Montaje Infobae en el que aparece José Abellán
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Andar es uno de los mejores ejercicios para cuidar nuestra salud. A diferencia de otras actividades, como pueden ser correr o saltar, el desgaste en las articulaciones es menor y el riesgo de sufrir lesiones es mucho más bajo.

Por otra parte, se puede compaginar con otras actividades, como hablar con otras personas, escuchar música o disfrutar del paisaje, por lo que es una forma sencilla de mantenerse activo en el día a día sin necesidad de dedicarle varias horas.

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Una de las ideas más extendidas en los últimos años es la de los 10.000 pasos diarios. Sin embargo, hay expertos que no están de acuerdo con este paradigma. Uno de ellos es José Abellán, un cardiólogo que ha profundizado sobre este tema en uno de los últimos vídeos que ha publicado en su cuenta de TikTok (@doctorabellan).

“Una cosa chula y que casi nadie sabe acerca del mito ese de que hacer 10.000 pasos al día es bueno para tu corazón, es que en realidad son menos, e importa mucho cómo los des”, afirma en su primera intervención.

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Cuántos pasos debemos dar

Según explica el cardiólogo, un estudio reciente realizado con una base de datos de más de 110.000 personas ha analizado la relación entre el número de pasos diarios y el riesgo de mortalidad por cualquier causa y de sufrir eventos cardiovasculares, como un infarto. Los resultados muestran que esta relación no es lineal, sino que existe una cantidad de pasos a partir de la cual los beneficios comienzan a ser menores.

En concreto, el punto en el que se observa una mayor reducción del riesgo se sitúa alrededor de los 8.700 pasos diarios en el caso de la mortalidad y de los 7.100 pasos cuando se analizan los eventos cardiovasculares. Esto no significa que caminar más a partir de esas cifras deje de ser beneficioso, sino que la reducción del riesgo es cada vez menor.

Más que un simple ejercicio, caminar es una herramienta poderosa para la salud. (Freepik)
Personas andando. (Magnific)

Pero el número de pasos no es el único factor que importa. El cardiólogo también destaca que la velocidad a la que caminamos puede influir en los beneficios de esta actividad. El estudio comparó a personas que caminaban a un ritmo lento, de unos 30 pasos por minuto, con otras que lo hacían a 60 o incluso 100 pasos por minuto.

Los resultados mostraron un mejor pronóstico entre quienes caminaban a una velocidad moderada o rápida frente a quienes lo hacían a un ritmo más lento. Por ello, el cardiólogo señala que no se trata únicamente de alcanzar una determinada cifra al final del día, sino también de prestar atención a cómo se realizan esos pasos.

En cualquier caso, el especialista recuerda que caminar es solo una parte de un estilo de vida activo y que el ejercicio de fuerza también desempeña un papel importante en el cuidado de la salud cardiovascular. Por tanto, salir a andar con frecuencia puede ser una buena forma de mantenerse activo, pero combinarlo con otras formas de ejercicio permite trabajar diferentes aspectos de la condición física.

Una buena alimentación también es clave para cuidar el corazón

Mantenerse activo es importante para cuidar la salud, pero la actividad física debe ir acompañada de una alimentación adecuada. Lo que comemos a diario también influye en el funcionamiento del organismo y, en particular, en la salud cardiovascular.

Una dieta saludable debe basarse principalmente en alimentos como frutas, verduras, legumbres, frutos secos, cereales integrales y pescado, además de incluir aceite de oliva como principal fuente de grasa. Estos alimentos aportan nutrientes esenciales y permiten mantener una alimentación variada sin necesidad de recurrir a restricciones excesivas.

Por el contrario, conviene limitar el consumo habitual de alimentos ultraprocesados, productos con un alto contenido en azúcares añadidos, grasas saturadas y sal. No se trata de eliminar por completo determinados alimentos, sino de que tengan un peso menor dentro de la alimentación diaria.

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