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Dónde estaba el rey cuando Ceuta le necesitaba: la encrucijada de Felipe, marcado por la furia de Mohamed y el augurio de Hassan, pero también por el Gobierno

Felipe VI no ha estado en las ciudades autónomas como rey ni como príncipe de Asturias, decisión que no responde a sus deseos sino a la seguridad nacional

Felipe VI en la entrega de premios de la 44ª Copa del Rey de Vela en Palma y una playa en Ceuta. (Europa Press)
Felipe VI en la entrega de premios de la 44ª Copa del Rey de Vela en Palma y una playa en Ceuta. (Europa Press)
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“Los ciudadanos se preguntan y el gobierno de la ciudad también se pregunta cuál es la razón para esta pasividad. En mi humilde opinión, caben tres posibilidades: la primera, ineptitud, lo que sería muy grave; la segunda, irresponsabilidad, no darle importancia a que se haya vulnerado nuestra integridad territorial, que sería aún más grave que la primera; la tercera, la que desearía de corazón que los hechos descartaran, que para no molestar al vecino no se actúe con la debida firmeza ante un hipotético plan concebido que tenga por finalidad golpear sucesivamente a Ceuta hasta la caída definitiva de Ceuta”.

Juan Vivas ha dado un mes a Pedro Sánchez antes de acudir a las Cortes, a los tribunales o a Europa. Solo el 30 y 31 de julio asaltaron la frontera entre 70.000 y 80.000 personas, duplicando la población de Ceuta. Una mayoría regresó por donde había venido, pero no pocos permanecen, entre ellos un total de 2.168 menores. La crisis es humanitaria, de seguridad o sanitaria y trasciende a España, también a Europa. La prensa oficial de Marruecos se frota las manos con un artículo en Foreign Policy que aboga por que España “haga lo correcto y devuelva” sus dos ciudades autónomas. Ahí está la clave ahora.

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Rabat señala la debilidad de Madrid para ahondar en el descrédito internacional, pero a escala interna, para consumo de la población local, el principal mensaje es que Ceuta y Melilla son territorios ocupados. Vivas sabe que del vecino dependen nuevos 30 y 31 de julio o que no los haya y cuál es el objetivo último, pero se ve desamparado. Solo Margarita Robles ha pedido cuentas a Marruecos por el asalto y escuchado a ceutíes, sus críticas, su miedo. Sánchez viajó al comienzo y no se ha vuelto a mover de Lanzarote, donde pasa sus vacaciones. Salvo Robles, el mensaje es contenido, para salvaguardar la relación, la paz.

El presidente de la ciudad autónoma considera que el ejecutivo de Pedro Sánchez no está dando respuesta y ha elevado el tono.

Juan Carlos solo estuvo una vez

Otra sonada ausencia es la del rey, quien siguió los hechos “con gran preocupación e indignación”. Vivas solo ha abandonado Ceuta para pedirle ayuda. Fue a Marivent y le arrancó la promesa de una visita a la ciudad, pero no una fecha. Los ceutíes quieren verle, y la imagen en sus calles sería muy positiva tanto para subrayar la soberanía española del territorio como para la propia opinión sobre la corona. Pero no es tan sencillo. De hecho, ni siquiera depende únicamente de la voluntad de Casa Real, sino que también pesa el Gobierno. Para Marruecos, se trataría de una provocación. Solo hay que atender a los precedentes.

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Felipe VI no ha pisado Ceuta ni Melilla en sus doce años de reinado. Son los dos únicos territorios donde no ha estado. La razón tiene que ver con lo que deslizó Vivas sobre el Gobierno: para “no molestar” a Marruecos. El historial de visitas regias a las dos ciudades es tan escaso que hay que remontarse a 2007 para encontrar la última -Juan Carlos I- y a 1927 para hallar la anterior. Fue Alfonso XIII en plena consolidación del protectorado español en el norte de África. En esas ocho décadas, la Segunda República, la Guerra Civil, el franquismo y los primeros 32 años del reinado del propio Juan Carlos.

Imágenes de la agencia EFE de la única visita de Juan Carlos I a Ceuta.
Imágenes de la agencia EFE de la única visita de Juan Carlos I a Ceuta.

El enfado de Mohamed VI: “Lamentable”

Fue el 5 de noviembre de 2007 cuando el hoy emérito y Sofía llegaron a Ceuta, acompañados por la entonces ministra de Administraciones Públicas, Elena Salgado, bajo el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Al día siguiente, Melilla. Fueron aclamados. “Como rey que se debe a todos los españoles -pronunció-, tenía contraído el compromiso de esta visita junto con la reina. Un compromiso al que se unía un profundo deseo. No podía dejar más tiempo sin venir para expresaros nuestro afecto y apoyo”. Fue la primera y sería la última vez. La reacción de Marruecos fue inmediata y contundente.

Rabat llamó a consultas a su embajador en Madrid el 2 de noviembre, tres días antes del viaje. Además, Mohamed VI emitió un comunicado de condena en el que calificó la visita de “paso contraproducente”, “lamentable” y “acto nostálgico de una era sombría y superada”. El monarca advirtió de que las autoridades españolas debían “asumir su responsabilidad” tras “poner en peligro el porvenir y la evolución de las relaciones entre ambos países”. El primer ministro marroquí, Abbas el Fassi, comparó la situación de Ceuta y Melilla con la ocupación israelí de los territorios palestinos.

Felipe VI y Mohamed VI en una reunión bilateral España-Marruecos.
Felipe VI y Mohamed VI en una reunión bilateral España-Marruecos.

“La próxima generación tendrá que resolver”

La crisis se cerró en enero de 2008, cuando el ministro de Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, viajó a Rabat y entregó al homólogo marroquí una carta personal de Rodríguez Zapatero dirigida a Mohamed VI. Cuatro días después, el embajador marroquí regresó a su puesto en Madrid.

La dimensión más reveladora de esta historia se relata en las memorias del rey emérito. En Reconciliación, Juan Carlos dedica algún pasaje a las relaciones con Marruecos. El libro reproduce una conversación con el fallecido rey Hasán II que arroja luz sobre la posición histórica de Rabat: “Marruecos era nuestro principal socio económico y, en cuanto a Ceuta y Melilla, Hasán II me decía: ‘La próxima generación tendrá que resolver esta cuestión’”. La frase evidencia que el monarca alauí trataba la soberanía de ambas ciudades como un asunto no resuelto destinado a dirimirse entre Felipe y Mohamed VI.

Hassan II, un “hermano”

El emérito reconoce en el libro que entre los dos países “siempre ha existido una disputa sobre la soberanía” de Ceuta y Melilla. Lo que el texto refleja es una gestión de la tensión a través de la relación personal: “Nuestra amistad aportó estabilidad a las relaciones bilaterales. Las tensiones entre nuestras dos administraciones no empañaban nuestras cordiales relaciones. A veces, le llamaba directamente para intentar allanar o desactivar un problema”, escribe el emérito sobre su trato con Hasán II, a quien llegó a referirse como “hermano”.

Felipe VI y Pedro Sánchez en su despacho de este verano en Marivent. (Isaac Buj/Europa Press)
Felipe VI y Pedro Sánchez en su despacho de este verano en Marivent. (Isaac Buj/Europa Press)

Esa relación nació en un momento de máxima tensión. En octubre de 1975, con Francisco Franco agonizante, Hasán II lanzó la Marcha Verde sobre el Sáhara Occidental, entonces territorio español. Juan Carlos I, que ejercía los plenos poderes de forma interina, pilotó él mismo el avión hasta El Aaiún y se dirigió a las tropas: “Nos retiraremos del Sáhara, pero de forma ordenada y con dignidad. No porque hayamos sido derrotados, sino porque el Ejército español no puede disparar contra una multitud de mujeres indefensas”.

A su regreso, Hasán II le llamó por teléfono: “Te felicito por haber acudido junto a tus soldados. Ahora podemos discutir sobre el Sáhara con toda serenidad y hablar de las relaciones entre nuestros dos países”. Fue, según relata el propio emérito, el inicio de una amistad que duró hasta la muerte del monarca marroquí el 23 de julio de 1999.

El momento oportuno

Felipe VI no llegó a ir ni en 2024, cuando Melilla le invitó públicamente con motivo del décimo aniversario de su proclamación. Tampoco lo hizo como príncipe de Asturias. Muchos se preguntarán dónde estaba el rey cuando Ceuta le necesitaba. Pero la actividad del jefe del Estado requiere también el refrendo del Gobierno, lo que convierte a Moncloa en corresponsable de cualquier visita oficial. El ejecutivo tiene que autorizar por motivos de seguridad, pero ni el de Mariano Rajoy primero ni ahora el de Sánchez han considerado que haya habido un momento oportuno. Si se trata de “no molestar”, el actual lo es todavía menos.

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