
Se acercan ya los últimos días de sol y descanso, momentos para disfrutar al aire libre y para brindar en noches interminables. Se acerca, en definitiva, el último tramo del verano, con septiembre amenazando ya a la vuelta de la esquina. Pero eso no quiere decir que no podamos aún sacar provecho de las bondades de la que, para algunos, es la mejor época del año. Y nada como un buen chiringuito para exprimir al máximo lo que queda de esta temporada estival.
Los hay muchos y muy buenos, repartidos por toda la costa española, pero algunos de los más especiales se encuentran en la Costa Brava, una espectacular franja costera llena de rincones mágicos y calas escondidas. En la pequeña y pintoresca playa del Port Pelegrí, en Calella de Palafrugell, y ocupando el espacio que antiguamente servía a tres casetas guarda-botes, se alza desde hace más de medio siglo el Chiringuito Fiego, toda una institución en el panorama gastronómico de la zona.
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Su calidad se respalda por más de medio siglo de actividad, pero también por el reconocimiento de guías gastronómicas como Repsol, que le otorga un Solete por ser uno de los mejores enclaves donde disfrutar de una buena comida informal en la zona, con un ticket medio ajustado a unos 30 o 40 euros por comensal. “Llamar chiringuito al ‘Fiego’ es quedarse corto”, dicen desde la guía de este espectacular rincón.
Los inspectores consideran a este restaurante familiar “toda una institución en la Costa Brava, ya que lleva sirviendo fresquísimo pescado y arroces desde los años 70″. La propia sala constituye una ventana en el tiempo, que mantiene detalles de la época que le vio nacer. Antaño, estas casetas funcionaron como bar y como lugar de venta de tickets de los ‘Cruceros Costa Brava’. Hoy llama la atención por su terraza sobre la arena, que permite al cliente vivir lo que Repsol bautiza como una “experiencia 100 % mediterránea”.
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La propuesta gastronómica de Fiego es famosa por su arroz de la variedad Nembo, proveniente de Arròs l’Estany de Pals, y por su pescado fresco, recién llegado de las lonjas cercanas. Todo ello se combina con las verduras de km 0 que traen de su huerto familiar, donde también cuidan olivos de arbequina para elaborar su aceite de oliva virgen extra de cosecha propia.
Sus arroces se preparan con una base de sofrito hecho al estilo tradicional, también con un fumet de pescado fresco que elaboran en casa a diario. Gracias a ello consiguen espectaculares arroces caldosos de bogavante, paellas de marisco, arroces con tinta de calamar...
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A ello se suma su selección de carnes para quien busque un descanso del sabor a mar. Entrecot de ternera de Girona, cordero del Empordà o secreto de cerdo ibérico de Guijuelo son algunas de las opciones que preceden a los postres, entre los que encontramos clásicos como la crema catalana, flan o recuit de drap, un postre catalán nacido en las masías del Empordà.
Un pueblo pintoresco de calas y casas blancas
Este restaurante se encuentra en uno de los enclaves más bellos de toda la Costa Brava, un pequeño y pintoresco pueblo que incluso National Geographic recomienda como el destino perfecto para visitar en agosto. Pese a que el municipio de Palafrugell tiene más de 24.000 habitantes, Calella de Palafrugell solo tiene alrededor de 666 habitantes, lo que lo convierte en un destino tranquilo.
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Este antiguo pueblo de pescadores conserva su estructura original, con una característica arquitectura de casas blancas alineadas a lo largo de pequeñas calas rocosas y playas de arena. El entramado de calas forma una sucesión única que distingue a Calella de Palafrugell. Playas como la ya mencionada Port Pelegrí, El Golfet, Els Canyers, La Platgeta, Calau, Port Bo, Malaespina o Canadell, que se separan por elevaciones rocosas que avanzan hacia el mar.
Justo detrás de la playa de Port Bo se encuentra el casco antiguo, que tiene una red de callejones escoltados por casas blancas de dos pisos y balcones decorados con flores. El Camí de Ronda es otro de sus grandes alicientes; un emblemático sendero costero que recorre toda la Costa Brava desde Blanes hasta el Cap de Creus, pasando por Calella de Palafrugell en un recorrido de 1,5 kilómetros.
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