
Si España destaca por algo es por sus destinos turísticos. La riqueza cultural, gastronómica y la variedad de paisajes hacen que sea uno de los países más atractivos en este ámbito. Tan solo el año pasado recibió a 93,8 millones de turistas, lo que le colocó como el segundo país más visitado a nivel turístico.
Tan solo fue superado por Francia, que alcanzó los 100 millones y se posicionó en el primer lugar de manera indiscutible. Sin duda el turismo es uno de los soportes de la economía española.
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La belleza de las ciudades y los pueblos de España está muy bien valorada por la prensa internacional. Un ejemplo de esto es un reciente artículo de National Geographic, que ha catalogado a Calella de Palafrugell como el pueblo más bonito de España al que viajar en agosto.
Qué tiene de especial
Pese a que Palafrugell tiene más de 24.000 habitantes, este pequeño reducto costero tiene alrededor de 666 habitantes, lo que lo convierte en un destino tranquilo. Este antiguo pueblo de pescadores conserva su estructura origina. Las casas blancas alineadas a lo largo de pequeñas calas rodean el litoral rocoso y las playas de arena, enmarcando así un entorno único.
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El entramado de calas forma una sucesión única que distingue a Calella de Palafrugell. Playas como El Golfet, Els Canyers, Port Pelegrí, La Platgeta, Calau, Port Bo, Malaespina y Canadell se separan por elevaciones rocosas que avanzan hacia el mar. En algunas de estas playas se mantienen en pie los viejos porches donde los pescadores guardaban sus barcas, manteniendo así su esencia.
Los miradores son otro de los puntos fuertes de este pueblo, siendo ideales tanto para un paseo matutito como para una visita nocturna. Destacan el Mirador de Manel Juanola i Reixach y y la Punta dels Burricaires.
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Detrás de la playa de Port Bo se encuentra el casco antiguo, que tiene una red de callejones escoltados por casas blancas de dos pisos y balcones decorados con flores.
El Camí de Ronda es otro de sus grandes alicientes. Este sendero costero emblemático recorre toda la Costa Brava desde Blanes hasta el Cap de Creus, pasando por Calella de Palafrugell en un recorrido de 1,5 kilómetros. Aunque originalmente fue concebido para controlar el contrabando, ahora es uno de los tramos más valorados para pasear junto al mar.
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La gastronomía local
La gastronomía de Calella de Palafrugell refleja la esencia marinera de la Costa Brava. Los restaurantes junto al mar ofrecen arroces, paellas, mariscos y pescados frescos capturados en las costas cercanas. Entre los platos locales destacan el suquet de peix, un guiso tradicional de pescado, y los erizos de mar durante la popular Garoinada, que se celebra entre enero y marzo.
Además, muchos establecimientos sirven el cremat, una bebida caliente a base de ron y café, heredada de los pescadores. Las terrazas y porches convierten cada comida en una experiencia frente al Mediterráneo, lo que enriquece la experiencia y hace único a este pueblo.
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