El parón de selecciones, entre la “bomba de oxígeno” y la “fatiga acumulada”: cómo afecta a los futbolistas y clubes de LaLiga

Puede servir para recuperar confianza y físico, pero también perder ritmo, acumular minutos y alterar la dinámica de los equipos

El parón de selecciones, una plaga que puede funcionar como bomba de oxígeno. (Reuters/Ana Beltran)
El parón de selecciones, una plaga que puede funcionar como bomba de oxígeno. (Reuters/Ana Beltran)
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Brisbane, martes 29 de septiembre. Brasil gana 4-2 a Australia en un amistoso tras ir por detrás. En ese partido hay dos jugadores de LaLiga que viven el parón de forma muy distinta. Por un lado, Raphinha, del FC Barcelona, ha transformado su penalti y marcado un doblete en la primera parte. Sin embargo, se tiene que quedar en vestuario por molestias en el muslo derecho.

Por el otro, Vinícius Jr., del Real Madrid, quien en la segunda se echa el equipo a la espalda para terminar de culminar la remontada. Asistencia y gol. No está viviendo sus mejores días en el Santiago Bernabéu. “Necesito confianza. Perder en un Mundial no es fácil”, confesaría el mismo al término del encuentro.

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Y es que, para un futbolista, el parón no siempre significa lo mismo. Hay quien lo agradece, quien necesita seguir jugando y quien, mientras sus compañeros descansan, encadena partidos, entrenamientos y viajes con otra camiseta.

Vinícius celebra su gol contra Australia. (Reuters)
Vinícius celebra su gol contra Australia. (Reuters)

Oxígeno para la cabeza

Empecemos por lo bueno. “Hay como un reinicio a nivel de contexto”, explica a Infobae el psicólogo deportivo Andrés Díez. El futbolista deja unos días un entorno de resultados, presión o falta de minutos y entra en otro con estímulos distintos. “Puede servir como una bomba de oxígeno”, dice.

En el club, los estímulos pueden ser “casi todos aversivos”, con “esa frustración acumulada”. Cambiar de ecosistema “al menos interrumpe ese bucle” y permite “cambiar el foco de atención también hacia otros estímulos”, cuenta.

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Díez no habla de ningún jugador concreto, pero el escenario que describe encaja con el de Vinícius, que llegó al parón con un gol y tres asistencias en ocho partidos con el Real Madrid. Cuando a un jugador no le va bien o no tiene los minutos que quiere, “se activa como una brecha, como una amenaza” entre el nivel que quiere tener y lo que le está pasando, explica el psicólogo.

Vinícius Jr. (Europa Press)
Vinícius Jr. (Europa Press)

La selección puede ser entonces “un poco de revancha”. Y añade: “A este alto nivel, los deportistas tienen una confianza muy fuerte y esto les puede servir como una reválida”.

No hace falta estar en crisis para notar el efecto. Álex Baena, de excelente momento con el Atlético, salió desde el banquillo en Wembley, marcó el 2-2 ante Inglaterra y puso el centro del 3-2 de Oyarzabal. Cuatro días después, De la Fuente le dio la titularidad ante Croacia. Lamine Yamal abrió el marcador en el minuto 2 en Wembley y firmó dos goles y una asistencia ante Croacia. Para ellos, el parón ha sido más escenario que pausa.

Lamine Yamal. (Europa  Press)
Lamine Yamal. (Europa Press)

Cuando sale caro

Pero el cuerpo no siempre lo vive como un respiro. “No supone simplemente ‘parar tres semanas’, sino que modifica la dinámica de entrenamiento, competición y trabajo táctico”, explica Pedro E. Alcaraz, catedrático de Ciencias del Deporte y director del Centro de Investigación en Alto Rendimiento Deportivo (CIARD) de la UCAM, a este medio.

Para los internacionales, es casi lo contrario de un descanso. “El parón para el club no significa necesariamente un descanso para el futbolista”, dice, y quien juega dos o tres partidos “puede regresar al club con una fatiga acumulada incluso mayor que la que tenía antes del parón”.

Pedro E. Alcaraz, catedrático universitario en Ciencias del Deporte y director del Centro de Investigación en Alto Rendimiento Deportivo (CIARD) de la UCAM.
Pedro E. Alcaraz, catedrático universitario en Ciencias del Deporte y director del Centro de Investigación en Alto Rendimiento Deportivo (CIARD) de la UCAM. (cedida)

El que se queda, también cambia

Para el jugador que se queda en el club ocurre lo contrario. “Dos semanas sin competir no significan necesariamente que el futbolista pierda su condición física”, señala Alcaraz. “De hecho, en algunos casos puede volver físicamente más recuperado”. Es especialmente útil para quien arrastra pequeñas molestias, que dispone de “más tiempo para recuperarse y realizar un trabajo individualizado”.

El precio es “una cierta pérdida de ritmo competitivo”. Las aceleraciones, los contactos, los cambios de dirección o las decisiones bajo presión no se reproducen del todo en un entrenamiento. Por eso el parón es un “freno en seco” para el suplente que necesitaba partidos y una pausa necesaria para el titular que llevaba semanas acumulando minutos.

Algunos clubes con pocos internacionales organizan amistosos, aunque, avisa Alcaraz, “el objetivo no debería ser simplemente jugar un partido por jugarlo”.

Gavi es uno de los jugaodres que se ha quedado en casa. (Europa Press)
Gavi es uno de los jugaodres que se ha quedado en casa. (Europa Press)

Cuando el equipo va como un tiro

Hay otro caso en el que el parón sale caro: el de los equipos en racha. El FC Barcelona llega con pleno de victorias y su presidente, Joan Laporta, ha calificado el parón de “capricho” de Infantino.

En este sentido, Díez habla de una posible interrupción del flow. “Te obliga a reforzarte el rol a nivel de esquema táctico y de dinámicas. Al final, las relaciones humanas son diferentes en la selección”, explica. Alcaraz lo ve desde el campo: el entrenador pierde a jugadores fundamentales para trabajar los automatismos, y “es difícil reproducir con normalidad determinadas relaciones y situaciones de juego cuando faltan varios jugadores importantes”.

Así, el parón puede venirle bien a un futbolista y no a su equipo: el jugador recupera confianza mientras el club pierde durante dos semanas a piezas importantes para preparar el siguiente partido. Y viceversa. El club puede aprovechar el ‘reseteo’ del jugador para volver a meterlo en dinámica.

Raphinha y Lamine Yamal son la dupla de moda. (Reuters/Albert Gea)
Raphinha y Lamine Yamal son la dupla de moda. (Reuters/Albert Gea)

El efecto contrario

No obstante, la Selección no siempre va a ser un refugio. El jugador que llega pensando que tiene que demostrar algo puede vivir cada entrenamiento como un examen, y lo que decide el efecto es cómo le haya ido allí.

“Al que no le ha ido tan bien en el club, puede regresar con un diálogo interno más renovado”, afirma. Y añade: “Si te ha ido mal, puedes hacerte incluso más dudas”.

Tampoco vuelven todos igual. Uno ha jugado tres partidos y otro ninguno; uno trae un gol decisivo y otro, más dudas. Por eso Alcaraz insiste en individualizar: “Algunos jugadores necesitan mantener el estímulo competitivo, mientras que otros necesitan recuperar y asimilar la carga acumulada”. Las primeras respuestas llegarán a partir del 10 de octubre, cuando se reabra LaLiga.

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