Agregar Infobae enGoogle

Un veterinario despeja dudas de por qué los gatos no muestran el dolor: “Es una cuestión biológica, no de negligencia”

Ocultan los síntomas por instinto, incluso ante sus propios cuidadores y profesionales

Primer plano de un gato tricolor (gris, blanco, negro) con ojos verdes acostado en una cama, con una mano humana acariciando su lomo
Una persona acaricia suavemente a un gato doméstico con pelaje tricolor y ojos verdes que descansa sobre una cama con sábanas claras. (Canva)
Guardar

La relación entre humanos y gatos suele estar rodeada de afecto, cuidados y, en muchas ocasiones, incertidumbre ante conductas difíciles de interpretar. Cuando un gato enferma o desaparece, el tutor suele enfrentarse a una sensación de impotencia y a preguntas sobre lo que pudo haberse hecho diferente.

Estas dudas, frecuentemente acompañadas de culpa, se intensifican por la naturaleza reservada de los felinos. Comprender el comportamiento instintivo del gato resulta clave para abordar el duelo y la autocrítica que surgen en esos momentos.

Alfredo Molina, veterinario (@alfredomolinavet), pide no convertir la muerte o desaparición de un gato en un juicio personal y sostiene que la culpa suele apoyarse en una premisa falsa: que era posible verlo venir.

PUBLICIDAD

Instinto de supervivencia y discreción ante el dolor

“Te lo digo después de más de veinte años en consulta: los gatos esconden muy bien la enfermedad”, afirma. Esta tendencia a ocultar síntomas no debe interpretarse como una señal de desapego ni como una falla en la observación del tutor, sino como una respuesta biológica profundamente arraigada.

Molina explica que ese comportamiento no es un capricho ni una rareza doméstica. “No es casualidad, es instinto”, dice, y lo vincula con la supervivencia: “Durante miles de años, mostrarse débiles era un peligro para ellos y ese instinto sigue intacto hoy en día”.

Un gato se sienta, asustado, en su transportín.
Un gato se sienta, asustado, en su transportín. (Canva)

De esta manera, la capacidad de los gatos para enmascarar dolencias se convierte en una estrategia de protección que ha perdurado a pesar de la domesticación. En la naturaleza, un animal que revela debilidad queda expuesto ante depredadores o rivales, por lo que la discreción ante el dolor se mantiene, incluso en el entorno del hogar.

PUBLICIDAD

En ese marco, el especialista describió una dinámica frecuente en la consulta: “Tu gato disimulaba el malestar hasta donde podía”. Según señala, esa capacidad puede superar incluso la observación profesional: “Lo hacía tan bien que muchas veces nosotros, los veterinarios, no lo detectamos a tiempo”.

Esta dificultad para identificar síntomas a tiempo puede provocar que los tutores se sientan responsables, aunque la realidad fisiológica del animal opera en otra dirección. El veterinario insiste en que el arrepentimiento del tutor suele confundirse con responsabilidad.

No es culpa, es biología

“No se te pasó por alto por un descuido”, plantea, y refuerza la idea con una frase directa: “No lo viste antes porque él estaba hecho para que no lo vieras”. Reconocer que incluso los profesionales encuentran barreras para anticipar el deterioro de un gato ayuda a comprender que la autoinculpación carece de fundamento objetivo.

Molina remarca que esa explicación no apunta a minimizar el dolor, sino a ubicarlo en un marco biológico. “Eso no es negligencia tuya, es biología suya”, sostiene. Tomar conciencia de este aspecto puede resultar un alivio para quienes atraviesan el duelo, ya que desliga la pérdida de la idea de error personal y permite iniciar un proceso de aceptación más sano.

¿Qué piensa tu gato cuando le hablas?

También llama a evitar la búsqueda retrospectiva de signos como forma de castigo. “Deja de castigarte por no haber leído señales que él, por su naturaleza, escondía con todas sus fuerzas”, afirma. Este llamado a la autocompasión busca aliviar la carga emocional y favorecer una visión más comprensiva del vínculo con el animal.

Hacia el final, Molina cierra con un mensaje orientado al vínculo entre animal y tutor: “Tú lo amabas y él lo sabía. Eso es lo único que importa”. Así, el especialista invita a valorar el acompañamiento y el afecto brindados por encima de los interrogantes que surgen ante el desenlace, recordando que el amor y el cuidado compartidos son la base de la relación entre humanos y felinos.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD